Short Story

UNA MIRADA A LA ACTUALIDAD DEL CUENTO EN EUSKARA

© Maria Jose Olaziregi (Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea)




El cuento, en el sentido moderno del término, es un género bastante reciente en euskara. De hecho, no es hasta la década de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo cuando aparecen de la mano de autores como Gabriel Aresti (Ipuinak, 1979) o Jon Mirande (Gauez parke batean, Ipuin izugarriak, 1984), cuentos que siguen la tradición moderna de autores como Poe, Gogol o Maupassant. También podríamos mencionar el libro de cuentos Iltzalleak (1961, Los asesinos) como un buen antecedente del que sería el primer libro de cuentos modernos publicado en euskara, el mencionado, Hunik arrats artean (1970) de Anjel Lertxundi. Otros libros de cuentos que se publicaron en la misma década continuaron la senda de los relatos tradicionales o acertaron a incorporar el experimentalismo tan en boga en las novelas vascas de la época. En cualquier caso, como hemos dicho, la década de los 1980 es la época en la que se consolida tanto cuantitava como cualitativamente el género narrativo breve entre nosotros. Ya hemos aducido algunas razones histórico-culturales que pudieron impulsar este afianzamiento, tales como, la nueva coyuntura política, el incremento de revistas y premios que impulsaron el género breve... Tendríamos que unir a todo ello, la centralidad que la banda Pott (1978-1979) dio al género breve en sus escritos. Los escritores de la banda Pott, admiradores de Borges, Kafka, Pound o Eliot impulsaron el cuento, género que tuvo su plasmación más acertada en los libros Narrazioak (1983, Narraciones) de Sarrionandia y en el premiado Obabakoak (1988) de Atxaga.

Poco a poco, la tipología de cuentos se ha ido enriqueciendo y en la actualidad, al igual de lo que ocurre en novela, el panorama es ciertamente ecléctico. Al hilo de las peculiaridades que conforman el panorama posmoderno actual, las tendencias que prevalecen en la cuentística vasca de las últimas décadas pasarían por un realismo, sea de corte fantástico (Hasier Etxeberria, Unai Elorriaga, Imanol Zurutuza...), sea próximo al realismo sucio norteamericano al estilo de Carver o Wolff (Pako Aristi, Xabier Mendiguren, Edorta Jiménez, Xabier Montoia, Arantxa Iturbe, Pello Lizarralde...), relatos de tono culturalista que buscan una reflexión metanarrativa (Juan Garzia, Anjel Lertxundi, Iban Zaldua...), narraciones donde la fantasía se tiñe a veces de situaciones absurdas (Karlos Linazasoro, Harkaitz Cano...), Microrrelatos (Iban Zaldua, Joseba Sarrionandia, Linazasoro) y, sobre todo, han desaparecido las narraciones de corte experimental de los setenta y se ha recuperado el gusto por contar historias. Esta realidad fragmentada que se vislumbra en los cuentos más recientes, hace suya la influencia del cine, la música o los medios de comunicación y explora nuevos modos de narrar, nuevos ritmos y registros lingüísticos. Aunque no cabe duda de la centralidad que la novela tiene como género, el cuento en euskara goza de una presencia editorial y aceptación realmente considerables. Dejando a un lado antologías de cuentos recientes que responden más a impulsos comerciales que a motivaciones literarias (antologías de cuentos ecológicos, eróticos, etílicos), la acogida que el cuento tiene entre nosotros se debe, en nuestra opinión, a que el género ha sabido explorar con acierto nuevas fórmulas, como, por ejemplo, volúmenes de cuentos interrelacionados (short story cycle) que proponen una lectura que cuestiona los límites entre géneros, híbridos a caballo entre la crónica y la ficción (cf. Harkaitz Cano, Piano gainean gosaltzen, 2003; trad. El puente desafinado), o incluso híbridos sugerentes que proponen un viaje poético como el libro de Aurelia Arkotxa: Septentrio (2001) (Septentrio, traducido por Arantzazu Fernández y Eli Tolaretxipi, Alberdania, 2007).

Quisiéramos completar este breve repaso al cuento contemporáneo vasco con una pequeña introducción a los autores y cuentos más relevantes y para ello, trataremos de no volver a recalar en cuentistas como Atxaga, Lertxundi, Cano, Muñoz... que ya han sido citados anteriormente. Así mismo, señalar que será la fecha de publicación de los libros de relatos la que regirá el orden de presentación de los narradores.

Joseba Sarrionandia (1958) será el primero que traeremos a colación. Su trayectoria literaria incluye narrativa, ensayo, literatura infantil y juvenil, textos híbridos que gustan de subvertir los estrechos márgenes entre ensayo y ficción, y poesía, género en el que ha publicado cinco libros. Traductor al euskera, entre otros, de S.T. Coleridge, T. S. Eliot y F. Pessoa, sus afinidades literarias también quedaron patentes en libros como Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak (1985, Poemas que he encontrado escritos), donde incluyó traducciones de poemas variados y algunos apócrifos. Ni ez naiz hemengoa (Yo no soy de aquí, traducido por Bego Montorio, Hiru, 1985), Marginalia (1988), Ez gara geure baitakoak (1989, No somos de nosotros mismos) y Han izanik hona naiz (1992, De allí mismo vengo) son algunas de sus obras que presentan esa tendencia a la hibridación. Otros textos, como la novela Lagun izoztua (2001, El amigo congelado), nos recuerdan que el exilio y la alienación que éste conlleva se han erigido en ejes temáticos centrales de su obra. Por otro lado, Narrazioak (1983), Atabala eta euria (1986, El atabal y la lluvia) e Ifar Aldeko orduak (1991, Las horas del norte) son sus libros de cuentos más conocidos.

En una prosa llena de metáforas e imágenes sugerentes, Sarrionandia incorpora elementos fantásticos y referencias a leyendas y cuentos tradicionales. El lector encontrará en sus cuentos sirenas y viejos marinos que delatan las afinidades del autor con autores como Samuel Taylor Coleridge o Herman Melville (cf. ?El viejo marino? in Olaziregi 2004), personajes como Ginebra o Galahad que rinden homenaje a narraciones del ciclo artúrico, escenarios lúgubres que recuerdan a los relatos de Poe... o cuentos metanarrativos. La narrativa del autor ha evolucionado hacia poéticas y voces más posmodernas que gustan de la ironía y del pastiche. Sus últimos libros de cuentos incorporan relatos brevísimos en los que se puede percibir la tendencia a la hibridación de muchos de los textos de Sarrionandia. El cuento "Pelea de carneros" (incluido en Ez gara geure baitakoak), que sirvió de inspiración para el cortometraje Topeka de Asier Altuna (2002) que se incluyó en La pelota vasca, de Julio Medem, es un buen ejemplo de la intensidad que obtienen sus relatos breves.

Inazio Mujika Iraola (1963) irrumpió en el panorama literario vasco con un libro de cuentos, Azukrea belazeetan (1987. Edición bilingüe, traducido por Jorge Giménez, Atenea, 2006), de tono marcadamente lírico. Próximo al realismo mágico y a autores como Juan Rulfo, la riqueza de imágenes y el poder evocador de su prosa convencieron a lectores y crítica. Auzunea es la geografía imaginaria de la que Mujika Iraola se sirvió para plasmar una fantasía que se nutría de la tradición oral vasca, y donde la trasgresión de normas morales se pagaba, como en los cuentos de Rulfo, Faulkner o Atxaga, con el castigo o la metamorfosis. Por eso es tan cruel ese mundo, pues son los más débiles los que son amenazados con la muerte y el castigo, como la pobre Regina, protagonista del cuento del mismo nombre. Para acrecentar la inocencia de los más débiles, la mayoría de los cuentos que integran el volumen tienen narradores autodiegéticos de corta edad. Su habla queda impregnada, constantemente, con expresiones del habla infantil. La trayectoria narrativa de Mujika Iraola siguió nutriéndose de leyendas tradicionales y de una erudición borgesiana en libros posteriores, tales como Hautsaren kronika (1994, Crónica del polvo) donde los devaneos de la memoria histórica sirven para ahondar en un pasado que la mayoría de las veces resulta inquietante. La Guerra Civil española o la Segunda Guerra Mundial se han erigido en escenario de otros libros de Mujika Iraola, tales como, Matriuska (1999), o de su novela Gerezi denbora (1998) (Tiempo de cerezas, traducido por Jorge Giménez Bech, Alberdania, 2006).

Es el sentimiento de angustia existencial el que inunda muchos de los cuentos de Karlos Linazasoro (1962), autor que tiene una trayectoria también importante en el género poético, en literatura infantil (obtuvo el Premio Euskadi por Bota gorriak, 2000), y que cuenta, además, con incursiones acertadas en el género dramático como Burdindenda (1998, La ferretería), un acertado homenaje al maestro Beckett. También es mencionable su novela breve Itoko dira berriak (2003, Volverán a ahogarse), en la que juegos y diálogos absurdos con grandes dosis de humor tratan de aliviar una espera que se torna dramática. Entre sus libros de cuentos, destacaremos: Eldarnioak (1991, Delirios), Zer gerta ere (1994, Pase lo que pase), Ez balego beste mundurik (2000, Si no hubiera otro mundo) e Ipuin errotikoak (2001, Cuentos esenciales). Borges, Cortázar, Felisberto Hernández, Rulfo, Saki, Chejov, o Bernhard... son los maestros que Linazasoro afirma admirar (Olaziregi 2004), autores que gustan de incorporar la fantasía para quebrar la lógica racional, pero no renuncian al toque lúdico y al humor para revelarnos el sinsentido, incluso la crueldad, de la vida cotidiana. Los cuentos de Linazasoro son sorprendentes, poderosos, cuentan historias muchas veces absurdas y asfixiantes, pero que aciertan en revelar las contradicciones de la realidad que nos rodea. Para Linazasoro, el cuento es el género que más libertad da al escritor para poder transgredir todo tipo de leyes.... Una selección de sus cuentos acaba de ver la luz traducida al castellano: Depósito ilegal (2005, Alberdania, traducido por Gerardo Markuleta). Se trata de un conjunto de diálogos teatrales, narraciones breves casi aforísticas y cuentos de extensión convencional. El humor vuelve a teñir las situaciones más trágicas, el humor y esa atmósfera inquietante que sin duda sorprenderá al lector.

También es destacable la obra del escritor y músico Xabier Montoia (1955), que ha publicado poemarios, crónicas, novelas y cuentos. Si su novela Non dago Stalin? (1991, ¿Dónde está Stalin?) realizaba, en clave de novela negra, un retrato mordaz del stablishment político y cultural vasco de los 80, la trilogía novelesca "Hilen bizimoldea" (El modo de vida de los muertos) tenía como vínculo de unión, además de los nexos familiares de los protagonistas, el conflicto bélico y todas las novelas estaban embientadas en guerras, como la Primera Guerra Mundial en Hezur gabeko hilak (1999, Muertos sin huesos), el París ocupado por los nazis en Blackout (2004) o la guerra de Argelia en Elektrika. En su siguiente novela, Denboraren izerdia (2003, El sudor del tiempo), es el pasado de militancia en la banda ETA. el que acecha el éxito del protagonista, un director de cine. Golgota (2008) es, de momento, la última novela de Montoia. Más destacables nos parecen sus libros de cuentos: en el primero de ellos, Emakume biboteduna (1992, La mujer bigotuda) hizo suyas las características del realismo sucio, y nos ofreció historias que tenían como eje las situaciones de amor y de desamor. Por otra parte, en Gasteizko hondartzak (1997, Las playas de Gasteiz), Premio Difusión del Gobierno Vasco, la Guerra Civil y la posguerra sirven de punto de arranque para una serie de historias que no pretenden dar un testimonio histórico documentado, sino mostrar la historia de gente anónima, es decir, las vivencias de unos seres atrapados en una situación realmente dura. Podríamos afirmar que es la ciudad de Vitoria-Gasteiz, descrita como provinciana y reprimida, es la verdadera protagonista de Gasteizko hondartzak. En Baina bihotzak dio (2002, Pero el corazón dice) la nostalgia por la patria servía de excusa narrativa para crear historias en las que el sentimiento de pérdida y alejamiento inundaba las vivencias de personajes desterrados por diversos motivos. Euskal hiria sutan (2006, La ciudad vasca en llamas), Premio Euskadi de Literatura (2007), completa la trayectoria cuentística de Montoia, un libro que dibuja, en clave realista, un retrato nada idílico, desesperanzado diríamos, de la sociedad vasca actual.

También es el enfoque realista el que prevalece en los cuentos de Arantxa Iturbe (1964). Periodista y escritora, ha publicado piezas teatrales, ensayos, como el exitoso Ai ama! (1999) (¡Ay madre!, traducido por Jorge Giménez Bech, Alberdania, 2005), que ofrece una visión nada tópica sobre la maternidad. Las relaciones de pareja constituyen el núcleo central de los libros de cuentos que ha publicado: Ezer baino lehen (1992, Antes de nada) y Lehenago zen berandu (1995) (Ya ni siquiera es tarde, traducido por Jorge Giménez Bech, Alberdania, 2005). Prevalecen las protagonistas femeninas, mujeres que viven en núcleos urbanos marcados por el estrés y el ritmo frenético diario. Los relatos de Iturbe tienen una espontaneidad y frescura que inunda no sólo el registro y los modos de expresión de sus personajes, sino toda la organización de la trama. Y es que la prosa de Iturbe huye del adorno gratuito y del artificio innecesario para, con breves pinceladas y constantes cambios de ritmo narrativo, relatar con ironía las frustraciones, soledades y malentendidos de esos urbanitas tan necesitados de cariño. Si tuviéramos que describir la evolución entre sus dos libros de cuentos, subrayaríamos su mayor tendencia al suspense en los cuentos incluidos en el segundo volumen, así como el aumento de las dosis de ironía.

Traductor al euskara de autores como Natalia Ginzburg o Gianni Celati, Pello Lizarralde (1956) es un escritor que gusta afirmar que la literatura es una elaboración de la realidad. Su trayectoria literaria comenzó con la novela E pericoloso sporgersi. Zuri beltzean (1984), una historia protagonizada por un técnico de vida corriente que al final resulta ser un asesino. La segunda novela, Hatza mapa gainean (1988, El dedo sobre el mapa) nos situaba ante un tema que se repetiría en la siguiente novela, Larrepetit (2002, El saltamontes), la huída sin tregua de sus protagonistas. Pero la huída no es más que una excusa narrativa para una prosa que sugiere más que lo que dice, una prosa minimalista que recala en gestos, olores, colores y movimientos que adquieren valor cuasi epifánico. Galardonada con el Premio Euskadi y con el Premio de la Crítica en 2005, el modo behaviorista de narrar manda en Larrepetit, ese foco omnipresente que se detiene en los elementos más insignificantes de una naturaleza, que a veces se torna inquietante. La huída, personajes que están en un constante tránsito, vuelve a erigirse en uno de los ejes temáticos más importantes de Un ange passe ?isialdietan- (1998, Un ángel pasa). Y pocas cosas ocurren realmente en las historias, pocas cosas a excepción de ese foco narrativo que con detallismo casi obsesivo vuelve a detenerse en movimientos en apariencia más insignificantes. El libro de cuentos Sargori (1994, Bochorno) es un excelente ejemplo del poder poético de la prosa de Lizarralde y de su capacidad para crear una atmósfera agobiante. Iragaitzaz (2008, Tránsito) es el título de la última novela de Lizarralde.

Iban Zaldua (1966) es profesor universitario y autor de libros juveniles, ensayos, y dos novelas, una de ciencia ficción: Si Sabino viviría (2005) y, la segunda, Euskaldun guztion aberria (2008) (La patria de todos los vascos, Lengua de Trapo, 2009), una sátira (amable) de las consecuencias de las actitudes nacionalistas en la literatura. Pero, ante todo, Zaldua destaca en el género del relato breve, relatos que son aderezados con humor, agudeza y una ironía a veces corrosiva. El autor gusta de juegos metaliterarios al estilo de Borges, o de una fantasía incrustada en lo cotidiano al estilo de Cortázar, pero además, Zaldua se deja seducir por sus afinidades por el cómic, la cultura pop y la ciencia ficción. Son siete los libros de cuentos que ha publicado hasta la fecha: Veinte cuentos cortitos (1989), Ipuin euskaldunak (1999, Cuentos vascos, junto a Gerardo Markuleta), Gezurrak, gezurrak, gezurrak (2000) (Mentiras, mentiras, mentiras, Lengua de Trapo, 2005), Traizioak (2001, Traiciones), La isla de los antropólogos y otros relatos (2002), Itzalak (2004, Sombras), Etorkizuna (2005) (Porvenir, Lengua de Trapo, 2007), este último galardonado con el Premio Euskadi de Literatura, y Biodiskografiak (2011). Su narrativa huye de lo obvio, y rompe con tópicos e ideas preconcebidas en torno a la literatura, la vida e, incluso, la realidad vasca, esa realidad políticamente difícil que tan acertadamente aparece reflejada en sus cuentos. Relatos intensos en los que no sobra ni una palabra, y que más de una vez consiguen dibujar en los labios del lector una sonrisa, reconfortarnos ante lo inevitable. Seguramente será por ello que, a la hora de definir lo que es un cuento, Zaldua no ha dudado en parafrasear a Cheever y recordarnos que el cuento tiene el poder de aliviarnos ante la muerte. Destacaremos el premiado Etorkizuna en la que la reflexión en torno al paso del tiempo se constituye en el hilo conductor de los diferentes cuentos del libro. Una reflexión que nos va revelando un diagnóstico irónico y escéptico de las relaciones humanas, así como de la política vasca.