OÑEDERRA, Lourdes

(San Sebastián, 1958)

"Mi primer contacto consciente y voluntario con la literatura tuvo lugar siendo aún estudiante de Filología Hispánica, cuando, para el curso de Txuma Lasagabaster y a propuesta de mi compañero Gotzon Egia, hice un trabajo sobre la novela Ehun Metro. Aquel trabajo se convirtió luego en epílogo de esa novela de Ramón Saizarbitoria. Fue, claro, la época en la que conocí a Ramón y su entorno literario, la época de la revista Oh! Euzkadi y otras muchas ebulliciones. Debo a aquel entonces y, sobre todo, a Ramón el haber pasado de escribir a creer que, además, debía hacerlo. También las reseñas semanales de literatura para la revista Ere, con Andu Lertxundi de jefe, pertenecen al periodo de la carrera. Luego hay otra cosa que ocurrió no sé exactamente en qué momento, pero, para cuando en 1980 me fui a Estados Unidos a hacer un máster en Lingüística, ya tenía claro que no quería analizar la literatura nunca más. Ya estaba asustada: temía que, si seguía analizándola, se me gastaría ese no-sé-qué que, desde pequeñita, me había hecho poner las cosas en palabras y las palabras en papel. Desde entonces, he dedicado la mayor parte de mi horario profesional, y algo más, a la investigación y docencia de la fonología. De vez en cuando, he escrito en Egunkaria, Argia, Diario de Álava y en Hika sobre esto y aquello (frecuentemente sobre nuestro ahora, el idioma, nuestra situación).

Hay, sin embargo, rendijas por las que se me cuelan otras cosas y, cuando me tomo en serio alguna de ellas, salen historias. Así escribí, peleándomela a lo largo de muchos años, la novela ... Eta sugeak emakumeari esan zion, 1999 (... Y la serpiente dijo a la mujer, 2000). Como gustó y tuvo éxito, me animé a publicar los cuentos "Anderson anderearen kutixia" ("El capricho de la Señora Anderson") y "Beranduegi", y alguna que otra colaboración para revistas y publicaciones diversas.

Ahora, irremediablemente, mis trabajos de fonología me llevan a investigar el ritmo de la lengua. Vuelvo, pues, a rozar el terreno literario que tan celosamente he querido no tocar en mi vida profesional."

Oñederra, L. "Biografía" in Olaziregi, M.J. (ed.), Pintxos. Nuevos cuentos vascos, Lengua de Trapo, Madrid, 2005.


©Mari Jose Olaziregi




La irrupción, en los últimos años, de nuevas escritoras al mercado editorial vasco protagonizado, hasta ahora, por hombres es, sin duda, uno de los acontecimientos literarios más importantes de nuestra historia más reciente. A los ya reconocidos nombres de Arantxa Urretabizkaia, Mariasun Landa, Itxaro Borda, Laura Mintegi o Arantxa Iturbe, se les han sumado narradoras como Lourdes Oñederra, Ana Urkiza o Ixiar Rozas. En este sentido, creemos que la aparición, en 1999, de la novela Y la serpiente dijo a la mujer (Ed. Bassarai, 2000) de la donostiarra Lourdes Oñederra ha marcado un hito importante entre nosotros. Y decimos que ha marcado un hito porque fue galardonada con los premios literarios más importantes en nuestro ámbito literario: el Premio de la Crítica, el Euskadi de Plata y el Premio Euskadi-2000. Se trata, sin duda, de un palmarés relevante para la primera novela de una autora que, aunque conocida por sus colaboraciones en revistas literarias y prensa euskaldunes, ha primado, hasta la fecha, su labor investigadora y docente en la Universidad del País Vasco.

Como vemos, es la referencia al texto occidental más impactante, a la Biblia, la que condiciona el paratexto de la novela. Sabemos que la serpiente tentó a Eva y le prometió ser poseedora de toda la sabiduría si comía la manzana. Las consecuencias de su actuación son por todos conocidas: la culpa y el castigo. Y en el caso de las mujeres, la condena a vivir sometidas a los hombres. Esta referencia intertextual nos sitúa ante el núcleo temático de la novela ya que, Y la serpiente dijo a la mujer, habla del abismo que hay entre hombres y mujeres, de las incomunicaciones y soledades a las que estamos condenados, o de la sinrazón de las consignas o historias con las que tratamos de dar sentido a nuestras vidas.

El viaje que realiza la protagonista de la novela, Teresa, una mujer de 35 años, a Viena sirve de excusa narrativa para relatar su viaje interior. Gracias a las referencias que, desde el principio, se mencionan (el pintor Jaspers Johns, que en The four seasons (1986) pintó las diferentes edades del hombre; A. Vivaldi o la canción de F. De André), sabemos que, exceptuando la muerte, el viaje de Teresa no tiene ningún otro desenlace posible. Pero además, en esta novela organizada en torno al tiempo cíclico de las cuatro estaciones, sabemos, desde el principio, cuál va a ser el final de dicho viaje: Teresa lleva 10 años casada ("demasiados años para estar aburrida") y tras este viaje diseñado, en principio, para aligerar su cansancio, su vida tomará un nuevo rumbo: "Vienes con tu marido, pero te marcharás sola. No sabes que el paréntesis que ahora abres no se cerrará por sí mismo".

Condenada a refugiarse en un lenguaje y unos términos que continuamente le traicionan (amor, amistad, ilusión, fidelidad,...), Teresa no tiene otra opción que continuar intentándolo. "Contar, decir, hablar", verbos que nos recuerdan la imposibilidad de seguir narrando y la necesidad de tener que hacerlo. Al igual que los personajes de S. Beckett, Teresa sabe que es ese lenguaje el que le sigue conectando a la vida, ese lenguaje que, aunque extremadamente sospechoso (cf. L'Ère du soupçon), es el único que tiene. De ahí el estilo preciso, comedido, durasiano que utiliza autora en esta novela, un estilo alejado de todo barroquismo y que trata de plasmar las vivencias más intensas con un lenguaje contenido.

Seguramente, como dice Teresa, porque las mujeres creen que el amor de los hombres es elástico, y que, en realidad, no las aman. De ahí las referencias que se hacen a las películas Belle de jour o Le dernier métro, o las continuas menciones que se hacen de la soledad y melancolía de las mujeres. Al final de la novela, Teresa se armará de valor y tratará de romper con todo ese pasado que la aprisiona, tratará de comenzar una nueva vida, de arriesgarse.

Los cuentos de Lourdes Oñederra, como el titulado "El capricho de la señora Anderson" (cf. Pintxos. Nuevos cuentos vascos, Lengua de Trapo, 2005) juegan con las miradas y los silencios que rodean a sus personajes. Y esas miradas significan deseo en los textos narrativos de Oñederra. La cita de Doris Lessing y su Love, again inician en "El capricho de la señora Anderson" el relato del deseo inconfesado de esa señora de edad que no duda en permitirse un pequeño capricho al inicio de cada primavera. El universo narrativo de Oñederra juega con miradas, con interrupciones y repeticiones que marcan el ritmo narrativo, descripciones que derrochan sensualidad... pero, ante todo, con silencios que buscan la complicidad del lector.




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© Y la serpiente le dijo a la mujer: Bassarai