Basque people's other literatures

APOSTILLAS A LAS LITERATURAS DE LOS VASCOS

© Estibalitz Ezkerra Vegas (University of Illinois at Urbana-Champaign)





Antes que nada, conviene hacer una aclaración: este artículo surgió previa invitación de la coordinadora de este proyecto, María José Olaziregi. El encargo, a primera vista, resultó ser muy simple: redactar un artículo sobre aquellos escritores vascos cuya trayectoria literaria se ha venido a desarrollar en otras lenguas independientemente del euskara, para ser incluido en un libro sobre la historia de la literatura vasca. Puede que esta aclaración le resulte sospechosa al lector y/o lectora; tal vez piense que excusatio non petita culpa manifesta. Pues bien, no es éste el caso. El objetivo de revelar el origen de este artículo es simplemente dejar patente el grado de distanciamiento y extrañamiento que aún existe entre las literaturas escritas por autores vascos, hasta el punto de que se requiere de un encargo para que se escriba sobre realidades que están ahí, a nuestro alrededor1. Alguien podría objetar que la lengua ha sido y sigue siendo el parámetro según el cual se siguen construyendo las historias literarias. Basta con reparar en la terminología empleada para denominar a la literatura vasca. Si bien ha habido cierta tendencia a tomar el término "literatura vasca" como sinónimo de "euskal literatura", en su día Koldo Mitxelena dejó bien claro que "euskal literatura izan daiteke euskaldunek euskaldunentzat egin dutena besterik" (54). La palabra "euskal" es la que marca esta conexión, puesto que "euskal" sólo puede ser aquello relativo/conectado al euskara. Si "euskal literatura" no puede traducirse como "literatura vasca" entonces, tal y como indica Mitxelena, "escritor vasco" no se puede utilizar como sinónimo de "euskal idazle".

Pero, ¿cómo designamos a aquellas literaturas escritas en otras lenguas por escritores vascos? Mitxelena aboga por emplear los calificativos "erdal /erdarazko literatura" y "erdal idazle". Ahora bien, el significado de la palabra "erdara" nos lleva a un terreno un tanto complicado. Según el diccionario Elhuyar, por "erdara" se tiene a aquella "lengua distinta de la vasca (a menudo referida al castellano al sur y al francés al norte)". Pero también es frecuente encontrar este vocablo conectado a cualquier lengua extranjera: en el propio sitio web de Artez, de donde hemos extraído la definición de Elhuyar, una vez seleccionado el apartado "erdarak" aparecen sitios de consulta en otras lenguas, además del francés y del castellano, como el inglés. Ante casos como éste, siempre puede alegarse que una misma palabra puede aceptar más de un significado. Sin embargo, una no puede evitar la tentación de indagar en la relación (diferencial y referencial) entre estos dos significados, uno apuntando hacia otras lenguas, el otro denominándolas directamente extranjeras. A una no se le escapa que tanto el castellano como el francés son vistos como algo no vasco, pese a que pocos habitantes habrá que no sean capaces de hablar una de ellas, dependiendo de la región en la que habitan. Desde una perspectiva esencialista, claro está, el castellano y el francés no son lenguas vascas; la lengua originaria de Euskal Herria (entendido como el territorio que acoge las siete provincias vascas) es, como su propio nombre indica, el euskara. Pero esta visión obvia la realidad de los ciudadanos y las ciudadanas vascas, que no sólo hablan euskara. En otras palabras, apunta hacia una nación que no se corresponde con la realidad de los sujetos que pueblan el territorio; muestra en singular una realidad que es lingüísticamente plural (y con el tiempo, lo será aún más).

En el archiconocido ensayo "Can the subaltern speak?" Gayatri C. Spivak defendía el poder recurrir a lo que ella designaba "esencialismo estratégico" para poder dar voz a aquellas voces, las subalternas (término que la académica de origen indio tomó de Gramsci), que habían sido acalladas por el colonialismo. Varios de sus colegas calificaron de desafortunada su proposición, ya que si en algo está interesado el postcolonialismo es en desmontar todo tipo de esquematismos. Lo paradógico en todo este asunto es que sin cierto grado de esencialismo no habría departamentos de inglés o de ningún otro tipo2. Además, esas voces críticas se olvidaban de un aspecto muy importante: el aspecto estratégico. Es decir, Spivak vino a plantear una alternativa al status quo académico, pero al mismo tiempo advertía que debía ser una alternativa momentánea3. Bien sabe Spivak del peligro que conlleva aferrarse a esta visión, como considerar el pasado como algo anquilosado, donde todo fue siempre igual, sin operarse ningún tipo de cambio. Esta idea del "pasado eterno" guarda semejanza con la actitud del antropólogo tradicional descrita por James Clifford, que estudiaba y analizaba su objecto, el nativo propiamente dicho, como si se tratara de un elemento anclado en una especie de pasado-presente. Su práctica impedía ver que el nativo, además de raíces (roots), también contaba con rutas (routes) y que a través del encuentro con el antropólogo estas rutas se extenderían aún más. Por lo tanto, tratar de recuperar el pasado (objetivo de todo esencialismo) es una tarea imposible no sólo por la lejanía de éste, sino también por su complejidad social. Es por ello que cada paso dado en esta dirección no vaya más allá de ser una re-construcción, una renovación del acto imaginario.

Por supuesto, hay que subrayar que no todas las lenguas habladas por los vascos se encuentran en la misma situación. Tal y como señaló en su día Martín Ugalde, el euskara ha sido una lengua perseguida durante décadas, lo que ha impedido que se desarrollara con normalidad4. Es por ello que han de tomarse medidas para asegurar su supervivencia. Pero el hecho de que el euskara necesite asistencia no nos ha de volver en contra de las otras lenguas; si somos capaces de entender y defender el euskara por su valor cultural, también hemos de ser capaces de reconocer esto mismo de cara a los otros idiomas (y lo mismo ha de pedirse a los ciudadanos vascos que no hablan euskara hacia ésta; el respeto ha de ser mutuo). Es más, hemos de ser capaces de entender que en la medida que nosotros y nosotras los hablamos, también son nuestros. En su célebre libro Decolonising the Mind, Ngugi wa Thiong'o se posiciona a favor de las lenguas africanas, de su incentivación, sin negar que el francés y el inglés han pasado a formar parte ya del continente. A nadie se le ocurriría decir que Chinua Achebe no es un escritor africano por escribir en inglés5. Lo que yo vengo a proponer en este artículo es una actitud postcolonial6 que nos ayude a "leer" los diferentes espectros que componen la realidad vasca. El objetivo del postcolonialismo no es re-crear las cosas tal y como fueron en su día, sino entender los cambios operados en el espacio "colonial" a partir del momento de "contacto" y buscar remedios a los problemas surgidos a posteriori con un espíritu de justicia. Una visión postcolonial nos permitirá acercarnos no sólo a los escritores vascos que escriben en castellano y en francés, sino también a aquellos autores vascos que forman parte de la diáspora (el sentimiento vasco no tiene por qué estar sólo presente en los que habitan dentro de la geografía vasca; en cuestiones de vasquidad/identidad, no hay monopolio). Este tema se merece un exhaustivo estudio, pero en esta ocasión y por motivos de espacio nos limitaremos a citar brevemente a los autores más destacados del siglo XX en adelante.


Comenzamos nuestro recorrido con la prosa en lengua castellana, citando a dos grandes figuras de la denominada generación del 98: Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936) y Pío Baroja (San Sebastián, 1872-Madrid, 1956).

Miguel de Unamuno estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, estudios que completó en 1883. Al año siguiente se doctoró con la tesis Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, en la que anticipaba su idea sobre el origen de los vascos, contraria a las afirmaciones de Sabino Arana y el nacionalismo vasco que propugnaban una raza vasca no contaminada por otras razas. Su primera novela, Paz en la guerra (1895), se hace eco de estos supuestos. Pese a basarse en la tercera guerra carlista (que el propio autor conoció en su niñez), esta obra nada tiene que ver con la literatura histórico-legendaria de la generación anterior, entre ellas Amaya o los vascos en el siglo VIII (1879) de Navarro Villoslada. Según señala Jesús María Lasagabaster, la literatura regionalista de los escritores vascos del 98 "sería de hecho el certificado de defunción del fuerismo y del nacionalismo literario de las generaciones anteriores, de Trueba a Campión, pasando por Araquistain, Goizueta y Arana" (274). Otras obras de Unamuno son Niebla (1914), Abel Sánchez (1917), Tulio Montalbán (1920), San Manuel Bueno, mártir (1930) y Don Sandalio, jugador de ajedrez (1930). Unamuno también escribió varias obras de teatro, entre ellas Freda (1912), La Esfinge (1898), y El hermano Juan (1929).

Pío Baroja cultivó preferentemente el género narrativo, pero se acercó también con frecuencia al ensayo y más ocasionalmente al teatro, la lírica y la biografía. En sus novelas reflejó una filosofía impregnada con el profundo pesimismo de Arthur Schpenhauer, pero que predicaba en alguna forma una especie de redención por la acción, en la línea de Friedrich Nietzsche: de ahí los personajes aventureros y vitalistas que inundan la mayor parte de sus novelas, pero también los más escasos abúlicos y desengañados, como el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia o el Fernando Ossorio de Camino de perfección (pasión mística), dos de sus novelas más acabadas. Terminó por identificarse con las doctrinas liberales y por abominar del comunismo, sin abandonar en ningún momento sus ideas anticlericales. En 1935 fue admitido en la Real Academia de la Lengua; fue acaso el único honor oficial que se le dispensó.

En 1900 publicó su primer libro, una recopilación de cuentos titulada Vidas sombrías, la mayoría compuestos en Cestona sobre gentes de esa región y sus propias experiencias como médico. En esta obra se encuentran en germen todas las obsesiones que reflejó en su novelística posterior. El propio autor agrupó sus novelas, un poco arbitrariamente, en nueve trilogías y una tetralogía, aunque es difícil distinguir qué elementos pueden tener en común: Tierra vasca (La casa de Aitzgorri, 1900; El mayorazgo de Labraz, 1903; Zalacaín el aventurero, 1909), La lucha por la vida (La busca, 1904; Mala hierba, 1904; Aurora Roja, 1905), El pasado (La feria de los discretos, Los últimos románticos y Las tragedias grotescas), El mar (Las inquietudes de Shanti Andía, 1911; El laberinto de las sirenas, 1923; Los pilotos de altura, 1931; La estrella del capitán Chimista, 1930), La raza (El árbol de la ciencia, 1911; La dama errante, 1908; La ciudad de la niebla, 1909), Las ciudades (César o nada, 1910; El mundo es ansí (1912); La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia, 1920), Los amores tardíos (El gran torbellino del mundo, 1926; Las veleidades de la fortuna, 1927; Los amores tardíos, 1942), La selva oscura (La familia de Errotacho, 1932; El cabo de las tormentas, 1932; Los visionarios, 1932), La juventud perdida (Las noches del Buen Retiro, 1934; Locuras de carnaval, 1937; El cura de Monleón, 1936) y La vida fantástica (Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, 1901; Camino de perfección (pasión mística), 1901; Paradox rey, 1906).

Entre 1913 y 1935 aparecieron los 22 volúmenes de una larga novela histórica, Memorias de un hombre de acción, basada en la vida de un antepasado suyo, el conspirador y aventurero liberal y masón Eugenio de Aviraneta (1792?1872), a través del cual refleja los acontecimientos más importantes de la historia española del siglo XIX, desde la Guerra de la Independencia hasta la regencia de María Cristina, pasando por el turbulento reinado de Fernando VII.


Entre los autores nacidos durante las dos primeras décadas del siglo XX, cabe destacar a Rafael García Serrano (Pamplona, 1917), Antonio Menchaca Careaga (Las Arenas, 1921-2002), Bernardo Arrizabalaga (Markina, 1923), Ignacio Aldecoa (Vitoria-Gasteiz, 1925-Madrid, 1969), Luis Martín-Santos (Larache, Marruecos, 1924-Vitoria-Gasteiz, 1964), Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923), Luis de Castresana (San Salvador del Valle, 1924-Basurto, 1986), Pablo Antoñana (Viana, 1927), Santiago Aizarna (Oiartzun, 1928) y José María Mendiola Insausti (San Sebastián, 1929-2003).

Rafael García Serrano ejerció como periodista. Su extensa obra narrativa dio inicio en 1983 con Eugenio o la proclamación de la primavera, novela que describe con bastante radicalismo los preludios de la Guerra Civil. Sus siguientes obras: La fiel infantería (1943), La plaza del castillo (1951), Los ojos perdidos (1958), La paz dura quince días (1960) y La ventana daba al río (1963), seguirían la misma temática mostrada por su inicial novela, es decir, la exaltación de los combatientes y la crítica de la pasividad, la muerte heroica y la apología de la guerra y la violencia. Su última novela, V Centenario (1986), es una obra de política-ficción en el que se conmemora el V Centenario de la unidad de España.

Antonio Menchaca fue marino de guerra de profesión y escritor de vocación. Durante la dictadura franquista, al igual que otros defensores de la democracia, visitó las cárceles de la época. En Las horas decisivas: Memorias (1992) relata su semestre en la prisión de Carabanchel con el profesor Tierno y Francisco Herrera. Entre las novelas de Menchaca cabe destacar una trilogía sobre el Bilbao de la clase alta, que parte de la última guerra carlista (1870) y abarca un periodo de cien años: Las cenizas del esplendor (2002), Amor siempre asediado (1989) y La crisálida (1995). Es también autor de las novelas Mar de fondo (1959), por la que fue finalista en el premio Nadal, y Resucitar en Palermo (1990).

Bernardo de Arrizabalaga ha trabajado como periodista en publicaciones como Hermano lobo, Egin y Triunfo. Su primera novela, Los Barroeta, quedó finalista (con el título de El hijo de Itziar) en el certamen Villa de Bilbao. Un jurado encabezado por Torrente Ballester recomendó ya la publicación de la novela que, sin embargo, sigue inédita. Su última obra, En el principio era el roble, es una larga novela que reconstruye la historia de una familia vasca bastante arquetípica a través de los recursos de Javier Egurola, antiguo militante de ETA. Este trabajo obtuvo el premio Pío Baroja de novela concedido por el Gobierno Vasco.

Ignacio Aldecoa comenzó a escribir poesía, pero pronto se decantó por la narrativa, género en el que destacó especialmente por sus narraciones. En la actualidad, está considerado uno de los mejores cuentistas estatales del siglo XX. Es autor de varias colecciones de relatos, entre los que figuran Espera de tercera clase (1955), Vísperas del silencio (1955), El corazón y otros frutos amargos (1959), Caballo de pica (1961), Arqueología (1961), Cuaderno de Godo (1961), Neutral corner (1962) y Pájaros y espantapájaros (1963). Su obra narrativa se inscribe dentro de la corriente neorrealista, iniciada en España en la década de los 1950, y describe el mundo de los desfavorecidos y desamparados. Aldecoa también publicó varias novelas: El fulgor y la sangre (1954), finalista del Premio Planeta, Con el viento solano (1956), Gran Sol (1957), premio de la Crítica, y Parte de una historia (1967).

Tal y como indica Alfonso Rey (222), la obra de Luis Martín-Santos (Luis Martín Ribera originalmente, cambiaría su nombre a Luis Martín-Santos Ribera por voluntad de su padre Leandro) puede clasificarse en tres apartados: estudios médicos, ensayos y creación literaria. Sobre cirugía y psiquiatría escribió más de cincuenta artículos y dos libros. En el ámbito estrictamente literario, escribió poesía, relatos y novela. En 1962 aparece Tiempo de silencio, que supone una revolución en el panorama novelístico del momento. Esta novela presentó varias novedades estilísticas como el monólogo interior, el uso de la segunda persona, el estilo indirecto libre o el flujo de conciencia, procedimientos narrativos que venían ensayándose en la novela europea desde James Joyce pero que eran ajenos al realismo social al uso de la época. Todo ello contribuye a lo que el propio Martín-Santos llama "realismo dialéctico". Sus relatos están recogidos en el volumen póstumo titulado Apólogos (1970). Martín-Santos dejó inacabada su segunda novela al morir, Tiempo de destrucción, editada posteriormente.

El nombre de Ramiro Pinilla empezó a sonar con fuerza en el mundo literario tras hacerse con el Premio Nadal en 1960 con Las ciegas hormigas. Junto con J. J. Rapha Bilbao creó Libropueblo, editorial cuyo objetivo fue desde el inicio acercar los libros a los ciudadanos. En ella publicó Recuerda, oh recuerda (1974), Primeras historias de la guerra interminable (1977), La gran guerra de Doña Toda (1978), Andanzas de Txiki Baskardo (1980), Quince años (1990) y Huesos (1997). De la mano de la editorial Tusquets publicó la trilogía Verdes valles, colinas rojas (2005), compuesta por La tierra convulsa, Los cuerpos desnudos y Las cenizas del hierro, un ambicioso fresco sobre la historia reciente del País Vasco y del nacionalismo, además de ser un sagaz retrato de Getxo, su pueblo natal. Pinilla obtuvo el premio Euskadi de novela en castellano por La tierra convulsa en 2005, y en 2006 recibió el Premio Nacional de Narrativa por Las cenizas del hierro. Entre sus recientes publicaciones figuran La higuera (2006) y Solo un muerto más (2009).

José María Mendiola se licenció en Derecho por la Universidad de Deusto y fue asesor jurídico de la Junta de Protección de Menores de Vizcaya. Durante varios años fue redactor y crítico de libros de El Diario Vasco de San Sebastián. Mendiola alcanzó su mayor éxito literario en 1962, cuando obtuvo el Premio Nadal por su novela Muerte por fusilamiento. Posteriormente publicó las novelas Maldito funcionario (1974), Las delicias del exilio (1984), que relata el exilio de J. Domingo Perón, y En busca de la experiencia de Dios (1988). En la década de los noventa dio un giro a su producción literaria y empezó a dedicarse a la novela juvenil, en la que ganó un reconocido prestigio.

Luis de Castresana formó parte del grupo de niños conocidos como los "niños de la guerra" que el Gobierno de José Antonio Aguirre decidió evacuar hacia otros países como Francia, Bélgica o Rusia para librar a los niños de los horrores de la guerra civil (1936-1939). A partir de esta experiencia escribió su libro más famoso, El otro árbol de Guernica, que fue Premio Nacional de Literatura en 1967 y también fue llevada al cine por Pedro Lazaga en 1969. Un año después, el autor quedó finalista en el Premio Planeta con Retrato de una bruja. Castresana fue un autor prolífico y cultivó, además de la novela, varios géneros como la biografía o el ensayo.

En las obras de Pablo Antoñana destaca la denuncia social. Su primera novela, El capitán Cassou, obtuvo el premio Acento de novela corta en 1959. La obra está basada en un episodio de la Guerra Civil: la locura de un capitán que mandó fusilar a su ordenanza y que, acosado por los remordimientos, se acercaba cada día a su tumba para comprobar que realmente estaba muerto. En su siguiente publicación, No estamos solos (1961), se relaciona "el tema de la Guerra con los condicionantes sociales que inciden en los personajes, en una actitud de denuncia crítica que va a estar presente a partir de entonces en toda su obra" (Martín Nogales 111). La novela en cuestión parte de la última guerra carlista, en el momento en que los perdedores regresan a casa. Otros de sus libros a destacar son La cuerda rota, finalista en el premio Nadal en 1962, el drama rural El sumario, Pequeña crónica y Relato cruento. En 1996 Antoñana recibió el premio Príncipe de Viana por su trayectoria.


Años 30 y 40: Raúl Guerra Garrido (Madrid, 1935), Jorge González Aranguren (San Sebastián, 1938), Ángel García Ronda (San Sebastián, 1939), Luciano Rincón, Anthon Obeso, Germán Sánchez Espeso (Pamplona, 1940), Rafael Castellano de la Puente (Deba, 1943), J. J. Rapha Bilbao (Getxo, 1943), Manuel Blanco Chivite (Madrid, 1945), Toti Martínez de Lezea (Vitoria-Gasteiz, 1949).

Raúl Guerra Garrido escribió su primera novela, Ni héroe ni nada, en 1969 y desde entonces lleva publicadas una veintena de obras. Ganó el Premio Nadal en 1976 por Lectura insólita de El Capital y fue finalista del Premio Planeta en 1984 por El año del Wolfram. En 1987 vio la luz La mar es una mala mujer, según la crítica su obra más completa, que posteriormente fue llevada al cine bajo el título Terranova. La obra narra la lucha de Antxon en contra del tiempo. La violencia terrorista es uno de sus grandes temas, en el cual indaga La carta (1990) o la reciente La soledad del ángel del guarda (2007), retrato psicológico de un hombre que pasa a ser la sombra de un profesor amenazado por el terrorismo y por la que obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2006.

La primera novela de Ángel García Ronda, La levadura (1979), es un análisis sobre el origen de la violencia de ETA escrita en plena efervescencia de la Transición política. García Ronda es también autor de la novela Garibaldi está cansado (1989) y del libro de relatos Las Soledades (1995). Como ensayista ha tocado diversos temas: La transformación de la foralidad guipuzcoana (1837-1844) (1991) es una obra dedicada al estudio del régimen foral vasco durante el siglo XIX; en 1998 publicó un ensayo sobre la obra de su amigo el escritor Raúl Guerra Garrido, con el que obtuvo el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2006. Su última obra es La respuesta (2006), una reflexión sobre el conflicto vasco, construida sobre la base de una epístola.

Germán Sánchez Espeso inició su andadura literaria con la novela Experimento en Génesis (1967), escrita bajo el influjo de la denominada "Nouveau Roman". La obra en cuestión cuenta como protagonista a un hombre solitario que decide establecer contacto con el mundo que lo rodea, argumento que se asemeja a la temática expuesta en el Génesis bíblico: el encuentro del primer hombre con la primera mujer y el mundo. Con Experimento en Génesis Sánchez Espeso dio comienzo a una pentalogía basada en el ciclo bíblico del Pentateuco, compuesta por los siguientes títulos: Síntomas del Éxodo (1969), Laberinto Levítico (1972), De entre los Números (1978) y Baile de disfraces (1983, título original: Deuteronomio de salón). En 1978 el autor recibió el Premio Nadal por Narciso. Posteriormente publicó una trilogía ambientada en la España imperial, de la cual sólo llegó a componer los dos primeros títulos: *¡Viva el pueblo! (1981) y La reliquia (1983), esta última inacabado. Es además autor del libro de narraciones Paraíso (1981) y la novela Pollo frío en la nevera* (1984), sobre las relaciones personales entre un psiquiatra y sus pacientes.

Pese a comenzar a publicar relativamente tarde (su primera novela, La calle de la judería, vio la luz en 1998), Toti Martínez de Lezea es, al día de hoy, un auténtico fenómeno de masas debido al éxito obtenido por sus novelas históricas. Hasta la fecha lleva publicadas ocho obras: la citada La calle de la judería, que narra la vida de una familia judeoconversa de Vitoria en el siglo XV; Las torres de Sancho (1999), basada en la época de Sancho III el Mayor, rey de Navarra en el siglo XI; La herbolera (2000), sobre la caza de brujas de Durango en el año 1500; El señor de la guerra (2001), ambientada en la lucha de bandos en el País Vasco y la quema de Mondragón en 1448; La abadesa (2002), sobre la vida de la hija ilegítima de Fernando el Católico con una mujer de Bilbao; Los hijos de Ogaiz (2002), ambientada en el siglo XIV en Estella, en la época de la peste negra; La voz de Lug (2003), ubicada en la época de las guerras astur-cántabras en el siglo I a.C., y La comunera (2003), que se desarrolla durante la guerra de las Comunidades de Castilla en la primera parte del siglo XVI.


Años 50: Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950), Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952), Miguel González San Martín (Muskiz, 1953), Enrique Gutiérrez Ordorika (Santurtzi, 1953), Paloma Díaz-Mas (Madrid, 1954), Esther Zorrozua (Bilbao, 1955), Luisa Etxenike (San Sebastián, 1957), José Javier Abásolo (Bilbao, 1957), María Eugenia Salaverri (Bilbao, 1957), Fernando Marías (Bilbao, 1958), José Luis Urrutia (Bilbao, 1958), Alvaro Bermejo (San Sebastián, 1959), Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) y Juan Bas (Bilbao, 1959).

Miguel Sánchez-Ostiz ha publicado libros de poesía (Pórtico de la fuga, 1978; Travesa de la noche, 1983; De un paseante solitario, 1985; Reinos imaginarios, 1986), narrativa (Los papeles del ilusionista, Premio Navarra de novela corta, 1981; El pasaje de la luna, 1984; Tánger Bar, 1987; La quinta del Americano, 1987; La gran ilusión, Premio Herralde, 1989), y varios dietarios. El pasado siempre presente en las novelas del autor navarro, aunque no se trata la suya de una visión nostálgica o sentimental; para Sánchez Ostiz "volver al pasado es encontrar un muestrario de sombras, un conjunto de retratos descoloridos y de rostros borrosos; es indagar en la memoria, enfrentarse al olvido y contemplar el poder devastador del paso del tiempo" (Martín Nogales 301).

Antonio Altarriba es catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco. Ha escrito varios artículos y libros sobre el cómic, y es también autor de álbumes de historietas como Amores locos (2005) y El brillo del gato negro (2008). Como escritor de ficción ha publicado entre otros libros Cuerpos entretejidos (1996) y La memoria de la nieve (2002), con la que obtuvo el Premio Euskadi de Literatura en castellano en 2003. Su último libro es la novela gráfica El arte de volar (2009), elaborada en colaboración con el dibujante Kim.

Paloma Díaz-Mas fue profesora de Literatura Española del Siglo de Oro en la Universidad del País Vasco durante varios años; actualmente es científico titular del Instituto de la Lengua Española del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid. Está especializada en lengua y literatura sefardíes, y ha escrito varios estudios sobre la cultura sefardí, así como sobre el Romancero y poesía tradicional. Su ensayo Los sefardís: Historia, lengua, cultura quedó Finalista del Premio Nacional de Ensayo. En el año 2000 recibió el Premio Euskadi de literatura en castellano por la novela La tierra fértil (1999).

Luisa Etxenike es licenciada en Derecho. Es columnista de El País y desde varios años dirige un taller de escritura creativa. Ha publicado la colección de relatos La historia de amor de Margarita Maura y las novelas Silverio Girón, Querida Teresa, Efectos secundarios, El mal más grave, Ejercicios de duelo y Los peces negros, editadas por Bassarai y recibidas con atención por los lectores y la crítica especializada. En 2008 publicó con Bruguera El ángulo ciego, la cual cuenta con protagonista a un joven cuyo padre, guardaespaldas de profesión, ha sido asesinado por ETA.

Fernando Marías comenzó escribiendo guiones para la televisión. En 1990 publicó su primera novela, La luz prodigiosa, que posteriormente adaptaría al cine. Desde entonces, ha escrito una decena de novelas entre las que destacan El niño de los coroneles (2001), protagonizada por un francés colaboracionista con los nazis que tras la segunda guerra mundial huye a la imaginaria república centroamericana de Leonito, y Jean Laventier, psiquiatra que lo persigue incansablemente a lo largo de las décadas, y por la que obtuvo el Premio Nadal en 2001, e Invasor (2004), Premio Dulce Chacón de Narrativa Española en 2005.

Álvaro Bermejo se ha interesado por la temática histórica. Ha recibido varios premios, entre ellos el Pío Baroja de Novela (1993) por Benares, el Ateneo de Novela (2001) con La piedra imán y el Ateneo de Novela Histórica con Un pez en el Tíbet, un viaje literario protagonizado por un arqueólogo que indaga en la posibilidad de que Jesucristo no muriera en la cruz del monte Calvario.

Fernando Aramburu saltó a la fama con Fuegos con limón (1996), crónica de una generación de escritores situada en San Sebastián en la década de 1970. Después ha publicado las novelas Los ojos vacíos (2000), con la que obtuvo el Premio Euskadi de literatura en castellano; El trompetista de Utopía (2003, adaptada al cine por Félix Viscarret con el título Bajo las estrellas); Vida de un piojo llamado Matías (2004) y Bami sin sombra (2005). En 2006 vio la luz su libro de relatos Los peces de la amargura, centrado en las víctimas de ETA por el que el que obtuvo el Dulce Chacón de Narrativa Española en 2007 y el Premio Real Academia Española en 2008. Aramburu es también autor de varios libros de poesía.

Juan Bas estudió Derecho en la Universidad de Deusto, pero abandonó la carrera sin llegar a finalizarla. En 1981 comenzó su carrera como escritor con una serie de guiones para la emisora Radio 3. En 2001 publicó su libro de relatos La taberna de los 3 monos, donde las narraciones giran en mayor o menor medida alrededor del póquer. Posteriormente ha publicado las novelas El oro de los carlistas (2001), ambientada en el Bilbao asediado por las tropas de Zumalacárregi; Glabro, legionario de Roma (2002); Alacranes en su tinta (2002), feroz crítica al nacionalismo vasco; y Voracidad (2006), donde retrata de forma satírica la realidad contemporánea y los productos mediáticos actuales. Con Voracidad Bas obtuvo el Premio Euskadi de literatura en castellano en 2007. Es también autor de La cuenta atrás (2004), biografía novelada del boxeador Urtain.


Años 60 y 70: Pedro Ugarte (Bilbao, 1963), Fernando Palazuelos (Bilbao, 1965), Oscar Alonso Álvarez (Bilbao, 1967), Alber Vázquez (Rentería, 1969), Juan Manuel de Prada (Barakaldo, 1970), Agustín Vicente (Bilbao, 1970), J. M. Isasi Urdangarin (Bilbao, 1970), Espido Freire (de nombre María Laura, Bilbao, 1974) y Ander Izagirre (San Sebastián, 1976).

Pedro Ugarte obtuvo el Premio Nervión de Poesía con Incendios y amenazas (1989). Su siguiente poemario fue El falso fugitivo (1991). Dentro del género narrativo ha publicado varios libros de narraciones: Los traficantes de palabras (1990), Noticias de tierras improbables (1992), Manual para extranjeros (1993), La isla de Komodo (1996) y Materiales para una expedición (2003). Su primera novela, Los cuerpos de las nadadoras (1996), fue finalista del Premio Herralde y obtuvo el Premio Euskadi de literatura en castellano en 1997.

Con su primera novela, La trastienda azul (1998), Fernando Palazuelos obtuvo el Premio Torrente Ballester, el Premio Ciudad de la Laguna y el Premio Tigre Juan a la mejor ópera prima. Sus siguientes novelas, Papeles de penumbra (2001), que cuenta como protagonista a un psicólogo que analiza la influencia que su paciente tiene en él, y Las manos del ángel (2006), que reflexiona sobre la el conflicto de identidad personal en una tierra que busca su identidad nacional, fueron objeto de excelentes críticas. También es autor de la obra teatral Billete a Vidanueva (2006) y las novelas Pura chatarra (2007), en palabras del autor "un canto a la libertad, a la calma, y a la vida sencilla", y Ianua Caeli (La puerta del cielo) (2008).

A los veinticinco años Espido Freire recibió el Premio Planeta (1999) con Melocotones helados, convirtiéndose en la autora más joven en lograrlo. La novela cuenta como protagonista a una joven pintora que tras abandonar su casa por unas amenazas de muerte de origen desconocido, va a vivir a casa de su abuelo. Con anterioridad, Espido Freire había publicado otras dos novelas: Irlanda (1998), con la que obtuvo el premio francés Millepage, y Donde siempre es octubre (1999). Otros de sus libros son Diabulus in Musica (2001), Nos espera la noche (2003), La diosa del pubis azul (2005) y Soria Moria (2007, Premio Ateneo de Sevilla). Su obra plantea la ambigüedad de las apariencias, el bien según los valores sociales y la fascinación por el mal, mediante mundos mágicos o en la vida cotidiana, creando universos muy complejos y tiempos inexistentes que exigen esfuerzo al lector.


En cuanto a la poesía, iniciamos este apartado con los siguientes nombres: Ramón de Basterra (Bilbao, 1888-Madrid, 1928), Ernestina de Champourcín (Vitoria-Gasteiz, 1905-Madrid, 1999), el denominado triunvirato vasco de la poesía social: Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902-Madrid, 1984), Gabriel Celaya (Hernani, 1911-Madrid, 1991) y Blas de Otero (Bilbao, 1916-Madrid, 1979), Pilar de la Cuadra Echaide (Hondarribia, 1918-San Sebastián, 1996) y Javier de Bengoechea (Bilbao, 1919-2009).

Ramón de Basterra y Zabala se licenció en Derecho y entró en la carrera diplomática desempeñando cargos como el de agregado en Roma (entre 1915 y 1917), Bucarest (desde junio de 1918) y Caracas (1924). En cada uno de esos tres destinos fraguó una obra, cuya matriz se encuentra en Roma, donde Basterra encuentra el sentido universal de España en la historia, según lo expresa en su obra poética Las ubres luminosas y Virulo (en dos partes: Las mocedades y Mediodía). Las ubres luminosas (1923) se caracteriza por el sentimiento del paisaje, por las ideas humanísticas y por los problemas vascos. En Virulo, mocedades (1924), se muestra barroco, gongorino y virtuoso de la poesía pura. En Virulo, mediodía (1927), el poeta supera la etapa anterior y se anticipa a su época; de un salto se sitúa en las avanzadas de la Vanguardia. Con técnica del Futurismo canta la máquina y el destino fecundo de los pueblos hispánicos: la "Sobrespaña", concepto que presagia el de Hispanidad.

Ernestina de Champourcín perteneció a la Generación del 27. La poesía de Champourcín es intimista y puede dividirse en tres fases: poesía del amor humano (1905-1936), poesía del amor divino (1936-1974) y poesía del amor sentido (1974-1991). A la primera fase corresponden sus primeros poemarios que la dieron a conocer en Madrid: En silencio (1926), Ahora (1928), La voz en el viento (1931), Cántico inútil (1936). Durante la Guerra Civil, ayudó en calidad de enfermera en el comité para la protección de menores fundado por Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia Camprubí. Posteriormente, Champourcín pasó a trabajar como auxiliar de enfermera en el hospital regentado por Lola Azaña, y basándose en estas experiencias inició la redacción de una novela, Mientras allí se muere, que nunca llegó a finalizar. Tras la victoria de los rebeldes, la poeta marchó junto a su esposo al exilio, donde vieron la luz Presencia a oscuras (1952), Cárcel de los sentidos (1960) y El nombre que me diste (1960). Su marido murió en 1959, y a partir de este momento el contenido religioso de su poesía se intensificó. Publicó Hai-kais espirituales (1967), Cartas cerradas (1968) y Poemas del ser y del estar (1972). Retornó a España en 1972, instalándose en Madrid. Allí compuso Primer exilio (1978), La pared transparente (1984), Huyeron todas las islas (1988), Los encuentros frustrados (1991) y la primera parte de Del vacío y sus dones (1993).

Pese a que generacionalmente hubiera podido ser entroncada con la generación del 27, en cuestiones poéticas Ángela Figuera Aymerich elaboró una obra que la conectaba más con los poetas de la posguerra. La suya era una poesía de corte modernista, que celebra lo femenino y la maternidad, denunciando el abuso de mujeres y niños. Mujer de barro, editado en 1948, fue su primer libro, al que siguieron Soria pura (1949), Vencida por el ángel (1950), Víspera de la vida (1953), Los días duros (1953), Belleza cruel (1958) y Toco la tierra (1962). Estos dos últimos muestran un mayor interés por las cuestiones sociales y un posicionamiento radical en favor del ser humano que sufre.

Gabriel Celaya fue uno de los poetas destacados dentro de la denominada "poesía comprometida". Ingeniero industrial de profesión, su primera etapa poética es de carácter existencialista. En los años 1950 se integra en la estética del compromiso, fruto de lo cual son los poemarios Lo demás es silencio (1952) y Cantos Íberos (1955), considerada esta última una verdadera biblia de la poesía social. Junto a Eugenio de Nora y Blas de Otero, defendió la idea de una poesía no elitista, al servicio de las mayorías, "para transformar el mundo". Cuando este modelo de poesía social entró en crisis, Celaya volvió a sus orígenes poéticos. Publicó La linterna sorda y reeditó poemas anteriores a 1936. También ensayó el experimentalismo y la poesía concreta en Campos semánticos (1971). Recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas en 1986.

La trayectoria de Blas de Otero puede clasificarse en tres etapas, que responden a los tres momentos de crisis que experimentó el propio poeta: la etapa espiritual, la etapa existencial y la etapa social. A la primera etapa corresponden sus primeros versos, entre los que se encuentran las Baladitas humildes, que fueron publicadas en la revista jesuítica de Los Luises. Estos poemas estaban marcados por su creencia religiosa, e influenciados por los místicos españoles y la literatura cristiana. En 1945 el poeta sufrió una crisis depresiva que destruyó su firme posición religiosa. En esos años nacieron, casi íntegramente, las obras de su ciclo existencial: Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, donde el "yo", solitario y sufriente, busca un "tú" para dialogar y sólo encuentra el silencio. Desde 1955, Otero ya era considerado uno de los grandes poetas de la posguerra. Sin embargo, a medida que crecía su prestigio también lo hacía la soledad que sentía como individuo. Su búsqueda de un "tú" con el que dialogar había fracasado. No obstante, encontró una manera de mitigar su soledad: el encuentro con los otros, ser hombre entre los hombres. Así apareció el "nosotros" en su poesía. Sin embargo, este tipo de poesía social no haría acto de presencia hasta que el poeta decidió autoexiliarse en París. Allí se fraguó Pido la paz y la palabra desde su nueva fe en el género humano. También vieron la luz en París En castellano y Ancia, resultado de la suma de Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, más algunos poemas nuevos. En 1960 Otero viajó a la URSS y China invitado por la Sociedad Internacional de Escritores. Por esta época se publicaron (siempre fuera de España por culpa de la censura) Esto no es un libro (Puerto Rico, 1963) y Que trata de España (París, 1964).

Javier de Bengoechea era licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto, y dedicó gran parte de su vida a la literatura, destacándose como crítico de arte y teatro en diversos medios escritos. Bengoechea consiguió el reconocimiento con sus dos primeros libros, que vieron la luz en la primera mitad de la década de los 50. Con Habitada claridad, logró el accésit del Premio Adonais en 1950. Hombre en forma de elegía (1955) ganó ese mismo galardón cinco años más tarde. En 1959 publicó Fiesta nacional y después llegó una larga etapa de silencio. Nunca dejó de escribir poesía, pero no quiso que fuese editada. A finales de 2006, la Universidad del País Vasco editó, bajo el título A lo largo del viaje, su poesía completa (añadiendo a los ya conocidos tres poemarios inéditos: Pastiches, divertimentos y otras melancolías (1974-1994), Del corazón y sus asuntos (1978-2005) y Hojas sueltas (1979-2005) recopilada por el escritor José Fernández de la Sota.


Años 20 y 30: Vidal de Nicolás (Portugalete, 1922), Mario Angel Marrodán (Portgalete, 1932-2005), Angel Urrutia Iturbe (Lekunberri, Navarra, 1933), Blanca Sarasua (Bilbao, 1939), Jesús Mauleón Heredia (Arróniz, Navarra, 1936), Jorge G. Aranguren (San Sebastián, 1938).

Jorge G. Aranguren ha obtenido varios premios como el Ciudad de Irún (1971) con Largo regreso a Itaca y el Adonais (1976) con De fuegos, tigres, ríos... Ha participado en diversas antologías de poesía con poemas originales y traducidos al euskara, inglés, alemán e italiano.

Blanca Sarasua ha publicado los poemarios: Cuando las horas son fuego (1984), El cerco de los pájaros (1986), Ático para dos (1989), Ballestas contra el miedo (1990), Quién ha visto un ambleo? (1994), Rótulo para unos pasos (1997) y La mirada del maniquí (2000). Con su último libro de poemas, Música de aldaba (2008), ganó el XIX Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz.


Años 40: Iñaki Desormais (seudónimo de Ignacio Ochoa de Olza Sanz, Pamplona, 1940), Javier Aguirre Gandarias (Bilbao, 1941), Carlos Aurtenetxe (Bilbao, 1942), Ramón Irigoyen (Pamplona, 1942), Miguel D?Ors (Santiago de Compostela, A Coruña, 1946), Pedro González de Langarika (Bilbao, 1947) y Mikel Jauregui (Bilbao, 1948).

Carlos Aurtenetxe fue uno de los impulsores de la revista literaria Kantil junto a Angel García Ronda y Jorge G. Aranguren. Es autor de poemarios como Caja de silencio (1979), Figuras en el friso (1982), Las edades de la noche (1983) o Los cormoranes (2002), además de la serie dedicada a tres grandes artistas vascos: Eduardo Chillida, la casa del olvido (1999), Jorge Oteiza, la piedra acontecida (1999) y Remigio Mendiburu, acanto ciego (2002). La poesía de Carlos Aurtenetxe ha sido valorada por sus contemporáneos con gran entusiasmo. Bernardo Atxaga, por ejemplo, le ha calificado del "poeta de las palabras exactas".

Ramón Irigoyen es autor de cuatro libros de poesía: Amor en carne muerta (1972), Versos de entretiempo (1976), Cielos e inviernos (1979) y Los abanicos del Caudillo (1982). Su poesía es muestra de un lenguaje libre, a veces agresivo y lleno de rabia, otras veces con ternura y con unos versos repletos de chistes, blasfemias y tacos. Irigoyen es, además, un reconocido traductor de griego. A esta labor le debemos Poemas, de Constantino Kavafis; Ocho poetas griegos del siglo XX; Orientaciones, de Odiseas Elitis y Medea, de Eurípides.

Pablo González de Langarika dirige desde finales de los años setenta la revista de poesía Zurgai, cuya influencia en el desarrollo de la lírica escrita en castellano en el País Vasco ha sido notable durante la última década. Su primer libro de poesía publicado fue Canto terrenal, que obtuvo el Premio Bahía en 1975. Posteriormente ha publicado Contra el rito de las sombras (1976), Del corazón y otras ruinas (Premio Alonso de Ercilla 1985) y Los ojos de la iguana y otros poemas (Laida, 1988).


Los años 50: Jesús Ferrero (Zamora, 1952), Juan Ramón Corpas (Estella, 1952), Eduardo Apodaca (Bilbao, 1952), Julia Otxoa (San Sebastián, 1953), Francisco Javier Irazoki (Lesaka, 1954), Iñaki Ezkerra (Bilbao, 1957), Fernando Chivite del Pozo (Pamplona, 1959) y Joseluis González (Pamplona, 1959).

Eduardo José Apodaca Urquijo colaboró en diversas publicaciones poéticas vascas como Kurpil y Kantil, en donde aparecieron sus primeros poemas, así como en Zurgai. Apodaca fue una de las voces más singulares de la poesía urbana del último cuarto de siglo. Fue autor de una obra poética de perfiles singulares, que está recogida en dos volúmenes, Introducción a la tierra/Lurrerako atari gisa (1991, edición bilingüe en euskara y castellano) y Sus ojos diminutos (2004).

Julia Otxoa es una creadora versátil que desde el principio ha cultivado la poesía, las artes plásticas, el relato infantil, el microrrelato o microtexto y la poesía visual (aparte del ensayo y el artículo periodístico). Su primer libro, Composición entre la luz y la sombra, vio la luz en 1978. Desde el principio, ha elaborado una poesía muy marcada por los poetas existencialistas y comprometidos de preguerra y posguerra (Antonio Machado, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Blas de Otero, Ángela Figuera) y una poesía minimalista próxima a la del silencio, donde el poema tiende a la prosa poética y al aforismo, en un momento (mediados los 80) en que sus referentes pasan a ser más filosóficos que literarios. En sus catorce libros de poesía publicados hasta ahora, destaca Taxus Baccata (2005). El libro bucea en el extrañamiento vital con una gran lucidez intelectual y un gran coraje cívico, habida cuenta de que disidir en el País Vasco puede suponer jugarse la vida (propia o de los seres amados).


Los años 60: José Fernández de la Sota (Bilbao, 1960), Kepa Murua (Zarautz, 1962), Sergio Arroeta (Marsella, 1961), Javier Alcibar (Bilbao, 1962), María Maizkurrena (Londres, 1962), Amalia Iglesias Serna (Menaza, Palencia, 1962), Eli Tolaretxipi (San Sebastián, 1962) y José Blanco (Barakaldo, 1965).

Entre 1997 y 2002 José Fernández de la Sota desarrolló una intensa actividad editorial como director de la colección de poesía Los pliegos del norte, el suplemento literario Pérgola y las revistas culturales Ipar Atea (con María Maizkurrena), Boletín de Ficciones y Ancia (de la Fundación Blas de Otero). Desde 1988 pertenece al consejo de redacción de la revista de poesía Zurgai. En 1994 apareció su libro de poemas La Gracia del enano, y en 1997 publicó en Todos los Santos. Al año siguiente le fue concedido el Premio Euskadi de literatura en castellano por este último poemario. A partir del año 2000, su poesía se desdobla en dos líneas de evolución, la primera de ellas representada por Material de construcción (2004) y Aprender a irse (2007), y la segunda por Cumbre del mar (2005) y Vacilación (2009).

Kepa Murua dirige la editorial Bassarai, con sede en Vitoria-Gasteiz, que en las últimas dos décadas a dado a conocer a la obra de autores vascos que escriben en castellano. Es autor de los libros de poesía: Abstemio de honores, Cavando la tierra con tus sueños, Siempre conté diez y nunca apareciste, Un lugar por nosotros, Cardiolemas, Las manos en alto, Poemas del caminante, Cantos del dios oscuro y No es nada. Ha publicado asimismo obras de ensayo y varios libros de artista.

María Maizkurrena se empezó a dedicar a la literatura desde muy joven. Algunos de sus poemas han ido apareciendo en revistas literarias como Zurgai o Literatura. Ha publicado los poemarios Los otros reinos (1987), galardonado con una mención especial del Premio Alonso de Ercilla de poesía en castellano, Los cantos del Dios oscuro y otros poemas (1989), Una temporada en el invierno (1991), Viento del Norte (1992), con el que recibió el premio Imagínate Euskadi, Tiempo (2000) y Vuelta del aire (2006). Este último ganó ex aequo con el poemario Música para ascensores de José Daniel Espejo Balanza el XXI Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás en 2006. Como narradora, ha publicado la novela corta Adiós a doña Laura (2000).

Amalia Iglesias de la Serna es licenciada en filología hispánica por la Universidad de Deusto. Entre sus libros de poemas destacan: Un lugar para el fuego (1985), con el que obtuvo el premio Adonais en 1984; Memorial de Amauta (1988), premio Alonso de Ercilla del Gobierno Vasco en 1987; la plaquette Mar en sombra (1989); Dados y dudas (1996), accésit del premio Jaime Gil de Biedma en 1995, y Lázaro se sacude las ortigas (2005). La Universidad del País Vasco editó la antología Antes de nada, después de todo, que reúne todos sus libros editados hasta el momento.

Eli Tolaretxipi es licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca y traductora de poesía. Desde 1991 ha colaborado en la coordinación de los Encuentros de Escritoras que tienen lugar anualmente en San Sebastián. Tolaretxipi es autora con una obra intensa que se descubre con un primer libro en 1999, titulado Amor muerto, Naturaleza muerta, donde dibuja un mundo de sentimientos con clarividencia. Posteriormente ha publicado Los lazos del número (2003). Su obra poética ha sido traducida al francés, inglés e italiano.


A continuación, pasamos a hacer unos breves apuntes sobre los autores más relevantes en los géneros restantes: la Literatura Infantil y Juvenil, el ensayo y el teatro.


Con respecto a la Literatura Infantil y Juvenil, son de destacar Asun Balzola (Bilbao, 1942-Madrid, 2006), Lucía Baquedano Azcona (Pamplona, 1938) y Seve Calleja (Zamora, 1953).

Asun Balzola fue una ilustradora reconocida que también se dedicó a la escritura y a la traducción. La primera obra que escribió e ilustró ella misma, Historia de un erizo (1978), obtuvo el Premio Nacional de ilustración. Otros de sus trabajos son: Santino el pastelero (1986), Ala de mosca (1989), la serie dedicada a Munia (Munia y la luna, Los zapatos de Munia, Munia y la señora Piltronera, Munia y los hallazgos) y La cazadora de Indiana Jones, con el que recibió el Premio Euskadi en 1990.

Con su primera novela juvenil, Cinco panes de cebada, Lucía Baquedano Azcona quedó finalista en el Premio Gran Angular en 1979. En 1986 consiguió el Premio Barco de Vapor por el cuento infantil Fantasmas de día, que fue incluido en la Lista de Honor del IBBY de 1988. Su novela juvenil La casa de los diablos quedó finalista en 1990 en el Premio Internacional Infanta Elena, convocado por la Fundación Biblos. Este mismo libro recibió el Premio de la CCEI en 1993. La novela infantil Me llamo Pipe recibió el Premio de la Feria del Libro de Almería en 1995.

Crítico, investigador y profesor, Seve Calleja es también colaborador en publicaciones como Reseña, Diálogos, CLIJ y Peonza, y miembro del consejo de redacción de la revista poética Zurgai. Sus libros publicados hasta ahora (buena parte de ellos lo están paralelamente en euskara y castellano) son ya más de treinta. Calleja ha recibido los siguientes premios: Ignacio Aldecoa de cuentos (Vitoria, 1981), Lizardi de literatura infantil y juvenil (Zarautz, 1985), Pío Baroja de novela (Gobierno Vsaco, 1989, accésit), Gabriel Aesti de cuentos (Bilbao, 1991, accésit) y Leer es vivir de literatura infantil (León, 1998).


En cuanto al ensayo, citar el trabajo de Ramiro de Maeztu (Vitoria-Gasteiz, 1874-Madrid, 1936), perteneciente a la generación del 98; del escultor Jorge Oteiza (Orio, 1908-San Sebastián, 2003), que publicó varios trabajos entre los que destaca Quosusque Tandem...! ensayo de interpretación del alma vasca; Elías Amézaga (Bilbao, 1921-Getxo, 2007), autor prolífico que no rehusó temática alguna; el etnógrafo e historiador José María Jimeno Jurio (Artajona, 1927-Pamplona 2002), que centró sus estudios sobre la historia, costumbres, lenguas, tradiciones y la toponímia de Navarra; el periodista Manuel Leguineche (Arratzu, Bizkaia, 1941), que obtuvo el Premio Euskadi de literatura en castellano en 2008 por El club de los faltos de cariño; el filósofo Fernando Savater (San Sebastián, 1947) con su acusado interés por desentrañar la ética de sus engañosos vínculos con la moral y convertirla en una empresa creativa abierta, con autonomía propia; Jon Juaristi (Bilbao, 1951) cuya labor de investigación abarca diversos campos: formación histórica de las identidades colectivas, historia literaria, literatura de tradición oral, etc.; Felix Maraña y sus estudios literarios, o Daniel Innerarity (Bilbao, 1959), que recibió el Premio de Humanidades, Cultura, Arte y Ciencias Sociales de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza en 2008.


En teatro, son de destacar los siguientes nombres:

Alfonso Sastre (Madrid, 1926), uno de los principales exponentes de la llamada Generación de 1955 o del medio siglo, autor de una copiosa obra que, además de textos teatrales, incluye el ensayo, la poesía y la novela. Algunas de sus obras son: Escuadra hacia la muerte, drama en dos actos estrenado en 1953, prohibido a la tercera representación, donde un grupo de soldados se encuentra castigado en una tercera guerra mundial y se subleva asesinando al cabo--sienten, sin embargo, angustia y soledad y cada uno escapa de ella a su manera; La Mordaza (1954), que trata encubiertamente el tema de la dictadura, la represión y la censura, y Tierra roja (1954), sobre la explotación. En 1993 recibió el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Literatura Dramática.

Rafael Mendizabal (San Sebastián, 1940) fue director del TEU y del grupo Lorquianos así como fundador del primer Café-Teatro de Madrid: Lady Pepa. Todas sus obras están publicadas en diversas editoriales y algunas de ellas han sido traducidas al turco, inglés, francés e italiano y han sido estrenadas en diferentes ciudades.

Ignacio Amestoy Eiguren (Bilbao, 1947) pertenece a la promoción de autores que se han encuadrado en la Generación de la Transición, también llamada del 82, pues sobre esa fecha pueden estrenar sus obras sin censuras. Una gran parte de su creación teatral tiene como motivo la problemática vasca. De su colaboración con los grupos Geroa y Gasteiz, salieron obras como Doña Elvira, imagínate Euskadi, Durango, un sueño, 1493, Betizu: El toro rojo o Gernika, un grito, 1937. Autor galardonado en innumerables ocasiones, desde 1990 ejerce la docencia en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, donde es titular de Literatura Dramática. Recientemente fue nombrado director de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD).

Otros autores a mencionar son Xabi Puerta y David Barbero (Grijalva, Burgos, 1944). Es de reseñar la labor que la editorial Hiru, impulsada por Alfonso Sastre y su esposa Eva Forest, viene realizando de cara a la difusión de obras teatrales. A través de sus colecciones Skene y BreveSkene han visto la luz La baladilla de San Sebastián de la actriz y directora Maite Agirre o El Mendieta de Carlos Panera (Bilbao, 1956). Los Premios Euskadi, promovidos por el Gobierno Vasco, contaron en su día con un galardón específico para premiar las obras más sobresalientes en este género. En sus diferentes ediciones, este galardón recayó en Ignacio José Berciano (1986, mención especial; 1988, accésit), Andrés Ruiz (1986, mención especial), Mikel Osoro Uriguen (1987, accésit), Arturo del Barrio Rodríguez (1989, accésit), David Barbero (1990), Álvaro Bermejo (1991), José Luis San José (1993) y Roberto Herrero (1995).


En cuanto a la literatura en lengua francesa destacan dos nombres: Marc Legasse (París, 1918) y Marie Darrieussecq (Baiona, 1969).

Marc Legasse desarrolló su obra en tres lenguas (el euskara, el castellano y el francés). Entre sus obras más conocidas se encuentra la pieza teatral Les carabines de Gastibeltsa (1977), que fue puesta en escena por el grupo Maskarada en 1985 y 1986. Otras de sus obras son: Cantar del rey Sancho de Navarra (1955, en castellano; 1985, en euskara), Evangelio y apocalipsis del Euskara (1980, en castellano y euskara), Los contrabandistas de Llargizarra (1981, en castellano) y Crónica de un país que no existe (1984, en castellano).

Marie Darrieussecq es al día de hoy una de las autoras más reconocidas en Francia. En sus obras priman los personajes femeninos, las relaciones de pareja y entre madres e hijos. Son motivos recurrentes las desapariciones, la ausencia, los fantasmas o la pérdida de la memoria. Las cuestiones de identidad y pertenencia también son una constante en sus trabajos, ya que la escritora considera que "escribir es... un humanismo: se trata de abandonar la piel de una e ir hacia el Otro". Hasta la fecha, lleva publicados los siguientes títulos: Truismes (1996), Naissance des fantômes (1998), Le mal de mer (1999), Précisions sur les vagues (1999), La Plage (2000), Bref séjour chez les vivants (2001), Le bébé (2002), White (2003), Le pays (2005), Zoo (2006), Tom est mort (2007), Tristes Pontiques (2008) y la obra teatral Le Musée de la mer (2009).

Desde hace unos años, la editorial Gatuzain viene realizando una labor clave de cara a dar a conocer la obra de autores vascos que se expresan en francés. En su catálogo encontramos la exitosa primera novela de Marie José Basurco (San Juan de Luz, 1947), L'Éxilée (1997), a la que han seguido otros tres títulos de la misma escritora: Nouvelles d'ici (1987), Retour d'exil (1997) y Sois forte, Lucia (2007). A través de la propia Gatuzain vio la luz Les Bohémiens (2009) de Nicole Lougarot (Gotein-Libarrenx, Zuberoa, 1963).


Concluímos nuestro periplo haciendo un breve repaso a las narrativas surgidas en inglés al otro lado del océano, en los Estados Unidos de América, lugar que desde hace dos siglos viene acogiendo a una numerosa comunidad vasca. En este apartado citaremos el nombre de autores pertenecientes a la segunda y tercera generación de vasco-americanos: Mirim Isasi, Robert Laxalt, Frank Bidart, Frank Bergon, Monique Laxalt, Trisha Zubizarreta, Gregory Martin y Martin Etchart.

Mirim Isasi es autora de dos libros: Basque Girl (1940) y White Stars of Freedom: a Basque Shepherd Boy Becomes an American (1942), escrito este último en colaboración con Melcena Burns Denny y dirigido al público juvenil. Basque Girl es una obra autobiográfica en la que la autora nos da cuenta de sus recuerdos de infancia, ligados al País Vasco. A ojos de Isasi, infancia y tierra vienen a significar una misma cosa: la perfecta felicidad. Pero la tierra que evoca Isasi no es una tierra cualquiera; es la tierra de la lengua, de la fe (uno de los capítulos del libro se titula "To be Basque is to be faithful"), de las costumbres, de la tradición, del pasado. Sólo mediante la preservación de este pasado puede una mantener intacta su identidad, su ser euskaldun. Tanto el comienzo (donde aparece una imagen de la propia Isasi vestida de "neskatila" con la ikurriña detrás en la que se puede leer: "Jaun goikoa eta legi zará", como el final del libro, donde se nos ofrece parte del himno que hace alusión al árbol de Gernika en euskara e inglés junto a la siguiente proclama: "Devotion to Home, Pride of Race, Love of Tradition--I am Basque. Gora Euzkadi!", refuerzan esta idea.

White Stars of Freedom por su parte narra las andanzas de un muchacho, Narbik, que parte del País Vasco rumbo a los Estados Unidos de América. El libro fue publicado en un momento clave para el País Vasco: el alzamiento militar que provocó la guerra civil en España finalizó con la victoria de los rebeldes, dando lugar a la dictadura de Franco. La comunidad vasca en Estados Unidos esperaba que el gobierno que ahora los amparaba tomara acciones en contra del régimen que tan oprimidos tenían a sus amigos y familiares al otro lado del océano. En ese sentido, se trata de una obra cuya función es atraer la simpatía hacia los vascos que aman la libertad pero se han visto desprovistas de ella y, por ello, han tenido que refugiarse en otro país que también ama la libertad. Tal y como explica la profesora Karen Sands O'Connor, "the book begins with and is framed by the main character Narbik's quest to become an American citizen. All roads lead to America: being Basque is, in White Stars, prelude to but consistent with being and becoming an American" (Sands 4). Sin embargo, el proceso de cambio de ciudadanía nos es descrito como un proceso lleno de sacrificios, como si acercarse a una cultura diferente supusiera renunciar a parte de la propia. La de Isasi no es una visión atípica; en verdad, se basa en la idea de la melting pot. El hecho de que White Stars fuera concebido, la tensión que el propio texto muestra, indica cuán compleja la identidad y que dificultoso resulta (si es que llega a materializarse alguna vez) todo proceso de asimilación.

Robert Laxalt (Alturas, California, 1923-Reno, Nevada, 2001) es, sin duda, el autor vasco-americano más conocido a un lado y al otro del océano. Sweet Promised Land (1957) no solo dio voz a la comunidad vasca en los Estados Unidos de América sino que, a través de las traducciones del libro al euskara, castellano y francés, acercó la realidad de la diáspora a los vascos de Europa. Sweet Promised Land, que ha sido definido como fiel testimonio de la experiencia del emigrante que regresa después de muchos años a su tierra de origen, nos ofrece las impresiones del propio Laxalt en su primer viaje al País Vasco en compañía de su padre, Dominique. Mientras que en sus libros Isasi presenta a la patria como la tierra original, el paraíso, Sweet Promised Land nos explica que el paraíso lo construye uno mismo, allá donde vaya. Resulta reveladora la escena en la que Dominique regresa al hogar familiar y comprueba que la grieta que había en la pared de la que era su habitación aún sigue ahí, pero ahora es otra la gente que habita la casa. Posteriormente le confesará a su hijo que ya no considera esta tierra su tierra; ahora forma parte de un tiempo pasado. De todas maneras, no se puede decir que Sweet Promised Land sea el testimonio del emigrante asimilado. El extrañamiento que Dominique siente hacia el País Vasco es equiparable con el extrañamiento que en ocasiones muestra hacia su nuevo hogar, los Estados Unidos. En el que es quizás el más citado pasaje del libro, el comienzo, Laxalt nos dice que su padre era un pastor y que las montañas eran su hogar. Las montañas son un lugar de frontera, un lugar en suspensión, un tercer lugar si se prefiere; delimitan pero, al mismo tiempo, unen. Dominique se encuentra entre dos culturas, dos mundos que nada tienen que ver el uno con el otro, y sin embargo se encuentran unidos en su persona. La suya es ahora una realidad en plural (pero, ¿qué realidad no los es?), por lo que no admite ser definido en singular. De ahí que se resista a ser entendido sólo en base a su pasado o, mejor dicho, a cierto pasado. Posteriormente, Laxalt publicó la trilogía basada en las experiencias de una familia vasca emigrada al oeste americano relatada por un miembro de la misma, Pete Indart, y compuesta por los siguientes títulos: The Basque Hotel (1989), Child of the Holy Ghost (1992) y The Governor's Mansion (1994).

Frank Bidart (Bakersfield, California, 1939) se ha labrado una interesante carrera como poeta. Hasta la fecha lleva publicados los poemarios Golden State (1973), The Book of the Body (1977), The Sacrifice (1983), Desire (1997), con el que fue nominado para el premio Pulitzer además de quedar finalista en el Premio Nacional de Literatura y en el Premio Nacional del Círculo de la Crítica, Music Like Dirt (2002), Star Dust (2005) y Watching the Spring Festival (2008).

Frank Bergon (Ely, Nevada, 1953) es profesor en el Vassar College, en el estado de Nueva York. E autor de tres novelas centradas en las experiencias de los vascos en el oeste americano: Shoshone Mike (1987), The Temptations of St. Ed and Brother S (1993) y Wild Game (1995). Shoshone Mike está protagonizada por Jean Erramouspe, el hijo de un pastor vasco asesinado por un grupo de Shoshones. Bergon muestra la incapacidad de Jean para negociar su legado étnico. Como señala Monika Medinabeitia, "in fact, Bergon utilizes Jean Erramouspe to show the extension of prejudice and discrimination against the Basques in the American West in the early twentieth century". Los mismo le ocurre al protagonista de Wild Game, Jack Irigaray un jugador empedernido. Esta novela, además, refleja la transformación que experimentan las comunidades del Oeste: el tradicional concepto unidad prevalente en las familias vascas ya no interesa a las nuevas generaciones, como viene a indicar el divorcio de Irigaray y Beth.

Monique Laxalt Urza (Reno, Nevada, 1953), hija de Robert Laxalt, es autora de la novela semiautobiográfica The Deep Blue Memory (1993). En ella, ofrece la visión femenina del conflicto al que se han visto expuestos los emigrantes vascos en los Estados Unidos de América, el conflicto que surge a la hora de negociar el legado étnico y el proceso de americanización, tomando como ejemplo los diferentes miembros de una sola familia, la suya.

Trisha Zubizarreta (Winnemucca, Nevada, 1955) es autora del poemario Chorizo, Beans, and Other Things: A Poetic Look at the Basque Culture (1987).

Gregory Martin (Lincoln, Nebraska) es Profesor Asociado de Inglés y Escritura Creativa en la Universidad de New Mexico. Es autor de Mountain City, un libro de memorias sobre la vida de los treinta y tres habitantes de un pequeño pueblo al noreste de Nevada. Esta obra recibió el Washington State Book Award y fue nombrado por el New York Times como uno de los mejores libros del año. El trabajo de Martin ha aparecido en diversas revistas literarias.

Martin Etchart es natural de Arizona y es director del programa de Escritura Creativa de la Universidad de Phoenix. Su primera obra, The good oak (El roble protector, ed. Ttarttalo), es una novela de iniciación que tiene como protagonista a Matt, un adolescente conflictivo, huérfano de madre, que vive en Phoenix, en el Arizona de los años 1970. Etchart recurre a la imagen estereotípica del vasco en los Estados Unidos, la del pastor, que en este caso se nos presenta bajo la figura del abuelo, como símbolo de los valores y tradiciones a salvaguardar por las jóvenes generaciones de vascos-americanos.


Notas:

1. Las literaturas de los vascos de Jesús María Lasagabaster se enmarca en esta tentativa de construir puentes entre las diferentes literaturas del territorio vasco.

2. Este comentario es aplicable al propio postcolonialismo, por ello su tarea es, si cabe, doble: por una parte, ha de hacer frente a las estructuras establecidas por poderes externos y, por otra, a aquellos impuestos por la propia disciplina. Ver Spivak, Gayatri C. "1994: Will Postcolonialism Travel?".

3.Ver Swapan Chakravorty. "Resistance that Cannot Be Recognized as Such." Conversations with Gayatri Chakravorty Spivak.

4. Ver "Debate sobre el escritor vasco en castellano". Hierro, 28/01/1978.

5. Si bien el postcolonialismo, como disciplina teórica, puede viajar, debemos de ser cautos a la hora de comparar diferentes realidades. La situación de las lenguas y del euskara es diferente, por lo que considero que las estrategias a seguir en el caso de esta última deben de ser diseñadas teniendo en cuenta el contexto.

6. Técnicamente el País Vasco no ha sido nunca una colonia, pero se han dado situaciones (como las operaciones llevadas a cabo en contra del euskara entre otros) que se asemejan a las experimentadas en espacios colonizados.




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