ITURRALDE, Joxemari

(Tolosa, 1951)

Tuve la suerte de nacer en una gran casa - de tipo italiano, con abuelos, tíos, primos y hermanos viviendo juntos - donde había una enorme biblioteca. Teníamos además jardín y un gran huerto. De niños apenas salíamos a la calle. Teníamos perros, loros, tortugas, gallinas, conejos... Las mejores cerezas o nísperos los cogíamos de los árboles antes de que madurasen. Al ser yo el mayor de los hermanos y primos organizaba juegos y hacíamos deporte sin tener que salir a la calle. Desde muy joven empecé a leer todo lo que pillaba en aquella gran biblioteca... Para los catorce años ya me había leído (sin que me obligase nadie y sin que lo supiera nadie) obras tales como Lazarillo de Tormes, Don Quijote de la Mancha y muchas novelas de Simenon. Cada verano hacía de lazarillo de mis abuelos, que se iban a veranear a un pueblo de la Rioja. Solo con ellos me pasaba los tres meses leyendo libros.

En el colegio de los escolapios todo el mundo estudiaba, en aquella época, la rama de ciencias. En castellano, por supuesto. No había opción de letras. Nos atiborraban de teoría y problemas de matemáticas, física, química... Así hasta ir a la universidad. No tuve problemas para ir aprobando los cursos, aunque lo mío era la literatura. Ahí, la matrícula de honor era siempre para mí. Con quince años supe que quería estudiar algo relacionado con la literatura. Pobre de mí, tenía todavía dieciséis añitos (me faltan dos meses para cumplir los 17) cuando aterricé horrorizado en la universidad. No existía universidad del País Vasco y me fui a Pamplona, a la universidad de Navarra. Además de literatura estaba obligado a estudiar lingüística y lo pasé fatal los dos primeros años por ser nulo el conocimiento que tenía yo entonces del latín y griego. Los curas y monjas que pululaban por las aulas parecían haber nacido mamando verbos y declinaciones de esas lenguas extrañas para mí.

Al año siguiente, con diecisiete años, conocí en Tolosa a un chico de un pueblo cercano, de Asteasu. También le interesaba la literatura aunque extrañamente para mí (nunca me lo he podido explicar), estudiaba económicas en la universidad de Bilbao. También quería ser escritor y, luego, usó el seudónimo de Bernardo Atxaga. Enseguida nos hicimos amigos. Nos apoyábamos mutuamente, intercambiábamos textos, lecturas y comentarios. Hasta hoy.

Graham Greene escribía un folio al día, nunca más. Yo nunca escribo más de 15 líneas al día y nunca dejo pasar un día sin entregarme un buen rato a la lectura de autores que me gusten, me atraigan o me llamen la atención. No me gustan los escritores que publican muchos libros en poco tiempo. No los tengo en consideración. Flaubert dijo una vez: "Hay muchas formas de decir una cosa. Pero solamente una es la mejor". Para publicar la novela "Kilkerra eta roulottea" me pasé ocho años escribiendo. Para "Izua hemen" fueron cinco años de trabajo. Los relatos cortos no me demandan tanto tiempo; y la literatura infantil y juvenil la escribo a un ritmo - digamos - normal. Escribir poesía también es trabajo pausado para mí: nunca más de una docena de poemas al año (que luego no publico o publico con seudónimo en revistas extranjeras).

Para mí la literatura es, además de otras muchas cosas, una vía de aprendizaje, una forma de vivir. No hay ningún sitio al que llegar, el ir haciéndose uno mismo es el objetivo final. No me gusta hablar de literatura en términos de éxito, premios, fama y reconocimiento popular. En ese sentido para mí no hay autores, sólo libros. Cojo un libro, lo leo, lo interiorizo... y paso al siguiente libro. Y luego al siguiente. No entronizo al autor de cada libro. Por eso detesto el sistema de jerarquías, premios, críticas de uso actual en el mundo de la literatura. Hay mucho ruido afuera, mucha injusticia, mucho interés creado. Cuando el chirriar se hace demasiado estridente, me refugio más que nunca en mi escritura. Y en mis lecturas. Y continúo. No hay prisa. No hay pausa.

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Licenciado en Filosofía y Letras, desde 1975 se dedica a la enseñanza. Posee la cátedra de Euskera y Literatura Vasca en el instituto Orixe de Tolosa. Tomó parte en la creación del PEN club vasco, y en la actualidad ostenta el cargo de vicepresidente.

Los primeros trabajos de Joxemari Iturralde datan de 1977. En dicho año apareció en Bilbao la Pott Banda, grupo literario que surgió por iniciativa de Bernardo Atxaga, Manu Ertzila, Jon Juaristi, Ruper Ordorika, Joseba Sarrionandia y el propio Iturralde. Bajo el apoyo de esta banda escribió Iturralde sus primeros cuentos, con los que participó en varios concursos literarios del momento. Uno de ellos, Ene Ixabel maiteari gutuna martxoak 10ean jota natzan ohetik (Carta a mi querida Ixabel el 10 de marzo desde la cama en la que yazco), obtuvo el primer premio en el concurso Cuentos Incombustibles organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, en 1982. Poco después vio la luz su primera obra: el libro de relatos Dudular (Erein, 1983). «En ese trabajo el exotismo de algunos de los cuentos se enfrenta al estilo más cercano al underground de otras narraciones. La presencia de personajes marginales y el destino trágico de algunos de ellos marcan la temática de estos cuentos escritos en un estilo moderno y formalmente avanguardista», explica la crítico literaria Mari Jose Olaziregi (in Olaziregi, Mari Jose. Euskal eleberriaren historia, Labayru, Bilbao, 2002).

La senda iniciada en Dudular tuvo continuidad en sus siguientes publicaciones: Pic-nic zuen arbasoekin (Pic-nic con vuestros ancestros; Erein, 1985), Hamasei urte bete nuenean hiriko argiak iraungi ziren (Cuando cumplí dieciseis años las luces de la ciudad se apagaron; Gobierno Vasco, 1986) y Nora noa? (¿A dónde voy?; Erein, 2001). Sobre este último ha escrito Olaziregi: «Muestra los temas predilectos del autor: los conflictos en las relaciones humanas, el desierto com símbolo de nuestro mundo decadente, el caos, la injusticia de la civilización, o la deseperación que acarrea el continuo progreso» (in Olaziregi, Mari Jose. Op. Cit.).

Nafarroako artizarra (Venus de Navarra; Elkar, 1984), recientemente reeditada, supone el inicio de la novelística de Iturralde. Los protagonistas de esta novela ambientada en la Edad Media son dos hermanos que desde hace tiempo viven distanciados del ámbito familiar. Sus andanzas sirven como excusa al autor para dar cuenta de la historia de una serie de ciudades entre las que se encuentra Estella, que en la citada época fue lugar de encuentro de varias etnias. Tras Nafarroako artizarra el de Tolosa elaboró una trilogía teniendo como telón de fondo la historia reciente de Euskal Herria. El primer título, Izua hemen (El miedo aquí; Erein, 1989), fue galardonada con el primer premio en el concurso de novela de la Diputación Foral de Vizcaya. Una vez finalizada la Guerra Civil, el protagonista de la obra, Kepa Zenika, es enviado a Rusia para que analice la situación de los niños vascos que se hallan exiliados en dicho lugar. Pero por problemas de índole política Zenika no consigue entrar en el país, por lo que decide marchar a Finlandia. Allí decide emprender una nueva vida al lado de una mujer. Mientras su hijo, que aún permanece en Euskal Herria, pasa a formar parte de ETA tras lo cual será detenido y torturado por la policía. «En este libro Iturralde nos presenta a un protagonista ambulante. La palabra ambulante nos lleva a la modernidad, a lo desarraigado, al anonimato. Pero a pesar de que se mueve de un lado para otro, lleva inserto en él el miedo, ese árbol negro que crece como un tumor maligno. A lo largo de la novela Iturralde retrata los problemas de la sociedad y del ser humano contemporáneo, o mejor dicho, uno de sus problemas, el miedo, utilizando para ello una prosa cercana a la realidad. El miedo está aquí y el hombre en su soledad», ha escrito Amaia Iturbide (in Iturbide, Amaia. "Izua hemen", Euskaldunon Egunkaria, 16-07-1995).

A Izua hemen siguió Kilkirra eta roulottea (Grillo y la roulotte; Erein, 1997). Según esta novela, un americano (grillo) llega a Euskal Herria siguiendo el rastro de la mujer que un día amó. Pero todo acaba por complicarse pues el ambiente, sobre todo político, es bastante complejo - son los años de la Transición -, y el americano acaba en un Instituto dando clases de inglés. Cansado de llevar una vida rutinaria, decide comprar una roulotte para viajar por toda Euskal Herria, haciendo si hace falta auto-stop. «A través de ciertos personajes y situaciones podemos visionar la imagen de una época concreta, una imagen que va más allá de la descripción puramente histórica con el objetivo de adentrarse en las vivencias de los turbados habitantes. Mediante un lenguaje directo y con grandes dosis de humor, Kilkirra eta roulottea analiza nuestra realidad pasada y presente» (in Olaziregi, Mari Jose. Op. cit.). Por esta obra Iturralde se hizo con el Premio de la Crítica Nacional.

La trilogía viene a concluir con Euliak ez dira argazkietan azaltzen (Las moscas no salen en las fotografías; Erein, 2000). En ella, el detective Julio Rekexo recibe el encargo de investigar a unas mujeres, tras cuyo rastró andará entre Bilbao y Londres. «Rekexo es un mujeriego por lo que surgirán situaciones enrevesadas entre él y las mujeres a las que debe espiar. La narración de los hechos muestra gran ironía, y no resulta menos sorprendente la figura del poderoso doctor Kutz de quien tendremos constancia según vaya avanzando la historia. Tal y como el autor dijo el día de la presentación de la novela, el control y la manipulación que la sociedad ejerce sobre nosotros, las relaciones entre hombres y mujeres, la lejanía y el destierro... son algunos de los temas que refleja Euliak ez dira argazkietan azaltzen» (in Olaziregi, Mari Jose. Op. Cit.).

Iturralde también es un autor conocido por su labor en el ámbito de la literatura infantil y juvenil. Tras la publicación de Zikoinen kabian sartuko naiz (Me meteré en el nido de la cigüeñas; Pamiela, 1986) ha escrito una veintena de libros entre los que se encuentran Londresen nago aitonarekin (Estoy en Londres con el abuelo; Erein, 1987), Ijitoak dauzkat etxean (Tengo gitanos en casa; Pamiela, 1988), Lau bizikleta urrutira joateko (Cuatro bicicletas para ir lejos; Erein, 1994), así como la colección de libros que cuenta como protagonista al travieso adolescente Risky, publicada por Ibaizabal.

Por otra parte, gracias al esfuerzo de Iturralde pueden leerse en euskera El viejo y el mar (Elkar) de Ernest Hemigway, Tierra baldía (traducido con la colaboración de Joseba Sarrionandia; Hordago) de T. S. Eliot, Rebeldes y La ley de la calle (Desclée /Alfaguara) de Susan H. Hinton, Cuentos escritos a máquina (Desclée /Alfaguara) de Gianni Rodari, Volando solo y Matilda (Desclée /Alfaguara) de Roald Dahl, No pidas sardina fuera de temporada (Desclée /Alfaguara) de A. Martin y J. Ribera, Conrad (Desclée /Alfaguara) de Christine Nöstlinger, Retrato hecho de humo de Bill S. Ballinger, Rubaiyata (Erein) de Omar Khayyam y El tesoro de los hermanos Bravo (Erein) de Ignacio Martínez de Pisón.

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Foto: 111akademia.com