LERTXUNDI, Anjel

(Orio, 1948)




© Mari Jose Olaziregi

Publicado en la revista Transcript, 2005.




Anjel Lertxundi estudió Filosofía y Letras en San Sebastián, Roma y Valencia. Ha trabajado durante varios años en el ámbito de la enseñanza y del periodismo. Fue presidente de la Asociación de Escritores Vascos, EIE entre 1982 y 1985. Sus aportaciones literarias son muy variadas: ha escrito más de 30 libros de literatura infantil y juvenil (Tristeak kontsolatzeko makina, 1981 - La máquina de la felicidad, 1988; Lehorreko koadernoa, 1998 - Cuaderno de tierra firme, 2001), además de interesantes ensayos (Mentura dugun artean, 2001), importantes libros de cuentos (Aise eman zenidan eskua, 1980; Piztiaren izena, 1995 - El huésped de la noche, 2001) y unas diez novelas. El esfuerzo literario de Lertxundi se define por la continua búsqueda de su yo poético. El libro de cuentos Hunik arrats artean (1970), por ejemplo, fue para muchos la obra que marcó el principio del cuento vasco moderno; en este libro se nota la influencia del realismo mágico sudamericano, así como la del teatro y cuento del absurdo. Más tarde aparecerían la novela alegórica Ajea du Urturik (1971) o Goiko kale (1973), novela autobiográfica que se acerca al planteamiento neorrealista.

La novela Hamaseigarrenean, aidanez (1983) tuvo un gran éxito entre los lectores vascos, y fue incluso llevado al cine bajo la dirección del escritor. En la novela se narra la historia de una apuesta atroz, y tal y como decía el escritor en una entrevista, uno de los objetivos de la novela era denunciar la complicidad de los casos de violencia. La historia se desarrolla en un ambiente rural, pero lejos de presentar este ambiente en un modo habitual, el autor utiliza técnicas narrativas verdaderamente modernas (cf. Pavese). Tras estas novelas, la evolución novelística de Lertxundi dio un giro radical y nos introdujo en un viaje intertextual que fue alimentándose de diferentes tradiciones poéticas. Una de las novelas escritas bajo esta nueva corriente sería el famoso Otto Pette: hilean bizian bezala (1994), novela que consiguió clasificarse como finalista para el Premio Nacional de Narrativa de España. Esta novela de gran riqueza estilística comienza con la aparición de un extraño en la puerta del barón Otto Pette. Aunque no es una novela histórica, las descripciones de los personajes, los sucesos narrados y el ambiente en general sitúan esta novela en la Edad Media. La labor de documentación desempeñado por el autor es muy importante en esta obra. Se pueden apreciar, entre otras cosas, las referencias a la peste que azotó Europa en el siglo XIV (sacadas de A Jounal of the Plague Year, 1722 de D. Defoe), algunos motivos literarios conocidos (el baile de la muerte) o la mención de Fiammeta.

En la serie Ifrentzuak creada en 1995, el escritor emprende un viaje literario que abarca tradiciones puramente vascas (y por lo tanto, universales) y otras más universales (es decir, también vascas): el libro de cuentos Piztiaren izena (1995), que trata del diablo y del mito de Fausto; la novela fantástica Azkenaz beste (1996), la metanovela Argizariaren egunak (ganador del prestigioso Premio Literario Euskadi en 1998); y Letrak kalekantoitik (1996) que es un glosario de refranes, mitos y canciones populares. La novela fantástica Azkenaz beste consigue enganchar al lector desde el principio. A lo largo de 300 años, los protagonistas de esta obra atraviesan las planicies de América y de Europa en un viaje fantástico donde se mezclan leyendas, mitos y literatura. En la novela Argizariaren egunak (1998) se hace una reflexión en torno a la muerte, la locura y la escritura, utilizando los recursos de la metaficción.

La muestra que hemos elegido para esta revista es un fragmento de la novela de Lertxundi Zorion perfektua (2003). Novela realista de tono lírico, esta obra narra la ruptura interna y la conmoción que sufre una adolescente de 16 años tras haber sido testigo de un atentado. El narrador cuenta esta historia a los 14 años del asesinato, y esta narración moral donde impera un deseo de confesión se mueve constantemente entre esos dos planos. Y decimos que es moral (no moralista), porque al ponernos ante tal atrocidad, Lertxundi denuncia abiertamente la felicidad perfecta sin conciencia que da el título a la obra.




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