ANSELMI, Luigi:
Algunos poemas

Después de algunos siglos
De dominación humana,
El mundo yace
Olvidado en un rincón
Del infinito vertedero celeste
Como una caja de Pandora
Desvencijada y sucia.
Una vieja caja
Llena de agujeros
Y sin tapa
Donde ya nada queda:
Ni siquiera esperanza...

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





La paz

Un día, tal vez,
cuando la estrella de David se apague
o sus vértices agresivos
se queden de pronto sin punta,
como los lápices de un niño...

(¿O debiera, quizás mejor, decir
cuando se extinga
esa constelación de falsos astros
que, arrogantes, gravitan
en el cielo multicolor
de las banderas?)

Cuando en su caravana silenciosa
la media luna alcance la otra orilla
del desierto implacable de la noche
y se diluya dulce
como un azucarillo
en la mañana azul.

Cuando arda al fin la cruz
y todos los patíbulos.

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





Tal vez también nosotros
hayamos nacido demasiado pronto,
como esa camelia japonesa
-esa rosa perfecta,
sin espinas-
que florece en enero
cuando la nieve
repentinamente se retira.

Porque incluso en pleno invierno
sopla el viento del sur
algunas veces,
y sus cálidos labios
repiten las palabras
que, dicen, susurró aquella serpiente
del Paraíso.

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





¿Cómo compararnos con Ulises?
También nosotros navegamos perdidos,
es verdad,
pero somos incapaces
de recordar siquiera el viejo puerto
del que un día partimos.
Nuestro dudoso ingenio
no ganó ni perdió
para nadie ciudades
y aferrados al timón
de nuestra cobardía
avanzamos despacio,
torpemente
esquivando
Cíclopes y Sirenas...
Ignoramos dónde está Itaca
o cuándo llegaremos
a esa isla póstuma
en cuyos lúgubres muelles
casi nadie desea
atracar nunca.
Pero es inevitable y lo sabemos.
Por suerte el mar inhóspito
esconde también islas inesperadas; islas
donde, a veces, se reúnen
algunos náufragos como nosotros
a compartir
su pequeña ración de provisiones:
vagos recuerdos
y risas cómplices
que olvidarán muy pronto,
una vez que regresen
a sus frágiles naves
y se adentren de nuevo
- densa niebla de sueños y nostalgias -
en el futuro incierto.

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





Vejez

Lo peor de la vejez no son las arrugas,
los dientes vacilantes, la memoria agrietada,
-o al revés, da lo mismo-
ni este dolor de huesos en las mañanas húmedas.

Lo peor de la vejez no es la nostalgia
royéndonos el pecho,
o la muerte apuntándonos
cada vez más precisa.

Ni tampoco esos rostros jóvenes y arrogantes
incapaces de ofrecer una sonrisa
de cinco céntimos
a la pobre mirada
que mendiga su favor
en las aceras.

Con ser todo eso malo,
nada es peor, sin duda,
que el desdén implacable de los dioses...

¿Por qué se olvidarían,
como un despertador estropeado,
de llamarnos a la hora...?

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





El poeta y la lluvia

El poeta regresa
a sus viejas palabras
cada noche
como vuelve la lluvia
a las áridas calles
de la ciudad y enjuga sus mejillas
duras y polvorientas,
y las pule de nuevo
y les devuelve el brillo
que hurtó el tiempo
a la piedra gastada
y la dulzura sobria
de la música antigua.

Igual que en un espejo
oscuro y palpitante
donde imprecisos flotan
los rostros de los muertos
y los sueños se apilan
como juguetes rotos
en el viejo desván de la memoria,
el poeta se mira unos instantes
en el suelo mojado
e intenta inútilmente
atusarse las greñas
del alma con los dedos temblorosos.

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





Fugit irreparabile tempus...
Y no deja otra huella tras de sí
que el alivio
o la nostalgia...

El verano agoniza
y regresamos,
golondrinas sin alas,
a los nidos inhóspitos
y aburridos
de siempre;
al otoño
que ya empieza a crujir
a nuestros pies
igual que la corteza
de un pan recién cocido.

Como una cinta gris
volando al viento
la carretera esquiva
los montes ondulados,
las blancas casas
que van vertiendo
lentamente el humo
como un espeso vino
amargo y turbio
en el inmenso vaso
azul del cielo,
hasta que al fin rebosa
y las primeras gotas se derraman...

Y el limpiaparabrisas,
como el pesado péndulo
de un viejo reloj destartalado,
intenta torpemente
poco a poco
atravesar las brumas
del futuro.

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi





Soledad

Deseamos la soledad,
la veneramos
como a una diosa radiante
cuya presencia
total, abrumadora
nadie puede resistir...

©Anselmi, Luigi. Gau ertzekoak, Pamiela, Iruñea, 2004 ©Traducción: Luigi Anselmi