JIMENEZ, Edorta

(Mundaka, 1953)

Nací el 8 de noviembre de 1953, año de Concordato, Opus Dei, ayuda americana y derrota continua de los ya derrotados, en el seno de una familia pobre y en el coseno de la buena sociedad de Mundaka. Estudié electrónica, asignatura ya olvidada que me ayudó a buscar en la literatura fugas tangenciales para mi carga de electrones rebeldes.

Empecé a escribir pronto, lo dejé, me llevaron a la mili y allí me encontré con la primitiva lengua de los vascos. Volví involuntariamente a Madrid en aplicación de la legislación antiterrorista –un lamentable error, me dijeron– y luego ya me dediqué más a la poesía. Con cinco libros como cinco fracasos bajo el brazo, me pasé a la prosa. Tras publicar tres novelas y cinco libros de relatos, el año 2001 me publicaron una breve colección de textos –Euskalduna revisited–.

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Estudió Magisterio por la rama de Filología Vasca, pero la necesidad de tener que sacar adelante su vida lo ha llevado a desempeñar diversos oficios: durante una temporada fue marinero, y también ha ejercido como profesor, guionista de cine y televisión –ha participado en la elaboración de varios programas de Euskal Telebista: Hau komeria!, Farenhait, Beti eskamak kentzen, Babel y Sautrela entre otros–, y traductor. Tampoco le es ajeno el periodismo; de hecho, ha sido columnista en periódicos como Egin, Gara y Euskaldunon Egunkaria*.

Como autor, en un principio Edorta Jiménez se encaminó por la senda de la poesía. Bajo el seudónimo de Omar Nabarro llegó a publicar seis poemarios: Itsastxorien bindikapena (Susa, 1985), Egutegi esperimentala (Calendario experimental; Susa, 1986), Gizaeuropa (Europa humana; Susa, 1986), Gaua zulatzen duten ahausietan (Susa, 1987), Eragiketa basatiak (Ejercicios salvajes; Susa, 1987) y Odoleko eskifaia (La tripulación de la sangre; Susa, 1989). Según señala Koldo Izagirre, «aquella que Lauaxeta prefería ver desde Artxanda, aquella que Aresti maldijo con rabia y que Gandiaga descubrió en Madrid, es decir, la ciudad del pecado, de la extranjería y de la opresión, Omar Nabarro la toma con total naturalidad a modo de espacio poético. Para él, el barco alemán del puerto de Zorroza al que alude Aresti es algo de todas las noches, y es comprensible que sea revestido con una nueva fueraz simbólica: los barcos, además de traer la monotonía del trabajo, debe coger la carga para el cementerio».

De todas maneras, en la poesía de Jiménez-Nabarro la ciudad no es un simple escenario. «También es lugar de encuentro de los seres humanos, así como recorrido de accidentes amorosos y conciencia de los fracasoso colectivos. Omar Nabarro escribe desde esa conciencia queriendo salvar nuestra historia, porque este Bilbao en cierto tiempo también tuvo una ferrería que quiso defender la libertad», añade Izagirre. «Este poeta padece nuestra historia moderna como si la inocencia aquí, ahora, fuera un crimen. Pero afortunadamente no puede ahogar la voz lírica que lleva dentro. Porque la poesía de Omar Nabarro posee algo que va más allá de la historicidad, en algunos casos permanece oculto en otros aflora de manera evidente pero está presente en todos sus poemarios, y se contrapone a la dureza física y espiritual de la ciudad: el agua, la lluvia, el mar, lo líquido. El poeta tiene una tremenda sed de salitre, podríamos decir que bajo la presencia de Bilbao se encuentra la presencia de Mundaka, la naturaleza lo atrae siempre. Nabarro quiere unirse, quiere fundirse con las gotas, la lluvia, las gaviotas, la marea, las abundantes olas que aparecen esparcidas aquí y allá. Esa necesidad de la calma del mar, ese querer ir junto a la caída de la lluvia, entraña la búsqueda del absoluto. Lo duro y lo flexible, lo concreto y lo abstracto, la historia y la eternidad, la épica y la lírica permanecen en abundante inquietud en la poesía de Omar Nabarro» (in Izagirre, Koldo coord. Omar Navarro, XX. mendeko poesia kaierak, Susa, 2001).

A partir de la década de 1990 Jiménez se adentra en la narrativa. A dicho género pertenece Speed gauak (Noches de speed; Susa, 1991), novela situada en el ambiente nocturno del Casco Viejo de Bilbao. El protagonista de esta obra cercana al realismo sucio norteamericano es un hombre que nos da cuenta de sus salvajes andanzas bajo el influjo de las drogas. «Un robo sucedido en Bilbao define el hilo narrativo de esta obra. Pese a no ser una novela policíaca, Speed gauak posee grandes dosis de intriga puesto que según avanza la historia llega a resolverse un asesinato», explica la crítico literario Mari Jose Olaziregi (in Olaziregi, Mari Jose. Euskal eleberriaren historia, Labayru, Bilbao, 2002).

Con su siguiente libro, Azken fusila (Susa, 1993; El último fusil, ed. Hiru, 1994), Jiménez obtuvo en premio literario Azkue. Los sucesos que recoge la citada novela se sitúan en el año 1952, es decir, en la recién comenzada posguerra, teniendo como marco escénico la localidad en la que nació el autor: Mundaka. Los presos republicanos participan en los trabajos de asentamiento de la vía ferroviaria en la costa de Vizcaya, hecho que alterará el paisaje de la zona. «Además de dar cuenta de las amistades y sucesos que acontecen alrededor de esos trabajos, la novela muestra un segundo plano narrativo, concretamente el que ofrece el guerrillero maqui que aparece repentinamente en la casa de su amigo el capitán Onofre. La buena presentación de las características de los personajes, sobre todo la profundización que hace en la psicología de Onofre, el tempo de la novela, el uso heteroglósico de varias vertientes del vizcaíno, la excelente documentación que hay en la base de la novela... he ahí algunos de los logros de El último fusil», apunta Olaziregi (in Olaziregi, Mari Jose. Op. cit).

En la misma Mundaka se sitúa Baleen berbaroa (Txalaparta, 1997; Voces de ballenas, Txalaparta, 1999), aunque en esta ocasión el autor dirige su mirada al siglo XVI, para dar cuenta de la caza de ballenas. De todas maneras, sería erróneo adscribir Voces de ballena a la novela histórica. La historia que nos narra Jiménez, con el asesinato de un marinero de por medio, muestra claras influencias de la novela de aventuras así como de intriga.

Entre sus últimas novelas se encuentran Kilkerren hotsak (Las voces de los grillos, Susa, 2003), donde vuelve a retomar el ambiente de la Guerra Civil, y Sukar ustelaren urtea (El año de la peste; Txalaparta, 2004). Esa última es una novela de aventuras ambientada en el siglo XVI. Tal y como explica Felipe Juaristi, en dicha obra encontraremos «aventuras marinas, barcos de un lado para otro, jóvenes de mirada ensoñadora, la guerra y la fiebre, el fuego y la muerte, la peste. Y el odio ley... (in Juaristi, Felipe. "Gorroto ustela", El Diario Vasco, 20-05-2005).

Jiménez también ha pblicado libros de cuentos: Urdaibaiko ipuin eta kondairak (Cuentos y leyendas de Urdaibai; Zubia, 1996), el premiado en el concurso Gabriel Aresti Atoiuntzia (El remolcador; Elkar, 1990), Manhattan (Elkar, 1994) y Laudanoa eta sutautsa (El láudano y la ceniza; Susa, 1996). En opinión de Olaziregi «en Manhattan aparecen el sexo y el mundo de las drogas en historias impregnadas por el cine y el rock & roll; mientras en El láudano y la ceniza se escenifica la eterna lucha entre Eros y Tanatos a través de un viaje literario que transcurre por épocas y ambientes diferentes» (in Olaziregi, Mari Jose. Op. cit).

Otras obras del autor son el libro de crónicas Europako mugetan barrena (A través de las fronteras de Europa; Txalaparta, 2001), donde narra un viaje en tren por Europa, Hemingway eta euskaldunak zerbitzu sekretuetan (Hemingway y los vascos de los servicios secretos; Susa, 2004), San Fermingway. Otras historias de Ernest Hemingway (Txalaparta, 2005), George L. Steer, Gernikan izan zen kazetaria (George L. Steer, el periodista que estuvo en Gernika; Txalaparta, 2004), y la biografía Robert Capa (Elkar, 2005).

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