LASA, Mikel:
El tamarindo y la higuera

I. Amores perdidos

Ama mi alma
los higos de madurez temprana

(Axular)

La tristeza de la lluvia
cayendo en un fin sin fin.

Los gatos durmiendo en las buhardillas,
dando tiempo al tiempo...

Es un recuerdo de paraísos perdidos
bajo una palmera gigante
teniendo por compañera a la sombra
bajo el tamarindo y la higuera
prevaricamos
en pecado carnal
tristes nuestras ánimas por la lluvia que caía
como son tristes las ramas del tamarindo
en la orilla del mar
bajo la lluvia (que caía)
triste y podrida la palmera
a la caída del verano
en el jardín del morado chalet
no lejos de la playa de Zarauz.

Como cruzando nuestros cuerpos
(sabíamos que no nos amábamos)
buscamos en el otro lo que no poseíamos
dentro de nosotros mismos:
lo que ni el mundo indiferente, ni la terrible mar,
ni la soledad de la playa
nos podía dar: el rastro del amor.

Aquella tarde era la última tarde del mundo
y accedimos al embate de la vida.
Desmemoria del día primero que había cantado
a comienzos de primavera,
del día en que Dios le infundió la vida
en este último día del paraíso.

Los gatos en las buhardillas duermen
perdidos en sueños informes,
deshaciendo los años y los instantes
o multiplicando al infinito el tiempo.

La «DANA» y la «NADA» cierran el círculo.

II. Huellas del tiempo

El triste sino de mi vida
que a lo largo del tiempo
colorea el hilo de mis años
y deja marcada la escultura de mi cara
en líneas verticales
y rodea mis ojos con halos de desesperanza.

El viejo metal cobrizo de las viejas barcazas
no tiene la tristeza de mi triste cara
y la playa desierta vaciada de arena
en las postrimerías del verano
no tiene el sabor amargo de mi cansancio.

El tamarindo y la higuera
han sido sacados de cuajo
de las islas de mi infancia ¡todos!
Sólo los juncos dando la cara al viento
murmuran salmos de tristeza
y flagelados y movidos por el viento norte repiten:

«¡Oh desolación de nuestro tiempo!».

Versos rotos

Es inútil colgar la poesía en la bóveda del cielo
mientras el grito de la gaviota o la panza redonda de una chalupa
son más bellos que cualquier poema.

Al poeta en su infancia le despojaron arteramente del ansia del dinero
pues sabían con certeza cuán miserable es la idea sola.
Pero yo digo:

Si damos testimonio de la verdad del poema
con nuestra sangre seremos como payasos sin gracia

Si el poeta no es capaz
de ahondar en las entrañas de la nada
¿quién se atreverá a sacar a la luz
las verdades malolientes?
Pero León Felipe dice:

Que la cuna del hombre la mecen los cuentos...
que el llanto del hombre lo taponan los cuentos...

A quién no le es grato decir:
Soy poeta ingenuo un poeta campesino
y sólo conozco los mil colores de las mariposas
y las palabras más feas de mi diccionario son «rosa» y «clavel».
Pero yo digo:

Mientras la herencia de los Caballeritos no sea del pueblo
no creeremos en el falso cuento de los Caballeritos.

Hay palabras que se escapan de nuestro diccionario
y ya no son sino
el recuerdo insulso de una memoria perdida.
¡Pero si supieran los vascófilos que la lengua más pobre
es incluso demasiado rica
para contar esta historia rota
que llevamos en nuestros bolsillos!

Esperpento

Fiesta de Carnaval
y en la noche de Carnaval
errando a través de las calles desiertas y silenciosas
de esta gran ciudad nórdica
recorriendo burdeles
las de cuatrocientas y las de trescientas
para nuestras miserables bolsas bastan las de cien.
Todas son mujeres
y nosotros sólo buscamos el encanto podrido de los cuerpos usados.

Los dos sexos en guerra
hacen las paces en los recovecos de los viejos muros de una iglesia.

Nos son indiferentes en esta soledad
los rostros hermosos o repugnantes
en la semblanza de todas ellas
paréceme adivinar la locura, la mirada fija
en cada rostro yermo.

Es Carnaval, noche de Carnaval
y nadie tiene noticias de la soledad del otro.
Cada farola tiene su límite y muere en su sombra
en una agonía silenciosa
como ese Cristo profanado, desnudo
en la vera del camino, radicalmente desesperado
en agonía o ya descendiendo a los infiernos.
Cristo de «sin el tercer día», ¡creo!
Y siendo millares las luces no iluminan.
La noche es dueña de los espacios.

Así nosotros, así nuestra soledad
a las tres horas, no exactas, de la noche de Carnaval.

Alucinación

Nada es nada es verdad
soy el que está a la contra
y nadie está a mi favor.

Estoy en la medianoche
en la isla de los románticos
en la frontera del ser
en el límite del límite.

Y en el castillo del Marqués de Sade.

Estoy en la medianoche
y los muertos me acompañan
joven Aragon Tzara Neruda
Lautréamont pobre Lelian
Kafka
y la mirada triste de Baudelaire.

Estoy en la medianoche
y las sombras me acompañan
para no quedarme solo
por los siglos de los siglos.

Imágenes eternas y banales

Enamorado he escrito tu nombre
sobre la arena mi amor
sobre la arena y a la vera del agua.

B. La femme que j'ai choisie
la femme que j'ai chérie.
Mientras dibujaba
imágenes eternas y banales
(el corazón y la flecha)
sobre la arena y a la vera del agua.

Nuevo poeta

Tu palabra
no es manteca ni miel:
piedra, mar y viento.

Quiero respirar el viento planetario
oir la respiración del mundo.
En los múltiples caminos de Europa
(entre tanta gente yo, solo)
adorar el sol del mediodía
trabajar de mañana a mañana
y al atardecer jugar con los negros dioses.

(Pero no me importa)
a la noche me sentaré a la vera del camino
junto al humilde montón de guijarros
y cruzando las piernas cogeré la guitarra
como los viejos bardos cantaré una canción
indiferente y triste:

Cielo o estrella, qué más da.
El gesto y la sonrisa del hombre
son mil cielos y mil estrellas.
Cielo o estrella, qué más da.

Ve y dile a Rilke:
el polvo de las estrellas es cruel
y la luz lechosa de la luna
me da náuseas.

Poblaré la soledad de mi alma
de sonrisas de hombres y besos de muchachas.

A modo de Baudelaire

Despecho y tristeza en sus ojos
los hombres no le engañan.
Entre risas y sonrisas simuladas
la apsión carnal no despierta el deseo
en su corazón ni en sus labios.
Despecho y odio se desprenden
de sus dos ojos negros.

Te quiero amor te quiero,
no como los necios callejeros.
Te quiero amor te quiero
pero con odio y con locura
a cambio de mi alma tu cuerpo.

Bajo un nuevo sol

Si tras la noche de oscuras pesadillas
contemplas con renovados ojos
un nuevo firmamento, color de auténtico
amor, sin lunas ni estrellas seductoras,
no lo pienses más,
estás bajo un nuevo sol.
No preguntes, no busques,
desecha toda duda,
estás bajo un nuevo sol.

Cuando todos los seres vivos despierten, y caigan las sombras,
a la hora en que el día despunta,
encendiendo en llamas la silueta de los montes,
todo verdadero, todo nítido, sin dudosos sueños fascinadores;
aunque aún no haya aparecido,
ya lo sabes:
estás bajo un nuevo sol.

Si con diecinueve o veinte años
te sientes inquieto en el entorno,
si rebosante de fuerza corporal y espiritual
precisas del ancho mundo.
Y si percibes el empuje creativo,
la necesidad de otro ser,
de la explosión cruda del amor,
no preguntes, no busques,
desecha toda duda,
llámame con tranquilidad:
estamos bajo un nuevo sol.

«Hoy abrí la ventana que mira al mar y al viento» (1)

¡Cuán terrible es la belleza desnuda!
La línea de la costa que se evade hacia el norte
el vuelo de las grandes aves grises que aman el invierno
el ojo grande del Sol sobre la isla.

El paraíso del hombre nuevo son los ponientes de la aurora
y el ángel puro que habita en mí
está a punto de noquear al negro dios del atardecer
voy a cantar la letanía del hombre nuevo
en el fulgor escondido de las cosas humildes
el clavel salvaje que en mis labios llevo
el agua glauca danzando en los recovecos de las rocas
y las siete distintas luces de mi alcoba.

Voy a cantar el aleluya del hombre nuevo
cuántos paquebotes en el mar de mis ojos
qué ruido de metales cuánto grito a mi derredor
cuánto hierro cruzado qué belleza de estructuras
reforzando la tierra que mis pies pisan
y por encima de todo el ojo-grande-del-sol
poniendo el punto sobre las impertinentes íes del mundo.

El día en que se atreva el hombre
el día en que libere su débil cuerpo
¡qué fuerza qué terrible seriedad en su amor!
Ese día seré un río y seré un espejo
y del mismo modo que Adán diera un nombre nuevo
a todo lo creado
despojaré de su nombre a las cosas viejas y a los muertos antiguos
para que simplemente sean.

Entonces el hombre y la piedra harán de nuevo las paces
y la nube incandesdente el sol mortecino
el color rebelde de la herrumbre
(otrora esperanza del hombre)
se reflejarán en el cansancio del río
y serán la esperanza y la paciencia de mi alma.

(1) León Felipe

Un día será necesario descansar
después de los largos días del verano ajetreado
tumbarnos en la cama de la humilde realidad humana
despojarnos de toda vanidad, de tanta palabra rodada
y volvernos a nosotros mismos
mirar a este nuestro yo desconocido y extraño
apaleado y odiado
y volvernos a nosotros mismos
mirar nuestro entorno con mirada de niño cansado
desnudarnos luego, no sentir más
no odiar, no exaltarnos
paladear despacio el sabor humilde del silencio permanente
hundirnos en el silencio de las aguas quietas.

El ghetto

Vacios de luz forcejearon presionando
sobre las cuatro esquinas del estrecho ghetto
el espacio se abrió desmesuradamente

Pero mi corazón estaba apresado
entre cuatro ideas que rotaban
en un movimiento sin fin

Por un instante vi el árbol limpio
despojado de todo ornamento
proyectado contra el luminoso cielo del atardecer
árbol desnudo
solitario
línea geométrica pura

Único agarradero de mi alma

Le cheval de la liberté

En el comienzo: tempestad de sueño
No ha mucho: una ventana para el sueño
Anteayer: agujero del sueño
Ayer: una rendija para el ensueño
Hoy: un camino angosto
Para el caballo mío de la libertad

Aquí yace Popeye (recordando a Faulkner)

Los móviles de Calder en el jardín de la Unesco de París
son como fósiles prehistóricos frente
a ese árbol de Paraíso
que el viento huracanado del atardecer azota temiblemente
en el patio de la prisión donde han encarcelado a Popeye.

¿Habrá alguien que se atreva a cantar las loas
del Señor Director de la Unesco?
¿Y quién cantará una canción en honor
de Monsieur Quiconque-Quelconque, su lacayo?

Popeye, el asesino negro, canta su vida y muerte
desde el umbral de la ventana de su prisión
y le acompaña la multitud de otros delincuentes negros
y haciéndole coro
chillan el desdichado sino de su pueblo:

«Quat' jou' enco'! et alo'! y vont pend'
le meilleu' ba'yton du Missisipi du No'!!»

©Lasa, Mikel. Memory Dump 1969-1990, EHU-UPV, Leioa, 1993.

©Traducción: Inazio Mujika Iraola