Bertsolarismo

HISTORIA DEL BERTSOLARISMO IMPROVISADO: UNA PROPUESTA

© Joxerra Garzia (Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea)




1. Definiendo el objeto

El bertsolarismo se ha considerado hasta ahora, casi sin excepción, una forma o subgénero de la literatura popular vasca. Ahora bien, el epígrafe "literatura popular vasca" es una especie de cajón de sastre, en la que parece tener cabida todo lo que no encaja en la literatura escrita1.

En ese aspecto, la literatura oral vasca no difiere en lo esencial de cualquier otra literatura popular. Como bien señala John Foley2, sobre un sustrato de oralidad "cotidiana", cada cultura va decantando ciertos géneros con características propias (un registro especial, un modo particular de crear significado, una determinada función social...).

El conjunto de esos géneros diferenciados forma lo que Foley denomina "el sistema ecológico" de una poesía oral determinada. Todos los géneros de un ecosistema comparten ciertas características comunes, constituyendo un continuum en el que las fronteras entre géneros se diluyen y solapan con frecuencia. Sin embargo, cada género ha de ser estudiado desde su propia realidad, y para ello son imprescindibles, entre otras, las aportaciones metodológicas de la Etnopoética, la Teoría de la Performance, el Arte Inmanente y la Retórica.

En otro lugar3 creo haber probado que el bertsolarismo improvisado ha de ser considerado, a todos los efectos, como un género diferenciado dentro del sistema ecológico de la poesía oral vasca. En ese sentido, he definido el bertsolarismo improvisado como un género retórico de carácter epidíctico, oral, cantado e improvisado.

Esta breve historia se ceñirá al bertsolarismo improvisado. Su objetivo es ciertamente humilde: no se trata de zanjar de una vez por todas la cuestión, sino de someter a discusión lo que a mi entender han de ser las líneas metodológicas de una posterior investigación, que tendrá que abordar la historia del bertsolarismo desde la realidad de un género que en modo alguno es reductible a sus textos.


2. Antecedentes históricos

Frente al mito que atribuye al bertsolarismo unos orígenes ancestrales y al contra-mito que pretende reducirlo a un moderno "invento" del nacionalismo, Koldo Mitxelena se sitúa en un punto medio que parece ser lo más razonable: "La tradición [de los bertsolaris] es antigua, y se remonta por lo menos a las damas improvisadoras en verso del siglo XV de que nos hable Garibay"4.

Joxe Azurmendi5, por su parte, aporta dos citas del Fuero Viejo de Vizcaya (puesto sobre el papel en 1452), que conviene tomar en consideración, pues se trata, sin duda, de las citas más antiguas sobre el bertsolarismo, y son prueba irrefutable de que, en fecha tan temprana como 1452, el bertsolarismo, o algunas de sus manifestaciones, eran algo tan común y arraigado como para merecer su prohibición expresa.

El Fuero menciona dos modalidades. Por un lado, la de las plañideras, bien conocida también en otras culturas. Más interesante es el género satírico que desarrollan las mujeres que el Fuero denomina "profazadas". Por lo visto, desarrollaban su improvisación en ferias y otros eventos, y, con toda probabilidad, pueden considerarse como antecesoras de los bertsolaris actuales.

Con todo, la realidad es que, en el caso de estas mujeres improvisadoras, apenas podemos hacer otra cosa que constatar su existencia. Para encontrar un corpus bertsolarístico de cierto relieve, hay que remontarse hasta finales del siglo XVIII. El siglo XIX está mejor documentado, tanto en cuanto nombres y datos biográficos como en cuanto a las piezas conservadas. Sin embargo, se trata mayoritariamente de bertsos no improvisados (bertsos escritos / bertso jarriak). Se sabe, por referencias, que los bertsolaris que escribían estos bertsos acostumbraban también a improvisar, pero el número de bertsos improvisados de que disponemos es ciertamente escaso, y difícilmente puede decirse gran cosa sobre las características del bertso improvisado de esas épocas (su proceso de creación, su difusión y consumo).

Sólo hacia mediados del siglo XX se generaliza el uso de las tecnologías de grabación, que permiten conservar -y posteriormente transcribir- fidedignamente los bertsos improvisados por los bertsolaris en sus actuaciones. Si bien suscribimos el punto de vista de Michelena y Azurmendi en cuanto a los orígenes del bertsolarismo improvisado, lo cierto es que, a la hora de investigar los modos de producción y el producto final de los bertsolaris improvisadores, sólo a partir de la década de los sesenta del siglo XX disponemos de un corpus de bertsos improvisados de cierta entidad. Lo anterior a dicha fecha es un compendio de fragmentos y anécdotas que difícilmente posibilitan una investigación fiable. Los bertsolaris considerados "clásicos" del bertsolarismo improvisado fueron, según todos los indicios, grandes improvisadores, pero el estatus de que gozan dentro de la historia del bertsolarismo se debe casi exclusivamente a los bertsos escritos -o dictados, pero, en todo caso, no improvisados- que han llegado hasta nosotros. El hecho de que los bertsos que mayoritariamente componen el corpus creativo de estos bertsolaris clásicos sean "conceptualmente" orales (algunos de los bertsolaris clásicos citados no sabían escribir) no debe hacernos olvidar que, por su modo de producción, estos bertsos pertenecen a un género más afín a la literatura de cordel que al bertsolarismo improvisado.

A lo largo del siglo XX, el bertsolarismo sufre un cambio progresivo y radical. Aunque el nombre se mantiene, el bertsolarismo de principios del siglo XX poco tiene que ver con el de finales de siglo. Entre otras cosas, la modalidad escrita del bertsolarismo, que era la más significativa a principios de siglo, cede su primacía a la modalidad improvisada. Bertsolari es, hoy en día, quien improvisa sus bertsos ante el público.

En resumen: aunque hay constancia de que era una actividad muy arraigada mucho antes, la historia documentada del bertso improvisado comienza hacia 1935. Hasta esa fecha sólo disponemos de noticias de desafíos y de algunos bertsos sueltos, conservados en la memoria colectiva. Poco diremos, pues, sobre el bertso improvisado anterior a esa fecha.

Las historias del bertsolarismo al uso arrancan por lo general hacia 1800, estableciendo grandes periodos, cada uno de ellos dominado por una o más figuras señeras. Sin embargo, desde el punto de vista que aquí hemos adoptado, estas clasificaciones resultan insatisfactorias por varios motivos. Primero, porque, como ya he dicho, se mezclan dos géneros dispares entre sí: el bertsolarismo improvisado y el bertsolarismo no improvisado. En segundo lugar, la propia denominación de los períodos considerados alude a categorías externas y extrañas al bertsolarismo improvisado (pre-romanticismo, romanticismo...).

Una clasificación cabal de las distintas etapas del bertsolarismo improvisado debería hacerse en base a criterios propios del género considerado. He aquí, a modo provisional, mi propuesta:

Período Años Bertsolaris
Prehistoria Desde los orígenes hasta 1900 Pernando Amezketarra, Etxahun, Xenpelar, Bilintx...
Del bertsolarismo marginal a los primeros campeonatos 1900-1935 Txirrita, Kepa Enbeita
Tiempo de silencio: 1936-1945
Bertsolarismo de supervivencia 1945-1960 Basarri, Uztapide, Lasarte, Joxe Lizaso, Agirre, Lazkano, Lazkao Txiki, Mattin, Xalbador...
Bertsolarismo de resistencia 1960-1979 Azpillaga, Lopategi, Uztapide, Basarri, Joxe Lizaso, Agirre, Lazkano, Lazkao Txiki, Mattin, Xalbador...
De cantar al pueblo a cantar para el público: 1980-1998 Amuriza, Egaña, Sarasua, Peñagarikano, Sebastián Lizaso...
Bertsolarismo multipolar: 1999... Maialen Lujanbio, Unai Iturriaga, Igor Elortza, Amets Arzallus, Sustrai Kolina...



3. Del bertsolarismo marginal a los primeros campeonatos: 1935-36

En los años anteriores a la guerra civil española6, una parte significativa de la intelectualidad vasca estaba empeñada en encontrar una base sobre la que edificar el "renacimiento de la cultura vasca", pero no todos coincidían sobre el papel que al bertsolarismo debiera corresponderle en ese renacimiento. El sacerdote Joxe Ariztimuño era acérrimo defensor de hacer del bertsolarismo la piedra angular de ese soñado renacimiento. En uno de los muchos artículos que dedicó al tema, propone que el bertsolari actúe "discretamente tocado con arcaicas vestiduras", para que dé así una imagen de "romántico trovador de doradas guedejas", y aboga por dar cierta movilidad a su mímica declamatoria y por cambiar radicalmente la prosaica decoración...7.

Esas medidas no llegaron a adoptarse, pero la cita deja bien claro que el valor que se le asigna al bertsolarismo es, en el mejor de los casos, un valor instrumental, no intrínseco: se aprecia en la medida que pueda servir como vehículo para llevar adelante el tan ansiado renacimiento de la cultura vasca, empresa harto difícil teniendo en cuenta que la mayoría de la población era analfabeta en su propio idioma.

A mediados de 1934 se reúnen Aitzol y otros intelectuales, y es así como surge el primer Campeonato propiamente dicho de bertsolaris, con su normativa, su jurado y sus premios. La organización juvenil del movimiento nacionalista, Euzko Gaztedi, se encargará de copiar los bertsos para su posterior edición. Aunque el sistema no es muy fiable, de ahí surge el primer documento de cierta entidad sobre el bertsolarismo improvisado.

3.1. El paradigma del bertsolarismo clásico: Txirrita.

El bertsolarismo improvisado del primer tercio de siglo está dominado por la imponente figura del hernaniarra Jose Manuel Lujanbio, Txirrita (1860-1936), que ya a comienzos de siglo era una de las referencias fundamentales del bertsolarismo de su época.

Hombre de gran corpulencia y escasa vocación para cualquier otro trabajo que no fuera el de cantar bertsos, su figura nos llega velada por ese halo de leyenda que también poseen otros bertsolaris más lejanos a nosotros en el tiempo.

En comparación a esos bertsolaris, se conservan bastantes bertsos improvisados de Txirrita, casi todos ligados a alguna anécdota, relacionada a su vez con carácter pícaro del personaje.

La distribución de los recursos, la densidad de las figuras, todo parece indicar que no se trata de bertsoa improvisados, sino más bien de bertsos escritos o, mejor dicho, de bertsos dictados, pues Txirrita no sabía escribir. Es sobre ese corpus de bertsopaperak sobre el que se ha elaborado, explícita o implícitamente, el modelo de bertsolarismo clásico, que tan certeramente ha analizado Juan Garzia8.

La figura de Txirrita es omnipresente en el último cuarto del siglo XIX y en el primer tercio del XX. Así, lo encontramos en el primer campeonato de bertsolaris, que ganó, contra todo pronóstico, Iñaki Eizmendi, Basarri, un joven bertsolari afincado en Zarauz. Txirrita tuvo que conformarse con ganar el siguiente, celebrado en 1936, pocos meses antes de su muerte.

Txirrita acostumbraba a cantar sobre todo en ambientes informales. Es ya un tópico definir el bertsolarismo de su tiempo como "bertsolarismo de sidrería", pues eran esos locales su lugar más frecuente -y preferido- de actuación, aunque también frecuentaba los concursos que se celebraban de vez en cuando. Los campeonatos, por el contrario eran una ocasión solemne, una especie de rito. El público era también distinto. Estaban los aficionados de siempre, pero también la intelectualidad vasca,.

Que Txirrita no se encontraba nada cómodo en aquel ambiente tan pomposo, se refleja a las claras en este bertso que Txirrita improvisó en el campeonato señalando con su bastón a Aitzol, que formaba parte del jurado:

Larogei urte gainean ditut
nago hanketako minez,
Donostiara etorria naiz
herren haundia eginez.
Bi bastoiekin txit larri nabil
pausorik eman ezinez.
Euskera ia ahaztu zait eta
erderarikan jakin ez,
maixu batekin eskolan laster
hasi behar det latinez.
Cargo sobre mí ochenta años
y me duelen las piernas,
he venido a San Sebastián
cojeando visiblemente.
Apoyado en dos bastones,
apenas consigo dar un paso.
Casi se me ha olvidado el euskera
y nunca aprendí castellano:
pronto tendré que empezar
a aprender latín con un maestro

En este tipo de bertsos encontramos otro aspecto del estilo de Txirrita que lo hace rabiosamente moderno: su ingenio, manifestado en su habilidad habilidad para encontrar una salida en las situaciones dialécticas más comprometidas.

3.2. La tradición vizcaína: Kepa Enbeita, "Urretxindorra"

Aunque se suele afirmar que el bertsolarismo carece en Vizcaya de tradición anterior a Kepa Enbeita "Urretxindorra" (1878-1942), lo cierto es que esa afirmación ha de ser revisada tras las aportaciones de Xabier Amuriza y otros9. Ya el padre de Kepa Enbeita había sido un bertsolari de cierto nivel. Le apodaban "Txotxojeurei". En todo caso, es Kepa Enbeita el primer bertsolari vizcaíno cuya producción podemos analizar con algún detalle. Nacido en el barrio de Areatza de Muxika (Vizcaya), tras conocer de cerca la doctrina de Sabino Arana, da un giro radical en su bertsolarismo.

Kepa Enbeita participa en los mítines nacionalistas, y sus arengas en bertso tienen gran éxito entre los oyentes, abandonando casi totalmente su participación en sesiones "normales" de bertsolarismo. Tampoco participó en los campeonatos de 1935 y 1936.

Cuando se habla del proceso que condujo al bertsolarismo de las sidrerías a los teatros, se suele mencionar exclusivamente a Basarri como principal artífice del cambio, olvidando que Kepa Enbeita había enseñado el camino a seguir ya antes de la guerra.


4. Tiempo de silencio: 1936-1945

Sería un clamoroso oxímoron extenderse en la caracterización del bertsolarismo improvisado de un período que hemos denominado "tiempo de silencio".

Tras los horrores de la guerra, la posguerra no fue menos horrorosa, sobre todo en zonas que, como el Pais Vasco, habían sido declaradas "traidoras" por los amotinados.

No se me ocurre mejor descripción de este período que transcribir aquí el clamoroso silencio de este bertso de Juan Kruz Zapirain, un bertsolari analfabeto que sublimaba el horror dictándole a su mujer los bertsos que escribía mientras trataba en vano de conciliar el sueño:

Sentimentu asko dauzkat nerekin
orain kontatu beharrak
ez dakit nola zuzenduko 'iran
egin dituzten okerrak,
pazientzitik ez naiz atera
Jaungoikoari eskerrak;
leku askotan jarri dituzte
tristura eta negarrak,
lehen hamar lagun ginan etxean
ta orain hiru bakarrak.
Muchos sentimientos me embargan,
y tengo que cantarlos,
no sé cómo van a remediar
todos los males que han hecho;
aún conservo la paciencia
gracias a Dios;
han traído a muchos hogares
tristeza y llanto:
antes éramos diez en casa
ya no quedamos más que tres.




5. El bertsolarismo de supervivencia: 1945-1960

5.1. La referencia fundamental: Basarri y Uztapide

Después de tres años de exilio y otros tres de trabajos forzados en los batallones disciplinarios, Basarri vuelve a Guipuzcoa en 1942. En compañía de Uztapide, comienza a cantar en fiestas de pueblos y barrios de la provincia. Pasarán años antes de que canten en Bizkaia o en Nafarroa. Deben cantar como si nada hubiese pasado, ignorando muchas cosas, pasadas y presentes.

Iñaki Eizmendi, Basarri había nacido en Régil (1913), pero la mayor parte de su vida se desarrolla en Zarauz, a pocos kilómetros de su pueblo natal. Al regresar de su exilio, desarrolla una actividad incesante. Como bertsolari improvisador, visita la práctica totalidad de las poblaciones vascas, primero en Guipúzcoa, y más tarde también el las demás provincias. Su compañero habitual es un joven de Cestona, Manuel Olaizola, Uztapide (1909-1983), que había participado también en los campeonatos de 1935 y 1936.

El bertsolarismo de Uztapide es más sencillo y popular que el de Basarri. Probablemente ajeno a las inquietudes intelectuales de Basarri, fue, sin embargo, su complemento ideal. Los bertsolaris de más edad de nuestros días recuerdan que la dinámica de las actuaciones de la pareja era siempre la misma. Basarri actuaba de desbrozador, abriendo camino, decidiendo cuándo y cómo convenía tratar cada tema. Estas actuaciones se realizaban sin conductor, por lo que eran los mismos bertsolaris los que decidían qué temas cantar y cuánto tiempo dedicar a cada tema.

El bertsolarismo de Basarri es más intelectual, por decirlo de algún modo. Responde, como bien ha indicado Juan Mari Lekuona, a un proyecto bien definido10. La admiración del aficionado medio, sin embargo, se decanta más por Uztapide. Agazapado tras la iniciativa de Basarri, Uztapide no perdía ocasión para remachar los comentarios que sobre cada tema hacía Basarri. Basarri cultivó también el periodismo, tanto escrito como radiofónico, y ha sido un gran escritor de bertsos. Uztapide, en cambio, destaca sobre todo como improvisador y como narrador.

El mérito de Basarri y Uztapide, en todo caso, va mucho más allá del texto de sus bertsos. En una época en la que el bertsolarismo era prácticamente la única actividad en euskara tolerada por el régimen, supieron asegurar la continuidad del bertsolarismo, asentando las bases para su posterior desarrollo.

5.2. Renacer del bertsolarismo en el País Vasco-francés: Teodoro Hernandorena

Los condicionamientos históricos eran, por supuesto, muy diferentes en el País Vasco-francés. Al terminar la segunda guerra mundial, un médico guipuzcoano exiliado, Teodoro Hernandorena, comienza a recorrer pueblo a pueblo las tres provincias vasco-francesas, en busca de bertsolaris, y organizando festivales y concursos, a menudo con su propio dinero.

El primer festival-concurso organizado por Hernandorena se celebró en 1946 en Donibane Lohitzune. Aparece así un nutrido grupo de bertsolaris, algunos de los cuales llegarán a formar parte de la elite del bertsolarismo de los sesenta y de los setenta, en especial Xalbador y Mattin.

5.3.Vizcaya: Alfontso Irigoien

Alfontso Irigoien, filólogo y erudito vizcaíno, amparado en su condición de miembro de la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia, organizó en 1948, siempre a la sombra de la Academia, el primer campeonato de bertsolaris de Vizcaya, con ocasión de las fiestas de Bilbao. Resultó campeón Balendin Enbeita, hijo de Kepa.

En el segundo campeonato, celebrado el año siguiente (1949), Balendin Enbeita volvió a hacerse con la txapela. Aparecen en este segundo certamen algunos bertsolaris que no acudieron a la primera cita: Basilio Pujana, Deunoro Sarduy y, sobre todo, Jon Azpillaga, que llegaría a ser, junto a Jon Lopategi, la principal referencia del bertsolarismo en los últimos años del franquismo y primeros de la transición. Ese mismo año de 1949 encontramos también a otro bertsolari que llegará a ser una de las figuras del bertsolarismo vizcaíno: Jon Mugartegi.


6. El bertsolarismo de la resistencia: 1960-1979

A finales de la década de los cincuenta. Euskaltzaindia realiza una labor ingente, recorriendo la geografía vasca en busca de bertsolaris, animándoles a actuar en público, y organizando campeonatos provinciales, de cara a la celebración del campeonato de Euskalerria.

Fruto de estos esfuerzos es el campeonato de bertsolaris de 1960, organizado por la misma Academia. Previamente se organizaron campeonatos provinciales, y a la cita del campeonato (que podemos considerar como el tercero de la serie inciada en 1935 e interrunpida por la guerra) acudieron los mejores de esas previas.

Basarri fue proclamado campeón, cumpliendo así los pronósticos. Sin embargo, el siguiente campeonato (1962) lo ganó Uztapide, y, tras una enrevesada polémica en la prensa, Basarri no volvió a participar en los campeonatos, aunque sí en otros concursos. Retirado Basarri, Uztapide consigue triunfar también en los campeonatos de 1965 y 1967.

6.1. Auspoa: el fuelle

El motor del bertsolarismo en esta época de los sesenta son, sin duda, los campeonatos, aunque los bertsolaris siguen actuando en las sesiones organizadas en los pueblos. Los bertsos improvisados en las finales se publican en Auspoa, una colección creada por el padre Antonio Zavala en 1964, con sede en Tolosa, verdadero tesoro del bertsolarismo y de la literatura oral en general. Superados con creces los 200 volúmenes, el padre Zavala continúa aún hoy con su colección, asociada ahora a la editorial Sendoa, de Oiartzun. El nombre de la colección ha resultado ser mucho más que una metáfora. "Auspoa", significa "fuelle", y en verdad la colección ha sido y es un verdadero fuelle que no ha dejado de avivar la llama de la literatura oral.

6.2. Los cuatro campeonatos de los sesenta

Es en estos campeonatos donde se dan a conocer los bertsolaris que van a sostener el bertsolarismo durante todo el franquismo y los primeros años de la transición: junto a la pareja referencial, formada por Uztapide y Basarri, y los ya mencionados Xalbador y Mattin, aparecen ahora algunos de los bertsolaris que asegurarán la pervivencia del arte tras la retirada de Basarri y Uztapide: Jose Lizaso, Jose Agirre, Garmendia, Mitxelena, Mugartegi y Azpillaga, Lazkao Txiki, Lopategi, Gorrotxategi... Hay algunos bertsolaris de esta época que, aún sin participar en los campeonatos -o haciéndolo sólo muy esporádicamente- se han hecho un hueco en la historia del bertsolarismo. El más significativo de todos ellos es Manuel Lasarte (Leiza/Orio, 1935), nacido en Leiza y afincado en Orio, bertsolari muy querido y admirado por los aficionados. El bertsolarismo de Lasarte se basa sobre todo en el bien decir, en la muy elaborada apariencia de naturalidad con la que engarza las rimas y encaja sus frases en los moldes de las estrofas.

El bertsolari, en esta década de los sesenta y también, en parte, en la de los setenta, canta para un público con el que comparte estrechamente un modo de ver el mundo y unos valores fundamentales. El fondo de este contexto lo da el sentimiento de opresión en el que malvive el pueblo vasco y su idioma. Sobre ese fondo, cualquier elemento que parezca asegurar la pervivencia del idioma suscita, por sí mismo, una emoción que no precisa para manifestarse de grandes textos ni de recursos. A falta de libertad para expresar directamente los sentimientos vascos, los temas y valores tradicionales, entre los que destaca la religión, permiten al bertsolari suscitar grandes emociones en sus oyentes por medio de bertsos sencillos, con la mera mención de esos valores y referencias. Incluso en los campeonatos, rara vez se utilizan estrofas de más de cuatro rimas.

Quien pretenda encontrar en los textos de los bertsos improvisados en estos campeonatos piezas de gran densidad poética sufrirá un gran desencanto. Los temas que se proponen a los bertsolaris son mayoritariamente tópico-arquetípicos. El bertsolari sabe que la mera afirmación de lo vasco, por velada que sea, producirá, en las circunstancias casi litúrgicas de la sesión bertsolarística (performance), una emoción intensa en su auditorio. Sabe que el oyente comparte la fe cristiana y los valores de la tradición: la figura de la madre, el trabajo, la honradez...

No todos los bertsos de esa época presentan, por supuesto, esa escasa relevancia textual. Hay dos bertsolaris que destacan sobremanera por la calidad textual de sus bertsos, si bien sus puntos fuertes son distintos. Uno es Lazkao Txiki. El otro, Xalbador.

6.3. Lazkao Txiki

Jose Miguel Iztueta, Lazkao Txiki (Lazkao, 1926- 1993) es, sin duda, lo era ya en los últimos años de su vida, una figura mítica del bertsolarismo.

Comparte con Txirrita su empedernida y tópica soltería, que, unida a su escasa estatura corporal, completa un tipo de pícaro distinto al que encarnaba el hernaniarra. Como Txirrita, Lazkao Txiki es, ante todo, bertsolari. Son ya proverbiales su agudeza y su ingenio, que unidas a su estampa diminuta, a su voz candorosa y frágil y a su cadenciosa forma de cantar hicieron de él un bertsolari querido en vida y añorado tras su muerte.

Lazkao Txiki, como algunos otros bertsolaris de su generación, supo adaptarse al cambio de los tiempos, y nunca dejó de ser solicitado en las actuaciones. Una de las estampas inolvidables del bertsolarismo es su actuación en una cena de bertsolaris organizada por el programa Hitzetik Hortzera en 1989. El tema lo constituía un espejo de mano, que el conductor de la sesión le entregó en el momento oportuno. Sin dejar de mirar la imagen reflejada en el espejo, Lazkao Txiki improvisó tres bertsos antológicos, uno de los cuales transcribimos a continuación:

Aizak nik hiri bota behar dit
bertso koxkor bat edo bi,
behingoan jarri geranez gero
biok aurpegiz-aurpegi.
Neri begira hotik daduzkak
alferrikako bi begi:
hik ez nauk noski ni ikusiko,
baina nik ikusten haut hi.
Mira, ya que por una vez
nos encontramos cara a cara
te voy a cantar un bertso,
o quizá un par de ellos.
No sé qué miras con esos ojos
que de nada te sirven:
porque, claro, tú no me ves,
pero yo sí que te veo a tí.



6.4. Xalbador

El caso de Fernando Aire Xalbador (Urepel, 1920-1976) es totalmente distinto. Quizá el condicionamiento de su dialecto bajonavarro, bastante alejado del modelo, básicamente gipuzcoano, que la mayoría de los oyentes estaban acostumbrados a oir tenga algo que ver con el hecho de que fuera en vida un bertsolari admirado, pero no tan entrañable para la gente como Uztapide, Lazkao Txiki o Martin Treku Mattin.

Sin embargo, o quizá por ello mismo, los textos de los bertsos improvisados de Xalbador son los que mejor han resistido el paso del tiempo, los que más modernos resultan a nuestra sensibilidad actual.

Siendo como era pastor en su Urepel natal, llama la atención su finura poética. Su libro de bertsos escritos, Odolaren mintzoa (La voz de la sangre), es una verdadera joya, una antología de primerísimo nivel.

Aparte de sus bertsos escritos, muchos de ellos convertidos hoy en canciones, Xalbador fue un improvisador extraordinario, dotado de una sensibilidad poética fuera de lo común. En el campeonato de 1965, hubo de improvisar dos bertsos sobre el siguiente tema: "Al vestido de tu difunta mujer". Las dos piezas que improvisó Xalbador son difícilmente mejorables, aunque, por motivos de espacio, transcribiré sólo la primera:

Pentsa zazute alargudu bat
ez daike izan urusa,
dolamen hunek, oi, ez dezala
anitz gehiago luza!
Orai urtea ziloan sartu
andreñoaren gorputza,
haren arropa hantxet dilindan
penaz ikusten dut hutsa.
Sabed que es imposible
que un viudo sea feliz;
¡Que no se alarge
este sufrimiento!
Hace un año depositamos
su cuerpo en el nicho;
su ropa se balancea ahora,
vacía, ante mi apenada vista.

Todo lo que Xalbador fue como improvisador -y los méritos que se le reconocen ahora- se lo ganó a base de bertsos de parecido nivel. Ni su voz era un portento, como lo eran las de Basarri y Uztapide, por ejemplo, ni su popularidad era comparable a la de Mattin o Lazkao Txiki.

Hemos dicho que el idioma impedía al oyente medio apreciar en profundidad sus bertsos. La máxima expresión de ese desencuentro se produjo en el campeonato de 1967, cuando el jurado dio lectura a su veredicto, en el que se elegía a Xalbador para jugarse la txapela en el último asalto contra el peremne campeón, Uztapide. Leída el acta, el público comenzó a protestar, silbando no se sabe exactamente si contra Xalbador o contra el jurado. La pitada fue sonora y larga, muy larga. En un determinado momento, Xalbador se acerca al micrófono y comienza a cantar un bertso, apenas audible en el estruendo de la pitada:

Anai-arrebak, ez otoi pentsa
ene gustura nagonik;
poz gehiago izango nuke
albotik beha egokik.
Zuek ez bazerate kontentu,
errua ez daukat ez nik...
Hermanos, hermanas, no penseis
que me siento a gusto:
¡Cuánto mejor estaría
mirando desde un rincón!
Si no estais contentos
no será por mi culpa...)

En ese instante, los pitos se tornaron aplausos y vivas hacia Xalbador, que apenas pudo terminar su bertso:

...Zuek ez bazerate kontentu
errua ez daukat ez nik:
txistuak jo dituzute baina
maite zaituztet orainik.
Si no estais contentos
no es culpa mía:
a pesar de vuestros silbidos
yo os sigo queriendo.

A partir de ahí, la Academia dejó de organizar campeonatos de bertsolaris. En seguida llegaron los años de represión más encarnizada, los primeros atentados mortales de ETA, los juicios de Burgos. Salvo algún efímero paréntesis, el estado de excepción fue, durante años, la norma del estado en el País Vasco.

Xalbador murió el día en el que el bertsolarismo le dedicaba un homenaje en su Urepel natal, el 7 de noviembre de 1976, dejando un libro difícilmente superable y un recuerdo, como improvisador, que se agiganta a medida que pasan los años.

6.5. Antes y después de Franco: Lopategi y Azpillaga.

En la década de los setenta, prácticamente retirados del circuito bertsolarístico Basarri y Uztapide, el protagonismo recae en los bertsolaris que había aparecido en escena a raíz de los campeonatos de la década anterior. A medida que se percibe el fin inminente del dictador, aumenta la necesidad de decir las cosas de una manera más directa, con o sin permiso de la autoridad gubernativa.

Un bertsolarismo más directamente político-reivindicativo se impone poco a poco, lo que reporta no pocos castigos a los bertsolaris que se atreven a decir lo que el público demanda. Destacan en esta época dos bertsolaris, Jon Lopategi y Jon Azpillaga.

Tras la muerte de Franco, se crea en el Pais Vasco un clima de optimismo y esperanza, jalonado con explosiones de júbilo por cada conquista que se va realizando: primeras excarcelaciones, legalización de la ikurriña, amnistía, etc. Aunque el clima político es radicalmente distinto, el bertsolari sigue teniendo ante sí un público que comparte sus mismas esperanzas. Es por eso que hemos preferido englobar los primeros años tras la muerte de Franco en este epígrafe de "bertsolarismo de la resistencia", pues las condiciones contextuales en las que se desarrolla el bertsolarismo de los primeros años de la transición lo hacen más asimilable al bertsolarismo del tiempo de la dictadura que al bertsolarismo posterior, que surge del desencanto y de la división del público.


7. De cantar al pueblo a cantar para el público: 1980-1998

7.1.Amuriza

Tras un paréntesis de trece años, Euskaltzaindia decide organizar un nuevo campeonato de bertsolaris, cuya final se celebró en San Sebastián en el día seis de enero de 1980.

Las cosas (los bertsolaris, la forma de hacer bertsolarismo) no parecen haber cambiado grandemente desde el último campeonato, aquél de 1967 en el que Xalbador fue silbado.

Algunos de los ocho finalistas lo habían sido también en 1967: Garmendia, Azpillaga, Gorrotxategi. Junto a ellos, aparecen Patxi Etxeberria y Angel Larrañaga, guipuzcoanos que practican un bertsolarismo sencillo, directo y popular. Está también Xanpun, en representación de la zona vasco-francesa (Xalbador había fallecido ya, y Mattin, que moriría al año siguiente, apenas aparecía en público).

La novedad son dos bertsolaris vizcaínos que practicaban un bertsolarismo distinto, técnicamente más elaborado. Eran Jon Enbeita, nieto de Kepa e hijo de Balendin, por una parte, y, sobre todo Xabier Amuriza, precursor de prácticamente todas las facetas del bertsolarismo de nuestros días.

Xabier Amuriza, nacido en Zornotza-Etxano en 1941, había sido sacerdote, y fue encarcelado, junto a otros clérigos afines a la lucha de liberación vasca. Fue uno de los jueces del campeonato de 1967. Durante su encarcelamiento, se dedica a reflexionar sobre el bertsolarismo y a componer bertsos escritos.

Pero volvamos al campeonato de 1980. Ya en las sesiones eliminatorias había sorprendido su forma de componer bertsos. Fue, sin embargo, en la final de aquel campeonato cuando terminó de exponer su forma de entender el bertsolarismo. Aquel campeonato sería el primero que ganara Amuriza, tras un desempate con Jon Enbeita. Dos años más tarde, volvería a repetir txapela, esta vez tras dramático desempate con un bertsolari que ya hemos mencionado: Jon Lopategi (Muxika, 1934), uno de los bertsolaris que mejor ha sabido adaptarse (y adaptar su bertsolarismo) a los nuevos tiempos, y que llegaría a conseguir también un campeonato, el de 1989, con un bertso brillante, profundo y muy elaborado.

Mucho se ha hablado de la revolución inducida por Amuriza en el campeonato de 1980. He aquí algunos de los aspectos que suelen mencionarse: por primera vez un bertsolari compone sus bertsos en euskara batua (estandar unificado); aparecen rimas antes nunca usadas; la imaginería de Amuriza, de gran calado poético, sólo tiene precedente en los bertsos improvisados de Xalbador.

Sin embargo, desde la nueva perspectiva, más retórica que poética, que propugnamos aquí, ha de decirse que las mayores aportaciones de Amuriza son, sin negar las mencionadas, las siguientes:

  • Por encima de lo inusual de las rimas, la ordenación de las mismas conforme a unas estrategias comunicativas conscientes.
  • El aprovechamiento estratégico de los recursos orales con una nueva intencionalidad.

En este último aspecto, destaca el empleo que Amuriza hace de eso que los oralistas llaman "fórmulas", contenidos expresados en moldes métricos fácilmente insertables en la narración. Lejos de utilizarlas como mera ayuda técnica para la expresión de situaciones o valores tópicos, Amuriza les dota de una gran carga poético-retórica, con lo que las fórmulas adquieren en sus bertsos una gran importancia comunicativa. En la final del campeonato de 1980, Amuriza tuvo que cantar en solitario sobre el siguiente tema: "No sólo de pan vive el hombre". He aquí el primer bertso de su intervención:

Gai horrek badu mamia
baldin ez banago gor;
hainbat jende gizaseme
ikusten ari naiz hor;
ogiaz gain gizonari
anitz gauza zaio zor,
bestela mundu hontara
hobe ez gintezen sor:
ogiakin justizia
behar dugu derrigor;
hau sinisten ez duenik
ba al da hemen inor?
O yo estoy sordo
o este tema tiene su miga;
veo ahí ante mí
bastantes hombres;
además del pan, el hombre
necesita muchas más cosas.
Si no las tiene, más le valdría
no venir a este mundo;
Como el pan, la justicia
nos es imprescindible.
¿Hay alguien aquí
que no lo crea así?.

Con Amuriza comienza una tendencia hacia los bertsos de más de cuatro rimas, tendencia que se irá acrecentando en los siguientes campeonatos. Amuriza utiliza, junto a las melodías tradicionales, algunas creadas por él mismo. Esta práctica, bastante habitual entre los bertsolaris de nuestros días, permite al bertsolari disponer de melodías de distinto tipo. Las hay que se adaptan mejor a temas de tipo narrativo; otras resultan más eficaces en los registros líricos; otras en los temas que requieren un ambiente solemne, etc.11

La tendencia a alargar el bertso parece estar relacionada con la necesidad de producir textos de mayor consistencia poético-retórica, necesidad que a su vez ha de relacionarse con la pérdida de homogeneidad del contexto compartido, como he tratado de demostrar en otro sitio12.

7.2 De Amuriza a Egaña

La figura de Amuriza domina prácticamente en su totalidad los primeros años de la década de los ochenta. El campeonato de 1982, como ya hemos indicado, lo vuelve a ganar Amuriza, tras desempate con Lopategi. La organización del siguiente campeonato generó una amarga polémica, y el campeonato no se celebró hasta 1986, ya con la Asociación de Bertsolaris (hoy denominada Asociación de Aficionados al Bertsolarismo) a cargo de la organización.

El campeonato de 1986 lo ganó Sebastian Lizaso (Azpeitia, 1958), hijo de otro bertsolari, Joxe Lizaso, ya citado. Sebastián Lizaso une a su potente voz una facilidad pasmosa para expresarse en bertso, y una capacidad de encontrar la razón oportuna en el momento oportuno y de rebatir las razones de su contrincante que ya son proverbiales entre los bertsolaris. A todo ello hay que añadir una intuición innata para cazar al vuelo y hacer suyos recursos y estrategias que otros bertsolaris utilizan. Durante la década de los noventa es, junto a Egaña, el bertsolari que más actuaciones contrata año tras año. El bertsolarismo de Lizaso es un bertsolarismo dialéctico, directo, que explota al máximo los recursos orales más comunes. Para desarrollar sus estrategias, no precisa de bertsos de gran número de rimas. Antes bien, es en ese tipo de bertsos, que tanto se han primado en los campeonatos, donde peor se desenvuelve. Por el contrario, cuando se trata de argumentar, cuando se trata de cantar durante horas ante un auditorio, pocos bertsolaris pueden hacerle frente.

El campeonato de 1989 lo ganó, como queda dicho, Jon Lopategi, otro de las grandes referentes del bertsolarismo actual.

Un año antes, en 1988, había comenzado su andadura un programa de televisión sobre bertsolarismo, Hitzetik Hortzera, que sería uno de los factores del gran boom del bertsolarismo, a principio de los noventa. Con todo, la principal causa del ese boom es la aparición de una nueva generación de bertsolaris hacia el final de la década de los ochenta.

El plantel de bertsolaris que disputaron la final del campeonato de 1986 es un buen reflejo de esa nueva generación: además del campeón Sebastian Lizaso, participaron en la misma Jon Enbeita, Xabier Amuriza, Jon Sarasua, Jon Lopategi, Angel Mari Peñagarikano, Iñaki Murua y el joven zarauztarra Andoni Egaña.

En la final de 1989 las cosas no varían demasiado. Junto al campeón Jon Lopategi, encontramos de nuevo a Jon Enbeita, Andoni Egaña, Sebastián Lizaso e Iñaki Murua. A ellos se une Imanol Lazkano, presidente de la Asociación desde su fundación, y Mikel Mendizabal, otro bertsolari de la generación de Murua y Lizaso.

Así las cosas, y a diferencia de lo ocurrido en los campeonatos anteriores, cuando se celebra el campeonato de 1993 los bertsolaris se han convertido ya en personajes conocidos de la cultura vasca. Los niños les piden autógrafos por la calle, su presencia en todo tipo de programas televisivos y radiofónicos es constante, y no hay acto social en el que el bertsolarismo no esté representado. Es lo que se conoce como el boom del bertsolarismo, que alcanza su cenit con la coronación de Egaña como campeón de bertsolaris, en 1993.

7.3. El bertsolarismo del distanciamiento: Andoni Egaña

Andoni Egaña es un bertsolari atípico y autodidacta, al menos en lo que a su formación bertsolarística se refiere. Nacido en Zarauz (1961), es licenciado en filología vasca, y fue funcionario del ayuntamiento de Vitoria, puesto que dejó en 1993 para dedicarse por completo a la creación. Además de actuar anualmente en más de 200 sesiones bertsolarísticas, ha cultivado también el bertso escrito, tanto en soporte de papel como en otros soportes. Novelista y colaborador en casi todos los medios de comunicación en euskara, es la punta de lanza de una nueva forma de entender el bertsolarismo.

Aunque Egaña ha aportado mucho al estilo de su generación, para una definición cabal de esa generación habría que citar, cuanto menos, a Jon Sarasua (Aretxabaleta, 1966), Sebastian Lizaso, Xabier Euzkitze (Azpeitia, 1966) y Peñagarikano (Anoeta, 1957). Sin desmerecer para nada al resto, en estos cinco bertsolaris encontramos la práctica totalidad de las tendencias y estilos de su generación que, sin embargo, no se entiende sin los más vetereanos Amuriza, Lopategi, Enbeita, Lazkano, Agirre, Lazkao Txiki, etc.

Si hubiéramos de mencionar sólo un par de características de este bertsolarismo que fue la base sobre la que se fraguó el boom, citaríamos el distanciamiento respecto a los temas que tratan y el ingenio en la improvisación.

La primera característica, el distanciamiento, se debe en gran parte a la situación escindida del auditorio. El propio Egaña lo expresa de la siguiente manera:

Basarri y Uztapide han comentado más de una vez lo sórdido que resultaba, en la época de Franco, aquel no poder decir lo que se quería. No debía de ser nada agradable.
Pero es más doloroso esto de hoy en día: una duda aquí, un detalle allá, aquí el significado, allá el deseo de decir...!Qué felicidad cuando el otro estaba del otro lado del muro de Madrid, o era un policía de la secreta infiltrado entre el público! Y qué angustia ahora que ese otro está casi aquí mismo, que ese otro somos nosotros mismos13.

Ante un auditorio dividido, la posibilidad de suscitar emociones por medio de la mera mención de valores compartidos se reduce considerablemente. Si se agrada a unos se incomoda a otros. Así las cosas, el distanciamiento se convierte en método, pero un método que requiere de otra cualidad complementaria: el ingenio, que permite al bertsolari arreglárselas, encontrar una "salida" ("ateraldia") ante cualquier tema, por muy comprometido o complicado que sea.

Sólo el distanciamiento y el ingenio permiten al bertsolari salir airoso del trance en que se ha convertido tratar ciertos temas ante el público. Por otra parte, en la época de Uztapide, un bertsolari podía prácticamente repetir el mismo bertso en dos o tres plazas. Hoy en día, las actuaciones de los bertsolaris se emiten por radio y por televisión, los mejores bertsos se recogen en antologías... si a eso añadimos que el número de actuaciones se ha multiplicado grandemente (más de 1000 actuaciones controladas al año), podemos hacernos una idea del ritmo de creación y del grado de originalidad que se le exige hoy al bertsolari de elite14.

Los temas que se les proponen son cada vez más sofisticados y menos arquetípicos, exigen del bertsolari un conocimiento de la realidad del Pais Vasco y del mundo que no se requerían anteriormente. Durante los primeros noventa, debido en parte a la presencia de la televisión en muchas de las sesiones, los temas se complican no sólo en su contenido, sino también en la forma.

Ante estos requerimientos, Andoni Egaña encabeza una generación que ha sabido integrar en su bertsolarismo lo mejor de la tracidión oral con aportaciones de la literatura, el cómic, el cine, etc.

Por otra parte, no puede ignorarse que el euskara continúa extendiéndose a ámbitos que hasta ahora le eran desconocidos. A medida que el proceso de normalización del idioma avanza, el bertsolari (también el escritor), dispone de recursos de los que antes carecía. La implantación social de léxicos y registros especializados en euskara, por ejemplo, permite su evocación y su parodia.

En consecuencia, el bertso improvisado de nuestros días es, sin duda, el de mayor nivel jamás conocido en la historia del bertsolarismo.

Por otra parte, la utilización consciente de estrategias y recursos se constata en todo tipo de bertsos, pero es en las estrofas de más de cinco rimas donde aparecen con más nitidez. Egaña ha contado con la colaboración de músicos amigos que le han compuesto melodías sobre una estructura métrica prefijada por el propio bertsolari en función de las estrategias que el bertsolari piensa utilizar en cada parte del bertso. En los bertsos de muchas rimas, declara Egaña, es preciso saber dónde conviene metaforizar, dónde exclamar, dónde limitarse a exponer los argumentos15.

Sería imposible explicitar aquí todos los recursos de este bertsolarismo que hemos aglutinado en torno a la figura de Andoni Egaña, único bertsolari que ha conseguido ganar cuatro campeonatos nacionales (1993, 1997, 2001 y 2005). En el campeonato en el que se proclamó campeón por primera vez, Egaña tuvo que representar el papel de un padre que acaba de perder por enfermedad a su único hijo, de corta edad. Al contrario de lo que le ocurría a la madre del niño fallecido (papel representado en aquella controversia por Jon Enbeita), que encuentra consuelo en su inquebrantable fe, al padre (Egaña) le asaltan todo tipo de dudas. He aquí el tercer y último bertso de aquella intervención de Egaña:

Sinismentsu dago ama,
haurra lurpean etzana;
nola arraio kendu digute
hain haurtxo otsana?
Hossana eta hossana,
hainbat alditan esana!
Damu bat daukat: garai batean
fededun izana!
La madre persiste en su fe,
el niño yace bajo tierra;
¿Por qué nos han arrebatado
a nuestra inocente criatura?
Tantas veces he cantado
"!Hossana, hossana!"
Ahora bien que me arrepiento
de haber sido creyente.




8. El bertsolarismo multipolar: últimas generaciones

Con toda seguridad, el bertsolarismo de las generaciones posteriores a la de Egaña es un objeto demasiado cercano para ser analizado como es debido. Me limitaré, pues, a señalar sólo las que, a mi parecer, son las características fundamentales del bertsolarismo improvisado de última hora:

  • El contexto social en que la generación más joven de bertsolaris ha tenido que desarrollar su arte es, en lo fundamental, el mismo que Andoni Egaña describe: público dividido y enfrentado, carencia de valores fuertemente compartidos...
  • La mayoría de los bertsolaris punteros tienen estudios universitarios, con lo que ello supone respecto a la diversidad de referencias estéticas y culturales.
  • Para el público del bertsolarismo actual, el bertsolarismo es sólo uno entre los diversos modos de consumo cultural.

Como consecuencia de todo ello, el bertsolarismo actual se caracteriza por la multiplicidad y variedad de propuestas. En muchas ocasiones, una situación de improvisación homogénea, en pequeña escala, posibilita otro tipo de improvisación, más contextual, menos supeditada al texto. Eso ocurre en las cenas bertsolarísticas, o en las sesiones temáticas en las que algunos bertsolaris han encontrado un espacio para desarrollar aspectos del bertsolarismo que difícilmente podrían cultivar en las sesiones normales. Se organizan así sesiones de bertsolarismo erótico, negro o absurdo, o tramas bertsolarísticas en las que el conductor, más que proponer los temas, va improvisando un guión al que los bertsolaris dan vida asumiendo los papeles del los personajes que van apareciendo. Este tipo de sesiones se realiza generalmente en locales pequeños, bares o pubes.

En el cambio de siglo, el panorama del bertsolarismo se presenta más variado que nunca en la historia. Igor Elortza (Durango, 1975) y Unai Iturriaga (Durango, 1974), los bertsolaris vizcaínos que tuvieron que cargar antes de tiempo con la responsabilidad de asegurar la pervivencia del bertsolarismo han madurado y se han convertido en referentes de la generación más joven. Por fortuna, en el campeonato de Bizkaia de 2006, Iturriaga y Elorza han podido decidir sin ningún tipo de trauma no participar en el mismo, sin que por ello se hayan resentido los cimientos del bertsolarismo vizcaíno. En la nueva generación destacan, entre otros, Xabi Paia (campeón de Bizkaia en 2006), su hermano Fredy, Arkaitz Estiballes, Iratxe Ibarra. En Navarra, el campeonato anual sigue siendo la mejor plataforma de promoción. Se ha producido, afortunadamente, un relevo generacional, y bertsolaris jóvenes como Xabier Silbeira (Lesaka, 1976) o Estitxu Arozena (Motriku/Lesaka, 1975) encabezan el relevo generacional. En la zona vasco-francesa, tras la práctica retirada de la generación de los Alkat, Ezponda, Laka, Mendiburu etc, dos bertsolaris de la última generación han llegado a la cima del bertsolarismo de elite: Sustrai Kolina y Amets Arzallus, finalistas ambos en el campeonato nacional de 2005. Junto a ellos, destaca también Miren Artetxe, y en las edades escolares hay bertsolaris jóvenes que apuntan buenas maneras.

Guipuzcoa sigue dando muchos y buenos bertsolaris. Jesus Mari Irazu (Larraul, 1972), Jon Maia (Zumaia, 1972), Maialen Lujanbio (Hernani, 1976), Aitor Mendiluze (Andoain, 1975) y otros son bertsolaris hace tiempo consagrados. Tras ellos, la nueva generación, encabezada por el oiartzuarra Jon Martín, no parece menos pujante.

Las nuevas generaciones de bertsolaris, con la mujer integrada ya con total normalidad, reconocen abiertamente su admiración hacia las generaciones de Amuriza y Egaña. Hay un diálogo fluido entre generaciones como pocas veces se ha dado en la historia del bertsolarismo. Además de actuar conjuntamente en las sesiones bertsolarísticas, el reconocimiento entre generaciones es mutuo, y la apuesta por la autogestión que representa la Asociación de Aficionados del Bertsolarismo, común.



Notas:

1. Una de las clasificaciones más exhaustivas y referenciales: LEKUONA, Juan Mari. Ahozko euskal Literatura. San Sebastián: Erein, 1982, p. 34.

2. FOLEY, John Miles (2002), How to Read an Oral Poem, Chicago, University of Illinois Press.

3. GARZIA, Joxerra (2000), Gaur egungo bertsolarien baliabide poetiko-erretorikoak. Marko teorikoa eta aplicazio didaktikoa. Bilbao, UPV/EHU, Tesis Doctorales; Ver también: GARZIA, Joxerra (ed.), SARASUA, Jon & EGAÑA, Andoni (2001), The Art of Bertsolarism. Improvised Basque Singing, Donostia, Bertsozale Elkartea. Ver aquí.

4. MICHELENA, Luis. Historia de la Literatura Vasca. Madrid: Minotauro, 1960, p. 25.

5. AZURMENDI, Joxe (1980), «Bertsolaritzaren estudiorako», Jakin, 14/15, 1980-apirila/iraila, 139-164.

6. La llamada "guerra civil española", es decir, la guerra fratricida que provocó el golpe de estado liderado por Francisco Franco contra las legítimas instituciones republicanas, comenzó el 18 de julio de 1936, y se dio por concluída el 1 de abril de 1939, dando paso a casi 40 años de dictadura (1936-1975)

7. AITZOL (Joxe Ariztimuño) (1931), «Concurso de bertsolaris», Euzkadi, 10-1-1931.

8. GARZIA, Juan (1997), Txirritaren baratzea Norteko trenbidetik, Irun, Alberdania.

9. Xabier Amuriza ha realizado durante los último años una admirable labor de campo, recogiendo una ingente cantidad de piezas orales, en especial coplas. Además de recogerlas por escrito, ofrece un espectáculo en el que, con ayuda de algunos músicos, interpreta algunas de las coplas recogidas, dando amplia información sobre el contenido y el contexto de las piezas que interpreta. Fruto de esa labor son estas dos publicaciones: Bizkaiko Bertsogintza I, Izengabeak, Bilbo, Kulturgintza. Bizkaiko Bertsolari Elkartea-Trinkoketa S.L, y AMURIZA, Xabier (1996), Bertsogintza II, Izendunak, Bilbo, Kulturgintza-Bizkaiko Bertsozale Elkartea-Zenbat Gara Kultur Elkartea.

10. LEKUONA, J.M, «Basarriren bertsolari proiektua», in LEKUONA (1998), 364-379.

11. La mejor expoosición de melodías bertsolarísticas es DORRONSORO 1997, una obra monumental en la que se recogen y comentan más de 3.000 melodías. Puede consultarse en la red: bertsozale.com

12. GARZIA, Joxerra (ed.), SARASUA, Jon & EGAÑA, Andoni (2001), The Art of Bertsolarism. Improvised Basque Singing, Donostia, Bertsozale Elkartea. Texto completo aquí.

13. Citamos de la traducción, ya realizada pero aún no publicada, de EGAÑA eta SARASUA, Jon (1997), Zozoak beleari, Irun, Alberdania.

14. Para una visión más completa de la realidad actual del bertsolarismo, ver GARZIA, Joxerra (ed.), 2001.

15. El propio Egaña explicita todos estos y otros aspectos relacionados en el capítulo 9 de esta monografía, y en GARZIA, Joxerra, (2000), Gaur egungo bertsolarien baliabide poetiko-erretorikoak. Marko teorikoa eta aplicazio didaktikoa. Bilbao, UPV/EHU, Tesis Doctorales.