CANO, Harkaitz

(Lasarte-Oria, 1975)
















"Hasta donde me alcanza la memoria, mi infancia la pasé subido a un árbol, mirando al río que venía crecido y amenazaba con desbordarse. Ignoro si los niños de hoy siguen encaramándose a los árboles, pero el río ya nunca viene tan crecido desde que ensancharon el cauce. No obstante, aquellas aguas turbias que amenazaban con llevarse el puente aparecieron en mi primer poemario (Kea behelainopean bezala, 1994). Cuando recogí de la imprenta los ejemplares que me correspondían, tropecé y los libros salieron volando. Pensé que era una buena señal, que estaban vivos.

Mi amigo Freud dice que escribo porque dibujo muy mal y fracasé en la música. Son dos carencias que me ayudan a escribir, ciertamente, como todas las demás carencias. De todas formas, trato de desquitarme escribiendo novelas de vinilo con cara A y cara B (Jazz y Alaska en la misma frase, 2004).

Estudié derecho durante cinco años. Fue necesario todo un año en Nueva York para olvidar completamente lo aprendido. Desde entonces, siento que el puente de Brooklyn -siempre un puente- vive encarnado en mi espina dorsal. Narré esta experiencia en mi obra más personal, un libro de crónicas titulado El puente desafinado (2003).

El cuento es el género que más frecuento. Dan fe de ello tanto la antología Enseres de ortopedia inútil (2002), como el tono narrativo de la mayoría de mis poemas (Interpretación de los temblores, 2004).

Denle una maleta al novelista: les organizará una mudanza. El cuentista, sin embargo, solamente introducirá en la maleta lo justo. Cuando un relato de desdobla, encaja perfectamente en el suelo de la cocina, como el plano de una ciudad secreta.

Acabo de publicar Neguko zirkua, mi última recopilación de planos".

Cano, H. "Biografía", in Olaziregi, M.J. (ed.), Pintxos. Nuevos cuentos vascos, Lengua de Trapo, Madrid, 2005.


©Mari Jose Olaziregi




A pesar de su juventud, Harkaitz Cano ha sabido hacerse un hueco en el actual panorama literario vasco y se ha convertido en uno de los autores más atractivos del momento. Licenciado en Derecho, vive de sus colaboraciones en prensa y de la escritura. Entre los premios con los que ha sido galardonada su trayectoria literaria, destacaríamos el Imajina Ezazu Euskadi (1992), Donostia Hiria (1993) y el Premio Ignacio Aldecoa (1998). En cualquier caso, es la obtención del Premio Euskadi de Literatura-2005 por la novela Belarraen ahoa (Alberdania, 2006) (Trad.: El filo de la hierba, Alberdania, 2006) la que ha venido a confirmar su lugar canónico en nuestro actual sistema literario. Ha publicado libros de poesía, tales como: Dardaren interpretazioa/ Interpretación de los temblores, (Atenea, 2004), de cuentos: Telefono kaiolatua (Alberdania, 1997) (Trad.: Enseres de ortopedia inútil, Hiru, 2002) y tres novelas: Beluna Jazz (1996) (trad.: Jazz y Alaska en la misma frase, Seix Barral, 2004), Pasaia blues (Susa, 1998), y la mencionada Belarraren ahoa. Además, es autor del libro de crónicas: Piano gainean gosaltzen (Erein, 2000) (Trad.: El puente desafinado, (Erein, 2003).

Próximo al dirty realism practicado, entre otros, por Raymond Carver, la narrativa de Cano se alimenta de esa realidad en apariencia equilibrada que nos rodea para revelarnos sus fisuras, aperturas hacia un lado que a veces se torna inquietante. Sus cuentos son minimalistas y hablan de ciudades desoladas, de teléfonos que amenazan con irrumpir en medio de la noche, o de crónicas de desamor con silencios ensordecedores. Son los ingredientes que, aderezados con técnicas de novela negra, conforman el universo de su libro Telefono kaiolatua (trad.: Enseres de ortopedia inútil, Hiru, 2002). Sus cuentos han evolucionado de relatos un tanto efectistas y final de estética impactante, hasta narraciones donde la influencia de maestros como el citado Carver, o R. Ford y T. Capote se torna más evidente. Su último libro de cuentos, Neguko zirkua (Susa, 2005) ha sido considerado como el mejor de su trayectoria. En él vuelve a aparecer su gusto por el juego literario y esa mirada del narrador que recala en objetos aparentemente insignificantes pero que cobran una intensidad y significado realmente sorprendentes.

Es la presencia de la música, el lento ritmo del blues y del jazz el que impregna sus dos primeras novelas: Jazz y Alaska en la misma frase y Pasaia blues. La primera está estructurada en dos planos. El primero de ellos narra la complicada vida del trompetista Bob Ieregi y el segundo, los acontecimientos que acaecen en un psiquiátrico. Pero además, desde el inicio de la novela se nos hace partícipes de un crimen, añadiendo a la lectura del texto grandes dosis de suspense. Técnicamente, destacaríamos el recurso a un narrador omnisciente, la abundancia de metacomentarios que interrumpen la narración de los hechos, las continuas anacronías, pero, ante todo, el atractivo que tiene la prosa lírica de Cano, abundante en imágenes repetitivas y metáforas. El autor afirmó que la atmósfera onírica e irreal que impregna la novela puede ser debida a la influencia de la lectura de la novela Lunar Caustic, de M. Lowry ha tenido en él. La nómina de músicos y obras que inunda la novela es interminable. El gran Miles Davis, el pianista Cedar Walton, o el conocido Charlie Parker vendrían a engrosar dicha lista. Al igual que hiciera Julio Cortázar en El perseguidor, Cano ha querido homenajear al conocido músico con su novela.

La siguiente novela, Pasaia blues, no tiene una atmósfera tan onírica y surrealista como la anterior. Podríamos decir que su enfoque es más realista y que, aunque es verdad que las dosis de intriga son grandes, se trata de una novela que, como el mismo Cano comentó, pudiera ser considerada como pseudopolicíaca, o falso-policíaca. En ella, tal y como ocurre en muchas novelas contemporáneas, el investigador resulta ser al final el verdadero culpable. Destaca, sin duda, la descripción expresionista que se realiza del pueblo donde se sitúa la historia, Pasajes. Las peleas de perros, los vertederos de chatarra, los combates de boxeo... son elementos cotidianos de ese entorno asfixiante en el que se mueven los personajes. También destacaríamos, al igual que en la novela anterior, la referencia que se hace a películas conocidas (en especial a La Naranja Mecánica) o a canciones y cantantes tales como, Billie Holliday, Camaron, Leonard Cohen o Lou Reed.

La última novela de Cano hasta el momento, El filo de la hierba, nada tiene que ver con las anteriores, en el sentido en que ya no nos encontramos ante una novela negra en la que hay que esclarecer un crimen. El argumento principal parte de una ucronía en la que Hitler ha vencido en la 2ª Guerra Mundial y domina Europa. Es entonces cuando decide conquistar Manhattan, para desde allí tratar de conquistar el resto del continente americano. Su viaje le lleva a New York y en su barco viaja, preso por su película El Gran Dictador, Charles Chaplin. En un segundo plano, se nos narra la historia de un polizón que en 1886 viaja a New York escondido en la corona de la Estatua de la Libertad. Es destino de este polizón, Olivier Legrand, se cruzará con Chaplin quien conseguirá escapar de sus torturadores. La originalidad del argumento encuentra su contrapunto narrativo en el atractivo de la prosa de Cano, llena de imágenes y lirismo. Podríamos concluir diciendo que se trata de una historia con grandes dosis de suspense que bien pudiera ser considerada como una metanovela por sus recurrentes reflexiones en torno a la vida y a la escritura.





Más información sobre el autor:




© Neguko zirkua: Susa

© Beluna jazz: Susa

© Pasaia blues: Susa

© Belarraren ahoa: Alberdania