Literatura infantil y juvenil

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL VASCA

© Xabier Etxaniz Erle (Euskal Herriko Unibertsitatea-Universidad del País Vasco)




Sería injusto comenzar este estudio de la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) en lengua vasca sin mencionar la importancia de la tradición oral en este ámbito. No profundizaremos en el tema, que ya se ha tratado en otro apartado de este trabajo, pero las recopilaciones de cuentos, refranes, adivinanzas, juegos, etc. de la literatura oral vasca son una muestra de la vitalidad de ésta. Más aún, no podemos entender la LIJ vasca actual sin la deuda que ésta tiene con respecto a dicha literatura oral; su influencia es clara en muchos trabajos de autores como B. Atxaga, P. Zubizarreta, A. Lertxundi, etc. Ahora bien, fue justamente esta literatura de tradición oral la que propició que Bizenta Mogel (1782-1854) publicase el primer libro de literatura para niños en euskara: Ipui onac (1804), una traducción de las fábulas de Esopo como reacción a los cuentos maravillosos. En 1803, dentro de la producción literaria de marcado carácter religioso de la época, se había publicado el primer libro escrito en euskara para niños, Confesioco eta Comunioco Sacramentuen gañean Eracusaldiac, lenvicico Comunioraco prestatu bear diran Aurrentzat, eta bidez Cristau acientzat ere bai, un catecismo infantil adecuado también para los cristianos adultos, publicado en Tolosa y escrito por Juan Bautista Aguirre.

Si bien, como norma general, los libros para niños han sido relativamente tardíos —y didácticos en sus inicios— (la primera obra impresa para niños fue Orbis sensualium pictus, publicada en 1658 por Joan Amos Comenius), en euskara se da "un cierto retraso natural, que hace que bastantes obras vascas parezcan compuestas en fecha anterior a la real" en palabras de K. Mitxelena (1988:23). Así, mientras que en Europa la fábula tuvo su apogeo en el siglo XVII, será a principios del XIX cuando el conocido prodesse delectare o instruir deleitando inicie su andadura en euskara, con seguidores como A. Iturriaga, L. Goyhetche o J. B. Archu entre otros que publicaron sus recopilaciones de fábulas 200 años más tarde que La Fontaine y medio siglo después de Samaniego o Iriarte.

A excepción de estas obras didácticas no hay ninguna otra publicación directa o indirectamente relacionada con la infancia a lo largo del sigo XIX. Tan sólo en 1890 A. Apaolaza publicó Patxiko Txerren, una novela ambientada en el mundo rural con claras connotaciones románticas y basada en la novela El Judas de la casa de A. Trueba. No cabe duda de que si hubo alguna obra ganada por la juventud en este siglo, esa obra debió de ser Patxiko Txerren. El conflicto humano, la confrontación entre el bien y el mal, la viveza del texto... son elementos que nos hacen apoyar dicha suposición.

Por otra parte, en 1877 W. Webster, predicador inglés residente en el País Vasco publica en inglés Basque Legends, una de las mejores antologías de cuentos populares vascos.

Como se puede apreciar, son mínimas las publicaciones en euskara para niños y jóvenes. La pérdida de los fueros en 1876 y el surgimiento a finales de siglo de un romanticismo tardío que fomenta el mundo rural y popular, así como las ideas nacionalistas, darán lugar a que a partir de los primeros años del siglo XX comience a emerger, junto con el movimiento educativo en euskara, una incipiente literatura infantil y juvenil alejada tanto en temática como en técnica de las obras universales de la época o incluso de años anteriores.


Primeros avances

Con el inicio del siglo XX empiezan a surgir las escuelas bilingües en el País Vasco y será al amparo de dichos centros, y de la necesidad de materiales en euskara, como se dé inicio a una serie de publicaciones para niños. Ahora bien, a pesar de estos pequeños avances, son pocos los lectores en lengua vasca: la mayoría de la población vascoparlante es analfabeta en su idioma, y esta característica se mantendrá a lo largo de todo el siglo. Tan sólo en la década de 1990, como mencionaremos más adelante, podremos hablar de una situación de público lector homologado.

A lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, al igual que la editorial Calleja hace con los textos en castellano, hay un editor afincado en Tolosa, López de Mendizabal, que durante estos años publica toda una serie de libros de lectura y de texto en euskara para niños. Junto a dichos títulos también se editan algunos cuentos populares y la primera obra teatral infantil escrita en lengua vasca, junto a libros religiosos para niños.

Así, en 1911 se publica otro catecismo para niños, Umiak Autortuten eta Jaunartuten, escrito por Imanol Arriandiaga. Será el primero de varios libros de estas características que, si bien no contribuyeron a la creación de una literatura infantil, sí sirvieron para crear un lenguaje infantil literario y para potenciar las publicaciones para niños. Los misales, evangelios o libros de vidas de santos para niños son publicados con gran éxito en estos primeros años a lo largo de todo el País Vasco.


Del instruir deleitando al concienciar deleitando

En 1914 la editorial bilbaína Grijelmo comienza a publicar obras más o menos literarias para el público infantil. Jon Gauzekaitz publica tres obras en la colección "Umientzako ipuñak" donde, a través de breves narraciones que tienen a niños como protagonistas, el autor intenta inculcar las ideas nacionalistas de Sabino Arana. En el cuento Margarite'ren ames ixukorra (1914), por ejemplo, es mucho más relevante y conseguida la descripción de los sentimientos nacionalistas de la protagonista, que su descripción física. Incluso en uno de los momentos más dramáticos de la obra, cuando muere la madre de Margarite, se ofrece la conversación entre ésta y su amiga Karmele, donde Margarite le pregunta a su amiga por el amor que profesa al euskara: "Esan egidan, ba; ¿zergatik mate-don ainbeste euzkerea?" (Gauzekaitz, 1914: 16) ("Dime: ¿Por qué amas tanto el euskara?"). El autor utiliza el dramatismo de la acción para que sus ideas penetren con más fuerza en los lectores.

Ese mismo año, 1914, otra escritora, Karmele Errazti, publica ¿Amesa?, cuento moralizante encuadrado igualmente dentro de esta nueva tendencia que hemos denominado "concienciar deleitando".

En otras obras como Ipuin laburrak umetxoentzat (Garitaonandia, 1922) o la primera obra teatral infantil en euskara, Nekane edo Neskuntzaren babesa (Tene Mujika, 1922) también encontramos este trasfondo ideológico-nacionalista (más notorio en la segunda de las obras), pero sobre todo hay una intención claramente instructiva. Los cuentos de Garitaonandia, por ejemplo, incluyen una moraleja al final, y en la obra teatral la intención religiosa prima sobre todas las demás, por supuesto que también sobre la estética.


La literatura ganada

Al igual que ocurrió en el panorama internacional a lo largo del siglo XIX, varios de los libros publicados en la literatura vasca a comienzos del siglo XX fueron ganados por los jóvenes y actualmente están incluidos en las colecciones de LIJ. Los dos libros más representativos son Abarrak (Kirikiño, 1918) y Pernando Amezketarra. Bere ateraldi eta gertaerak (G. Mujika, 1927). Ambos están ambientados en el mundo rural y tienen un claro matiz humorístico; Abarrak es una recopilación de situaciones humorísticas, chistes y anécdotas. Pernando Amezketarra, por su parte, reúne toda una serie de situaciones graciosas donde el ingenio del protagonista (Pernando de Amézketa) hará sonreír más de una vez a la persona que las lea.

Las narraciones breves y sencillas que componen ambas obras, escritas en clave de humor y con una lenguaje popular cercano a su posible público, pueden explicar el gran éxito de estos libros; incluso se publicó una segunda entrega de Abarrak en 1930, un año después de la muerte de su autor, y a comienzos de los años 80 la editorial Elkar inició una nueva colección con ambos títulos, de las que llegó a publicar más de 10 ediciones en esta década. Posteriormente se ha realizado una serie de dibujos animados basada en las anécdotas y ocurrencias de Pernando Amezketarra.

Al igual que la literatura escrita para adultos, también la literatura popular o de tradición oral ha sido ganada por los niños. Las recopilaciones de cuentos de Barbier (1931) o de Mayi Ariztia (1934), junto con las fábulas publicadas en 1926 por Oxobi (considerado por algunos como el mejor fabulista en lengua vasca) sirvieron para acercar la literatura de tradición oral a la infancia. Dichas obras, al igual que las publicaciones de cuentos populares, se caracterizaban por un lenguaje y unas ilustraciones muy cuidadas para esa época. Dar-Dar-Dar (1929) o Txomin Arlote (1929) son un claro ejemplo de ello. Estos cuentos populares se presentan en una edición cuidada y con unas modernas ilustraciones de "Txiki" (John Zabalo), precursor de la ilustración de libros en euskara y principal ilustrador vasco en la primera mitad del siglo XX.


Traducciones al euskara

El tercer pilar de la producción de LIJ (tras la creación y la literatura ganada) lo constituyen las traducciones desde otras lenguas. En este sentido hay que remarcar la diversidad de las obras que se tradujeron en un principio al euskara. Además de las fábulas podemos encontrar cuentos de los hermanos Grimm (1929) o de Schmid (1929) junto a obras de O. Wilde (1927), Croce (1932) o la traducción de la famosa obra picaresca anónima española El Lazarillo de Tormes (Tormes'ko itsu-mutila, 1929).

A semejanza del resto de la producción en lengua vasca, no son muchas las publicaciones, pero los primeros pasos parecen estar dirigidos a consolidar un sistema literario, independientemente del objetivo "lingüístico" de muchos de los casos.

Efectivamente, al igual que en la producción original, el amor a la lengua (J. Altuna, en la introducción de los cuentos de O. Wilde, justifica su labor de traductor por el deseo de hacerle este pequeño regalo a nuestra madre Euskara: "gure Ama Euzkerari opari txiki au egin gura ixan dautsot") está presente en casi todas las traducciones, junto con la intención de traer al euskara, a la cultura vasca, las obras más importantes de la literatura universal. Algunas de estas obras mantienen, además, una clara función instructiva (como es el caso de los cuentos del alemán Cristoph Schmid).

Todo este volumen de publicaciones -el inicio de traducciones de obras universales, las recopilaciones del folclore popular... junto con la labor en el campo de los libros instructivos- pudo haber supuesto el inicio de la construcción de una LIJ vasca. Sin embargo, la guerra de 1936 en España y la posterior represión, además de la influencia de la segunda guerra mundial en Euskadi norte, supuso la ruptura de este proceso, convirtiendo nuestro incipiente jardín en un desierto.


Vacío literario

A partir de 1936 la producción de obras en euskara sufrió un descenso, al que hay que añadir que muchas de ellas fueran publicadas en lugares tan alejados de los lectores como París o Sudamérica, colonias de emigrantes y exiliados.

Además de las pérdidas humanas y materiales que conlleva todo conflicto armado, en el caso vasco la prohibición del uso del euskara marcó este período. Así, hasta 1948 no se publicó, ene. País Vasco peninsular, ninguna obra para niños en euskara, y las primeras que vieron la luz fueron libros religiosos (Iesu Aurraren Bizitza, 1948, La vida del Niño Jesus; Haurren Eliz-liburutxoa, 1949, Misal para niños o Kristau-Ikasbidea Bertsotan, 1950, Catecismo en verso). Otra vez es la Iglesia y los libros religiosos quienes, superado la férrea censura franquista, dominan en el panorama de las letras vascas.

La escasa producción literaria para niños se reduce a un libro de poesía (Haur elhe haurrentzat, 1944) escrito por el bajonavarro Oxobi y a un cuento (parece ser que traducción o versión libre de un libro ilustrado) con grandes fotografías (Leoi-kumea), escrito por Orixe en 1948 cumpliendo un encargo del Gobierno Vasco afincado en París. Ambas obras se publicaron fuera de España, por lo que pudieron superar la prohibición española, pero difícilmente llegar a sus destinatarios.

Esta situación crítica no es específica del País Vasco. La LIJ en castellano tiene una fuerte carga ideológica impuesta por el régimen (García Padrino menciona los objetivos de la recién creada revista Flechas y Pelayos como un "medio para la difusión de sus mensajes ideológicos destinados a la infancia... contribuir a moldear la generación que ha de hacer la historia del mañana", 410-411) y la producción entre 1945 y 1950 no llega a los 100 libros anuales (Cendán, 1986: 69).

Además, como explica acertadamente Teresa Rovira en el caso de la literatura catalana (Rovira, 1988: 460), prácticamente no se puede hablar de una LIJ clandestina o del exilio, por lo que hay que esperar a que la situación literaria se normalice para poder hablar de la LIJ.

Los primeros cambios importantes en la LIJ vasca de la posguerra se producen a comienzos de la década de los 50 (período coincidente con la "liberación intelectual" que menciona García Padrino en su obra, 513). J. Etxaide publica Alos-Torrea (1950) obra histórica que muy bien pudiera considerarse juvenil (a principios de los 80 se reeditó en una colección de LIJ); pero el principal cambio vino de la mano de "Kuliska sorta", una colección de obras muy variada en su estilo y temática, donde la LIJ y la llamada literatura ganada tuvieron su sitio. La primera obra de la colección fue una traducción, Noni eta Mani (1952), del jesuita Svensson que fue traducida por el también jesuita Plazido Muxika y donde el ensalzamiento de lo religioso prima sobre el resto de los valores. Al año siguiente, Etxaide publica una recopilación de anécdotas humorísticas en Purra! Purra! (1953) dando inicio a toda una serie de obras de humor en la LIJ vasca, tendencia ésta que ha estado prácticamente presente hasta nuestros días con gran peso dentro de la producción.

Jon Etxaide, en una entrevista publicada en 1984, mostraba las diversas dificultades que tuvo que superar para poder publicar esos relatos humorísticos en euskara. "Denborak zailak ziren izugarri. Gero Purra Purra atera nahi izan nuen eta Donostian baimena ukatu egin zidaten. Orduan Madrilera jo nuen zuzen eta influentziez balitaurik lortu nuen baimena, baina liburuaren itzulpena eginaraziz" ("Eran tiempos muy duros. Quise publicar Purra Purra y me negaron el permiso en San Sebastián. Entonces me dirigí directamente a Madrid y valiéndome de influencias conseguí el permiso, pero antes me hicieron traducir la obra"). Hicieron falta constancia, tenacidad e influencias políticas para que esas 25 narraciones humorísticas se pudieran publicar, pero tras ella vinieron otras del mismo estilo como Pernando Plaentxiatarra (1957), Ipuin barreka (1958) o Zirikadak (1958) donde a través del humor se intentaba acercar la literatura a los jóvenes.

Otro de los organismos que luchó contra la prohibición de publicar en euskara fue la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia, quien a través de concursos o de sus propias publicaciones colaboró en el mantenimiento de un mínimo de producción, así como en cubrir algunas de las grandes lagunas existentes. Así en 1955, gracias a un certamen literario, se publicó Amabost egun Urgain'en, primera novela policíaca escrita en euskara, con influencias de Poe, Chejov, Alarcón, Verne, Simenon o Dickens. Esta obra escrita por Loidi tuvo un gran éxito en el País Vasco (se llegó publicar en castellano en 1958) y fue la primera obra vasca traducida al catalán (1961). El hallazgo casual de un cadáver enterrado hace varios años y que tiene un tiro en la cabeza da inicio a una investigación para aclarar una muerte violenta ocurrida tiempo atrás. El investigador tendrá que luchar contra el paso de los años y la falta de pistas, hilvanando poco a poco los datos que consigue en sus pesquisas. 40 años más tarde esta obra sigue siendo leída en el País Vasco por los jóvenes y adultos aficionados a la novela policíaca.

Ante la falta de libros en euskara, Euskaltzaindia publica en 1956 Abarrak. Cuentos y relatos. Ipuiak eta kondairak, donde se nos muestran algunos de los cuentos escritos por Kirikiño a comienzos de siglo y, en 1957, Euskalerriko ipuiñak, selección de cuentos populares vascos "para el agrado de los lectores menudos y los mayores, además de elemento de aprendizaje para quienes están estudiando la lengua vasca" según indica A. Irigaray, autor de la obra, en la introducción.

Poco a poco el panorama literario (y político) va evolucionando en el País Vasco y las anécdotas de un principio se van convirtiendo en rutina. Aumenta de manera importante la producción de obras en general y cambia por completo la LIJ. Por ejemplo, en 1957 se publica la colección "Umentxoen ipuiak" con ilustraciones a color de página entera y donde los animales son los protagonistas de las diversas aventuras. En 1959 otro religioso, el capuchino Felipe de Murieta, edita la primera revista infantil en euskara: Umeen Deia, publicación mensual de cuatro páginas y subvencionada por una institución oficial navarra (Principe de Viana). Llegó a publicar 65 números y desapareció a la muerte de su creador.


Inicio de la Literatura Infantil propiamente dicha

A comienzos de la década de los 60 se producen grandes cambios en la LIJ vasca y en la del estado español. En 1955 se había creado el IBBY, en 1957 el INLE crea la Comisión de Literatura Infantil y Juvenil y en 1959 Carmen Bravo-Villasante publica su Historia de la Literatura Infantil; son tan solo unos pocos ejemplos de los cambios y evolución que se están dando en el panorama de la LIJ.

Además, durante esta década diversos acontecimientos socio-políticos (las protestas por la guerra del Vietnam, el mayo de 68, las ideas de Marcuse, etc.) incidirán directamente en la LIJ, como indica Felicidad Orquín:

"Y ese gran movimiento antiautoritario marcará los libros que se escriban para los niños, y no sería incorrecto afirmar que es a partir de la década de los 60 cuando podría hablarse con rigor de la literatura infantil. Por cuanto este sustantivo y su adjetivo tienen en cuenta, en primer lugar, la escritura, en su valor literario y poético; y en segundo, el niño en su complejidad de «sujeto en devenir» que busca el placer de la lectura más allá de la tiranía de la pedagogía. Esta apasionada afirmación no borra de un plumazo irresponsable a los grandes clásicos del siglo XIX que ya pertenecen a la literatura universal, ni tampoco obras maestras de nuestro siglo anteriores a los 60" (Orquín, 1984:28).

En el País Vasco comienzan a surgir tímidamente las ikastolas, centros de enseñanza donde se imparte la enseñanza en euskara, que son toleradas pero no legalizadas. Estos centros carecen de todo tipo de material didáctico y de lectura en euskara, por lo que durante varios años serán los verdaderos motores (y consumidores) de la producción de obras para niños... y no tan niños. Así, junto con los comics que aparecen en la revista Pin Pan (1960-1970), los lectores en euskara aprovecharon los trabajos de investigación y de campo de conocidos recopiladores como Jose Miguel de Barandiarán y su obra El mundo en la mente popular vasca (1962). Este trabajo investigador sirvió para obtener gran cantidad cuentos para los más jóvenes, al igual que los trabajos que publicó Azkue a partir de 1942 sobre el Folclore vasco, o los cuentos populares recopilados en Amandriaren altzoan (1961) por Julene Azpeitia.

Pero el verdadero cambio en la literatura infantil y juvenil vasca llega de la mano de Marijane Minaberry, escritora natural de Banka (Bajanavarra) y autora de una serie de libros que dieron origen a la LIJ vasca.

Marijane Minaberry publicó su primera obra para niños en 1961, Marigorri, una versión de un cuento conocido; pero a partir de 1963, con los cuentos recopilados en el libro Itchulingo anderea... y los poemas publicados dos años más tarde en Xoria kantari, esta escritora dio inicio a los libros para niños donde se prima el placer de la lectura, el goce y el entretenimiento frente a la corriente instructiva reinante. Minaberry dio origen a la literatura infantil en euskara, pues en su obra, aunque esté presente la intención moralizante, el cuidado lenguaje, las descripciones, la narración misma nos muestran la intención principal de la autora, la estética. En este sentido su obra más literaria es el libro de poemas Xoria kantari (1965), donde entre los 23 poemas que se nos ofrecen, el lector puede encontrarse con gran cantidad de repeticiones, onomatopeyas, rimas... que hacen que estos poemas sencillos sean adecuados para el público infantil. He aquí un ejemplo de todo ello:

EURIA

Plik! Plak! Plok!
Euria
Xingilka
Dabila.

Plik! Plak! Plok!
Jauzika,
Punpeka,
Heldu da.

Plik! Plak! Plok!
Pasiola
Behar da
Atera.

(Minaberry, 1965: 9)


LA LLUVIA

Plik! Plak! Plok!
La lluvia
Anda
A la pata coja.

Plik! Plak! Plok!
Ha llegado
A saltos,
Botando.

Plik! Plak! Plok!
Debemos
Sacar
El paraguas.

(Minaberry, 1965: 9)


De los 23 poemas del libro, 7 sirven de letra a conocidas canciones. A finales de 1997 el grupo de música folk Oskorri publicó un disco con las letras de Minaberry con el título "Marijane kantazan" (Canta, Marijane) en honor a esta escritora que, si bien nunca ha conocido los éxitos de los best-seller (tal vez porque sea una escritora triplemente periférica, por se una autora de Euskadi norte, por ser mujer y por escribir libros para niños), esta hormiga silenciosa no ha cesado de trabajar en proyectos de LIJ. Pero acaso por la coyuntura socio-política del momento o por la gran separación existente entre la autora, su dialecto, y el gran público potencial, Minaberry no ejerció una gran influencia en las tendencias y corrientes de la LIJ vasca en general.

Sin embargo la apertura política que se estaba dando en las cuatro provincias del sur dio lugar a toda una serie de novelas históricas que pretendían reavivar las ideas nacionalistas que habían estado perseguidas durante tantos años. Incluso años más tarde, en la traducción de Guillermo Tell, publicada en 1976 se indicaba en la contraportada:

"Gillermo Tell es la historia de un pequeño pueblo escondido entre las montañas; los patriotas quisieron llevar a su pueblo a la libertad".

Pero entre Minaberry y 1975 hay una serie de cambios provenientes, sobre todo, de la pedagogía creativa, las ideas de Freinet... junto con la labor de editoriales como La Galera que, además de la influencia que tuvo en todo el estado español, coeditó varios títulos en euskara ofreciendo a los niños y niñas que querían leer en esta lengua una variedad más extensa de productos donde elegir.

Por otra parte, se sigue con la tónica anterior: en 1968 se editan 62 cuentos populares vascos bajo el título Antziñako ipuiñak, se traducen algunos cuentos de Perrault y Marcelino Pan y Vino (Ardo ta ogi Martxelin, 1968), se editan cuentos ilustrados para niños en la colección "Abere alaiak". Pero, si hubiera que destacar un acontecimiento en este periodo, tal vez sería la creación de la colección infantil y juvenil "Kimu" dentro de la editorial religiosa Mensajero. En sus primeras obras se busca instruir al lector, y así, junto con obras divulgativas (libros de historia de la literatura, por ejemplo), se publicaron varias novelas históricas (Amaia, Antso Gartzeiz, Eneko Haritza, Harkaitz elurra ari zueneko haurra...), obras teatrales para poder representar en los centros de enseñanza escritas por Lurdes Iriondo (Martin Arotza eta Jaun Deabrua y Sendagile Maltzurra, 1973; Buruntza azpian, 1979), así como cuentos o poemas escritos por niños y jóvenes de diversas ikastolas.


1975-1980: la transición

A partir de la muerte del dictador Franco en 1975, la sociedad vasca vivió toda una serie de cambios políticos, pero sobre todo sociales. Campañas en favor del euskara, como la que organizó la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia, o movimientos como la Marcha de la Libertad que llegó a reunir a medio millón de personas, son un pequeño ejemplo de estos cambios.

En las ikastolas, centro educativos donde la enseñanza se imparte en euskara, aumenta vertiginosamente el número de alumnos matriculados —si en 1970 eran 11.885 los niños y niñas matriculados en las ikastolas, en 1974 son casi 27.000, y 65.000 en 1980—. Además en 1979 se aprueba el Estatuto de Autonomía y tres años más tarde se promulga el decreto de Bilingüismo por el que se regula la enseñanza del euskara en todos los centros escolares. Algo parecido sucede con los adultos; la Coordinadora de Alfabetización de adultos, creada al amparo de la Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltziandia, crece de tal manera que dicho organismo no puede hacerse cargo de los más de 45.000 adultos que se matriculan en sus centros para aprender euskara.

Todos estos acontecimientos tienen una influencia directa en la LIJ. La demanda de textos de lectura es tal, y tan frágil la infraestructura editorial vasca, que prácticamente es imposible cubrirla. Además, en esa misma época, diversas editoriales del estado español deciden publicar sus títulos en las cuatro lenguas del estado, sin mucho éxito en el caso del euskara (no se cuidan las traducciones, el lenguaje no es el más adecuado para los lectores, no se promocionan las publicaciones, etc.).

A finales de los 70, al surgir tres editoriales vascas importantes en el campo de la LIJ, se empieza a estructurar el sector. Hordago, una editorial que llevaba varios años con grandes éxitos de ventas gracias a los libros políticos, inicia la colección "Tximista", donde llega a publicar en muy poco tiempo alrededor de 40 títulos de literatura infantil y juvenil universal (tan sólo se publican cinco originales en euskara, tres libros de Txomin Peillen y dos obras de J. Etxaide). Pero al poco tiempo la editorial entra en crisis y desaparece.

Serán las editoriales Elkar y Erein las que a partir de 1980 impulsen a la LIJ vasca hasta nuestros días. Ambas editoriales iniciaron su andadura potenciando los libros infantiles (tanto literatura como libros de texto). La editorial Erein, además, creó en 1979 la revista Ipurbeltz, que junto a Kili-Kili, que también se editó ese año (ya antes, en 1966, Jose Antonio Retolaza había publicado algún número, pero fue censurada), dieron origen a la comercialización de revistas para niños en euskara. Ahora bien, mientras que Ipurbeltz ha tenido una gran influencia en la labor de nuestros ilustradores y ha servido de plataforma a muchos de ellos, Kili-Kili se mantuvo gracias a las traducciones de conocidos cómics como Anacleto, Mortadelo y Filemón, Astérix, etc., hasta que dejó de publicarse a principios del siglo XXI.


La literatura infantil y juvenil moderna

A partir de 1980 la LIJ vasca comienza una nueva época donde se producen unos cambios cuantitativos, pero sobre todo cualitativos. El incremento en la producción de obras es asombroso. Se pasa de no publicar prácticamente casi nada, o publicar unas pocas decenas de obras, a las 300 publicaciones al año; y, al igual que en la producción de libros en euskara, ese crecimiento se mantiene año tras año. Como se puede apreciar en el siguiente esquema, a partir de 1980 hay un gran incremento en la producción de LIJ.

Pero si este cambio es más que significativo, no nos podemos olvidar de la que, a partir de la década de los 80 realmente a transformado la LIJ (motivado o interrelacionad, además, con dicho cambio): su evolución cualitativa. Tras varios años en los que la literatura vasca tiene una gran experimentalidad (Sekulorun sekulotan la obra sin ninguna puntuación, al estilo de Joyce, escrita por Patri Urkizu, 1975, es un claro ejemplo de ello) y manifiesta una necesidad imperiosa de demostrar la capacidad literaria de la lengua, a comienzos de los 80 se va imponiendo una literatura más cercana a los lectores, una literatura para los lectores y no para los autores. En este sentido la irrupción de la LIJ y de sus lectores, es clave en dicho cambio.

Así, la necesidad de crear una literatura actual, atractiva e interesante, que sea capaz de atraer al mundo literario vasco a los lectores, hará que entre 1981 y 1984 se publiquen tres obras claves en la LIJ vasca: Tristeak kontsolatzeko makina (1981) de Anjel Lertxundi, Chuck Aranberri dentista baten etxean (1982) de Bernardo Atxaga y Txan fantasma (1984) de Mariasun Landa. Estas tres obras marcan el inicio de la LIJ moderna en lengua vasca. La influencia rodariana en Lertxundi, o la de Christine Nöstlinger en Landa, junto con la mezcla de fantasía y realidad de las obras de Atxaga, hacen que en las letras vascas se publiquen unas obras modernas no sólo en la forma sino también en su contenido. El uso de los recursos literarios para conseguir un mayor efecto en los lectores, junto con la prioridad del lenguaje literario y los temas actuales —temas que tratan de nuestro yo más profundo, nuestros miedos, nuestros problemas, la falta de comunicación o de cariño... — marcan el inicio de la modernidad en la LIJ vasca, tan solo unos años después de que este fenómeno se diese en la literatura para adultos.

Por supuesto que, junto con la literatura moderna, se han seguido publicando un gran número de obras clásicas y tradicionales. La anteriormente mencionada Abarrak junto con Pernando Amezketarra han sido frecuentemente editadas en estos años. Así mismo otras obras de autores actuales como Proxpero (1988), Txerrama errudun (1994) o Murtxanteko lapurrak (1988) reflejan una sociedad rural igual que la de hace cien años. Por otra parte, también se han editado gran cantidad de libros basados en los cuentos populares, la mayoría de ellos fruto de la labor que realizaron investigadores a lo largo de este siglo, pero también ha habido nuevas aportaciones valiosas e interesantes como es el caso de la recopilación de cuentos Kontu zaarrak (1980) realizada por Joxe Arratibel y que nos ofrece algunas versiones vascas de cuentos tan conocidos como "Ali Baba y los cuarenta ladrones" con su "abrite portas kris-kras" o el cuento "Marixor", la versión vasca de Cenicienta. Arratibel, además, ha sabido conservar la frescura y originalidad de estos cuentos populares.

Por último, como consecuencia de una literatura con escasa tradición escrita, se da un proceso de búsqueda en las raíces culturales y de la tradición oral. Este proceso no sólo ocurre en los cuentos populares, sino que también da lugar a recopilaciones de historias, anécdotas o sucesos conocidos tanto pasados (Peru eta Marixe, mila eta bat komerixe [1993] del escritor A. Lertxundi sería un ejemplo de ello) como contemporáneos (como son las dos obras escritas en torno a la figura del conocido bertsolari Lazkao Txiki y publicadas en 1994 y 1995).


La narrativa en la LIJ vasca moderna

Se han publicado más libros en euskara en cualquiera de los últimos 15 años, que desde que se publicó el primer libro hasta el final de la dictadura franquista en 1975. Además, aquellas obras anteriores a dicha fecha, y que son atractivas para el lector infantil y juvenil, se siguen editando hoy en día. Este fenómeno, común a casi toda la literatura vasca (con alguna excepción en el caso de la poesía) nos permite obtener prácticamente una visión de conjunto a partir de la producción de los últimos 25 años.

Junto a la ya mencionada literatura de tradición oral y sus versiones actuales, el lector se puede encontrar con obras enmarcadas dentro del realismo fantástico ("relatos que incluyen personajes, poderes, lugares, etc., maravillosos y mágicos no necesariamente relacionados con la tradición popular" Valriu, 1994. 147) y la ciencia ficción.

Es innegable la influencia de G. Rodari y su Gramática de la fantasía en algunos escritores y sobre todo en algunas obras (Tristeak kontsolatzeko makina, 1981; Kaskarintxo, 1982; Nire belarriak, 1984; etc.), al igual que la combinación existente entre la mitología y las aventuras (Marea biziak zozomikotetan, 1991), o la utilización de algún elemento maravilloso (Asier eta egia gurutzatuen liburua, 1995). También los animales tienen un gran peso en las obras fantásticas de la literatura infantil vasca contemporánea a través de obras que tienen a animales como protagonistas (Astakiloak jo eta jo, 1993; Egunez parke batean, 1993; Xola eta basurdeak, 1996 o Errusika, 1988), que al mismo tiempo que nos hacen disfrutar con sus ideas y actuaciones, sirven para que reflexionemos sobre nuestro entorno, nuestra sociedad, a partir de un punto de vista distante y diferente.

Podemos indicar, por lo tanto que la combinación de elementos fantásticos y realistas ha dado origen a obras que van desde las anteriormente indicadas hasta otras con trasfondo psicológico (Chuck Aranberri dentista baten etxean, 1982, sería un ejemplo de ello), o incluso de viajes (Hakuna Matata, 1995).

La ciencia ficción, en cambio, cuenta con menos seguidores entre los escritores de LIJ vasca. A excepción de la colección de cómics "Alfer", sólo se han publicado unas pocas obras. Euskaldun bat Marten (1982) es la primera obra de ciencia ficción publicada en euskara, pero habrá que esperar ocho años para que se pueda leer otra obra dentro de esta corriente: 2.061: antzinako kronikak (1990); tanto esta última obra como Shangai Tom espazioko zaindaria (1992) o Azken gurasoak (2003) nos muestran una sociedad futura y lejana tanto en el tiempo como en el modo de sociedad. En cambio, Olioa urpean (1998) y Gogoa lege (2005), escritas ambas por Manu Lopez Gaseni, nos ofrecen una visión crítica e irónica sobre nuestra sociedad a través de un futuro no tan lejano.

Es sintomático que la falta o abundancia de publicaciones dentro de una u otra corriente se dé en toda la literatura y no únicamente en la literatura infantil y juvenil. En la literatura para adultos, por ejemplo, también son escasas las obras de ciencia ficción; y es que en la literatura vasca los géneros, estilos y autores son muy permeables. Resulta habitual que una persona escriba para adultos y para el público infantil, pero así mismo es normal que esa misma escritora o escritor publique obras en diversos géneros y temáticas variadas.

Los libros de aventuras han estado presentes en la LIJ desde hace muchos años y, hoy por hoy, siguen siendo atractivos para aquellos lectores que buscan la acción. En las letras vascas junto a traducciones de clásicos como La isla del tesoro, Kim, Los viajes de Gulliver, las obras de Mark Twain o de J. Verne, que se han traducido a lo largo de las últimas décadas (en un principio a través de versiones escritas en español), abundan los originales escritos en euskara. Desde obras de autores de una sola publicación, como pueden ser Nire ibilaldiak (1982) de Mertxe Olaizola o El Dorado-ren bila (1989) de Arantxa Mendieta hasta novelas de importantes escritores como A. Epaltza (Lur zabaletan, 1994), Aitor Arana (Afrikako semea, 1991), o Txiliku (Indianoa, 1993). Es notoria en estas obras la influencia de las grandes novelas de aventuras del siglo XIX (en la novela de A. Arana resulta evidente la relación con autores como Salgari, Stowe o Stevenson, y con la novela costumbrista; Amodioaren gazi-gozoak, 2001, es un claro ejemplo de ello), así como la intención de reflejar las condiciones de la época o el fenómeno de la emigración de vascos a América.

Entre las novelas de aventuras existe un grupo de obras donde la cuadrilla de chicos es la protagonista. Son producciones cuyos orígenes pudieran estar en los libros de Enid Blyton, S. E. Hinton, Sorribas o Carbó (autores traducidos al euskara a durante la década de los 80, al igual que el libro de Erich Kästner Emilio y los detectives). Así Martinello eta sei pirata (1986) del escritor Pako Aristi dió inicio a una serie de obras de aventuras con la misma cuadrilla de chicos como protagonistas, al igual que Zikoinen kabian sartuko naiz (1986) de J. Iturralde.

Pero si los libros de aventuras han tenido su importancia en la LIJ vasca, mucho mayor ha sido y es la de los libros de humor: desde aquellos que cuentan situaciones divertidas hasta los libros de chistes o anécdotas, y desde los tradicionales como Abarrak (publicado originalmente en 1918 y reeditado para niños en 1981), Pernando Amezketarra (1927, reeditado 1981), Purra! Purra! (1953, reeditado 1987-88), Pernando Plaentziarra (1957, reeditado 1984), etc., hasta las obras más recientes y modernas como Kutsidazu bidea, Ixabel (1994), obra juvenil, con muchas referencias a épocas pasadas, que narra la estancia de un joven que está aprendiendo euskara en un caserío. El choque cultural desencadena toda una serie de situaciones que, unidas a las ocurrencias y comentarios chistosos del protagonista narrador, provocan la sonrisa continua en el lector. El gran número de personas que están estudiando euskara y la empatía que sienten hacia el protagonista, hacen que esta novela juvenil además de ser el libro en euskara que más ejemplares ha vendido en los últimos años, haya sido llevada a las pantallas de la televisión y el cine.

No cabe duda de que el humor fomenta la lectura y es un elemento clave en la literatura infantil y juvenil. Incluso muchos temas "serios" como los compromisos sociales (Xola eta basurdeak, 1996) o la falta de comunicación (Julieta, Romeo eta saguak, 1994), son tratados con humor. En la versión humorística del tema de la conocida obra de Shakespeare, Mariasun Landa nos ofrece una historia de amor vista y promovida, en última instancia, por unos hambrientos roedores. La transtextualidad que se aprecia en el mismo título de la obra se complementa con el humor, la inclusión de los ratones como co-protagonistas principales de la novela.

En estos últimos años se han traducido gran cantidad de obras humorísticas de autores como Goscinny, Roald Dahl, Rodari... pero además también se han publicado obras originales de ambiente rural como Pottoko (1984), Txerrama errudun (1994), recopilaciones de chistes y anécdotas comoDonostiarrok txantxetan (1982), Barrezka (1988), Txisteka misteka (1991) o las anteriormente mencionadas sobre el bertsolari Lazkao txiki, junto con antologías (Horrela bizi bagina beti, 1991) o cuentos con cierto toque de humor (Txitoen istorioa, 1984, o Tilin-talan, 1992).

Al igual que el humor y la aventura, el misterio y la novela policíaca tienen también gran presencia en la literatura juvenil. Se trata de obras donde los jóvenes suelen ser casi siempre los protagonistas de las investigaciones y donde primar la audacia y la inteligencia, frente a la violencia de la literatura de los adultos.

Desde que en 1955 se escribiera la primera novela policíaca en euskara (Amabost egun Urgain'en), este género ha tenido una gran aceptación por parte de los jóvenes. En 1981 la editorial Erein inició su colección de LIJ con una obra de dicho género: Portzelanazko irudiak, novela al más puro estilo E. Blyton; igualmente, una de las primeras obras de X. Mendiguren fue Tangoak ez du amaierarik (Elkar, 1988) ambientada en Buenos Aires y donde la represión política se mezcla con la intriga en el mundo del circo. También ha habido escritores de una sóla obra, como Amaia Ormaetxea con Erinias taberna (1990) donde se describe la investigación de una muerte ocurrida en un incendio, junto con autores como Joxemari Iturralde con toda una serie de obras en las que también ha hecho un hueco para la intriga:Sute haundi bat ene bihotzean (1994). Pero sin lugar a dudas la colección de novelas policíacas para jóvenes más importante de la LIJ vasca es la que tiene como protagonista a una maestra con aficiones detectivescas: "Madame Kontxesi-Uribe, Brigada & Detektibe". El humor, la ironía y la parodia se mezclan en esta colección que tiene algo de Mrs. Marple y de agente 007 (la lucha contra el malvado Von Salchichen se prolonga a lo largo de toda la colección).

También las traducciones han ayudado a que hoy en día exista una gran variedad de obras policíacas en euskara (aunque estemos lejos de la producción que se da en otras lenguas). A. Martín y J. Ribera, M. Neuschäfer-Carlón o H. Jürgen Press son algunos de los autores conocidos y apreciados por los jóvenes en el País Vasco.

Pero tal vez donde se ha dado un mayor cambio dentro de la LIJ vasca haya sido las obras de crítica social o que nos ayudan a conocernos un poco más, todas ellas insertadas dentro de la corriente del realismo crítico. Desde la utilización de elementos tradicionales hasta las nuevas técnicas narrativas sirven de soporte a estas obras que hacen reflexionar al lector.

En 1982 la escritora Mariasun Landa recibió el premio Lizardi con un cuento sobre la relación de una niña con un fantasma, la falta de cariño, la soledad y la incomprensión de los adultos da lugar a dicha relación. Karmentxu, frente al mundo de los adultos, busca refugio en el animismo y la imaginación. Txan fantasma (1984) es una de las primeras obras de la LIJ vasca moderna, por su temática y por su técnica narrativa. Y esta primera obra ha dado lugar a toda una serie de publicaciones interesantes y de calidad, donde se nos presenta nuestra sociedad en relación con el mundo infantil y juvenil (obras como Dado iratxoa (1986) de los escritores S. Calleja y X. Monasterio que nos ofrecen la historia de un chico de nueve años que está enfermo, o Matias Ploff-en erabakiak (1992) donde se plantea el problema de la obesidad, la primacía de los valores...). Otros temas que se plantean en la LIJ actual son más recientes (como la explotación de los jóvenes deportistas que aparecen en Urrutiko intxaurrak, 1996) o más generales (la muerte de Gauez zoo batean, 1993, Adio, adio!, 2003, o el amor que se nos presenta en Maria eta aterkia, 1988). Esta última obra, que trata sobre la relación entre una niña y un paraguas, también ha sido escrita por Mariasun Landa, sin duda el principal exponente del realismo crítico en la LIJ vasca. Muchas de sus obras son claros exponentes del realismo crítico, como la anteriormente citada Julieta, Romeo eta saguak (1994) o Alex (1990) donde el protagonista es un antihéroe, junto con Nire eskua zurean (1995) cuento iniciático sobre el amor, la dependencia materna, los sentimientos adolescentes... o Krokodilo bat ohe azpian, 2003, obra ganadora del premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil y que a través de la relación imaginaria entre el protagonista y el cocodrilo que tiene bajo la cama, la autora nos vuelve a hacer reflexionar sobre nuestros miedos, la soledad, la sociedad en la que vivimos.

A partir de la segunda mitad de la década de los 80, el realismo crítico ha ido ganando terreno en la literatura vasca, las traducciones de obras de autores como U. Wölfel, F. Hetmann, M. Gripe, Ch. Nöstlinger, P. Härtling, T. Haugen, etc. han contribuido a ello. Hoy en día el abanico de obras escritas en euskara abarca prácticamente toda la temática social. El problema de la militarización o el uso de la violencia (Joxeme gerrara daramate, 1992; o Marigorringoak hegan, 1994), la ecología (Desafioa, 1988; Hiru lagun, 1995; Joxepi dendaria, 1984), la familia (Txitoen istorioa, 1984; Jaun agurgarria, 1993, Pirritx eta Porrotx arrantzan, 2004), la pobreza (Kittano, 1988), la emigración (Bi letter jaso nituen oso denbora gutxian, 1984; Lur zabaletan, 1994; Eztia eta ozpina, 1994,), la inmigración (Eddy Merckxen gurpila, 1994, Semaforoko ipuina, 2004), el paro (Harrika, 1989), el amor (1948ko uda, 1994, Kixmi elurpean, 2005), la libertad (Asto bat hypodromoan, 1984; Potx, 1992; Tristuraren teoria, 1993; Behi euskaldun baten memoriak, 1991), etc., aparecen reflejados en obras de calidad escritas estos últimos años.

La necesidad de responder a los diversos gustos literarios y a una variedad temática que no existía, son las causas de esta amplitud de temas y estilos en la narrativa infantil y juvenil. Incluso los autores mismos son un reflejo de esta variedad, aunque en algunos de ellos haya una serie de elementos constantes en todas sus obras, como por ejemplo el uso del humor por parte de B. Atxaga, elementos de la tradición oral en el caso de A. Lertxundi o la importancia de la caracterización psicológica en los personajes de M. Landa. Es de esperar que a medida de que la situación de la LIJ se va normalizando, aumentando tanto el número de autores y obras como lectores, esta dispersión temática y estilística pueda ir siendo sustituida por una mayor especialización.


Otros géneros literarios

Todas las obras modernas mencionadas anteriormente corresponden al género narrativo, mayoritario en la producción de la LIJ, con algo más del 95% del total. Las obras de teatro infantiles y juveniles en euskara, por su parte, al igual que ocurre en la literatura para adultos en estas últimas décadas, no llegan ni al 1% de la producción. En los años 70 L. Iriondo publicó un par de obras y a principios de los años 80 Marijane Minaberry recibió el premio "Toribio Altzaga" impartido por la Real Academia de La Lengua Vasca-Euskaltzaindia, por su obra teatral infantil Haur antzerki (1983). Harán falta más de 10 años para que en 1994 Manu Lopez Gaseni publique Andoni eta Maddalenen komediak, obra dividida en 32 piezas breves que reflejan un curso escolar en la vida de los protagonistas.

Xabier Diaz Esarte es, sin duda, el principal autor de obras de teatro para niños. En los últimos años ha publicado varias obras: Sei haur-komedia, A zer nolako Komeria! (1995) autoeditada, Teloiaz bestaldean (1997) editada por el Ayuntamiento de Pamplona, Mito, mito eta kitto! (1999) y Zape, Katu jauna (2002). El humor es un elemento esencial en estas obras, así como la representación de personajes mitológicos y la utilización de animales como protagonistas. La escritora Yolanda Arrieta destaca con sus obras Badago ala ez dago? (1998) y Groau! (2005) en el ámbito del teatro juvenil y la actriz y escritora Aitzpea Goenaga publicó en 1999 una obra teatral infantil, Antzezten... teketen ten, dividida en cuatro piezas, cada una correspondiente a una estación del año.

En cuanto al otro gran género literario, la poesía, la situación varió completamente a partir de 1992. Hasta esa fecha prácticamente no existe ninguna obra moderna. Hemos comentado que este género inició su andadura en 1944 con Haur-elhe haurrentzat, y posteriormente Nemesio Etxaniz y Marijane Minaberry publicaron sus poemas en la década de los 60. En los 70, por su parte, hubo varias publicaciones (algunas realizadas por los mismos jóvenes), y ninguna, exceptuando algún libro con raíces folclóricas, en la década de 1980. En 1992, se produce el cambio. Juan Kruz Igerabide publica Begi-niniaren poemak (publicado posteriormente en una edición bilingüe por Hiperión como Poemas para la pupila, 1995), este poemario con claras influencias orientales supuso todo un acontecimiento en la LIJ vasca. Poemas como

Bakardadea

Bide bat hutsik
lautada handitik:
haur bat, bakarrik,
eta inor ez eskutik.

(Igerabide, 1995:69)

Soledad

Un solo camino
en el gran llano:
un solo niño
sin nadie de la mano.

(Igerabide, 1995:69)


sirvieron para que la poesía, género con tan larga tradición en la literatura vasca, fuera descubierta por la LIJ. Durante los años anteriores hubo toda una serie de obras que se podían calificar como narrativa poética (Pello Añorga o Patxi Zubizarreta serían algunos de los exponentes de estas obras), pero a partir de esta primera obra de poesía Igerabide ha seguido publicando una gran variedad de libros de poemas como Egun osoarako poemak eta beste (1993), Haur korapiloak (1997), Botoi bat bezala/Como un botón (1999), Hosto gorri, hosto berde. Hoja roja, hoja verde (2002), Munduko ibaien poemak (2004), Gorputz osorako poemak (2005), etc. con claras influencias orientales, pero también de la poesía culta española, la oral europea o los limerick y nursery rhyme anglosajones. La publicación de la mayoría de su obra poética en castellano, así como que dos de sus poemarios hayan sido finalistas del premio Nacional de Literatura, es una muestra de la calidad de los libros de poesía de Igerabide.

Otros autores como J. M. Irigoien, Metak eta kometak (1994), o J. Ormazabal, Hitzak jostailu (1994), Txoko txiki txukuna (1998) o Irri eta barre (2002) recopilan en sus libros desde poemas hasta juegos de palabras y definiciones, lo mismo que en el poemario para primeros lectores Denboraren kanta-kontuak (1995) realizado por Yolanda Arrieta e ilustrado por Asun Balzola o el libro de literatura juvenil Kartapazioko poemak (1998) escrito por Igerasoro (seudónimo de los escritores Igerabide y Linazasoro). Por otra parte también debemos incluir dentro de este género las obras con notoria la influencia del versolarismo como el libro Txukunago ibiltzen da kostako trena (1992), de Pello Esnal o el libro Bazen behin, Behin bazen (1995), del escritor Antton Kazabon, autor de otros poemarios con estilos diferentes como la recopilación de poemas intimistas Kilikolore (2000), el abecedario poético de Armiarma zuhaitzean (2004) o el libro de poemas de amor, Matte-matte (2000), entre otros.

El juego literario con referencias al juego, a la tradición o a la complicidad con el lector o lectora, se puede apreciar en Ilbete dilindan (2002) de Jon Suarez; al igual que las referencias a los animales domésticos existentes en Kalezuloko animalien itzalak (1999), poemario compuesto por breves piezas, al estilo de los haikus, que frecuentemente logran hacer sonreír al lector.

Pello Añorga, por su parte, autor de numerosos libros infantiles, publicó en 1998 su primer libro de poemas, Jira-biran, donde, al igual que Zupankapaloak (1999), destaca la magia del sonido creado por los poemas con claras influencias de la literatura de tradición oral. Esta tradición también es notoria en la obra Pupuan trapua (2004) de Xabier Olaso, ganador del premio Euskadi 2005 con esta obra moderna, sencilla, elaborada y con claras referencias a la literatura oral vasca.

De todas maneras no debemos engañarnos por este pequeño boom de la poesía infantil y juvenil, existen grandes altibajos en la calidad de las obras, incluso dentro de las mismas obras. Ahora bien, el hecho de que en los años 2004 y 2005 se hayan publicado sendas antologías de la poesía infantil y juvenil (Haurrentzako euskal poesiaren antologia, 2004 y Gazteentzako euskal poesiaren antologia, 2005) por parte de Miren Billelbeitia y Jon Kortazar, conocido profesor de la Universidad del País Vasco, así como que una obra poética haya sido seleccionada como la mejor obra del año 2004, dan una muestra de la calidad que este género está adquiriendo dentro del sistema literario vasco.


Los libros ilustrados y el cómic

Los libros ilustrados, obras donde la ilustración a color prima sobre el texto en la mayoría de los casos, suelen ser muchas veces un buen termómetro para conocer cuál es la verdadera situación de la literatura infantil en una lengua. En el caso de la literatura vasca lo reducido del mercado y la debilidad de las editoriales dan lugar a que prácticamente no existan libros ilustrados creados por nuestros autores. Al contrario de lo que ocurrió a principios de la década de los 80, cuando editoriales como Erein y Elkar iniciaban su andadura en la literatura infantil con libros de gran calidad (Ernioko Ziripot, 1981, Udaberia, 1981, y Lotara joateko ipuinak, 1982, fueron premiados por el Ministerio de Cultura), hoy en día son escasos los libros ilustrados infantiles creados en euskara. El álbum infantil original en lengua vasca tiene grandes dificultades (costes elevados, reducido mercado exterior, casi nula tradición...) y tan sólo las coediciones o traducciones de libros realizados en otras lenguas se publican actualmente. Las series de Teo, Ibai, Charlie Rivel, Kiriko, Babar, etc., son un claro ejemplo de esa dependencia literaria, al igual que la labor realizada en este campo por la editorial gallega Kalandraka, que en los últimos cinco años ha puesto en el mercado infantil vasco cerca de medio centenar de obras, muchas gallegas, algunas "clásicas" en la LI moderna, y un par de álbumes de autores vascos.

La reducción del mercado y la carestía en la edición, también son causas de la escasez de comics en euskara. En este campo, de todas maneras, hay que destacar la labor realizada por la editorial Erein, con su revista Ipurbeltz, así como con la serie de álbumes que ha publicado a lo largo de estos años. La colección "Ipurbeltz-ale bereziak" en el campo infantil y "Justin Hiriart" en el juvenil son claros ejemplos de dicha labor.

La editorial Elkar, por su parte, publicó una serie de álbumes dentro de su colección "Alfer" a mediados de la década de los 80 sin que hayan tenido continuidad. Y la editorial Lur, con una marcada intencionalidad instructiva, ha creado una serie cuyo protagonista, Gabai, realiza un recorrido a través de la historia del País Vasco.

En el campo de la literatura juvenil, durante el periodo 1985-1992, el Gobierno Vasco editó una serie de álbumes en su colección "HABEKO MIK", obras dirigidas al público adulto pero muchas de ellas interesantes para el público juvenil.

Exceptuando estas obras (y alguna otra como los álbumes de los payasos Txirri, Mirri y Txiribitón editados por Ibaizabal en 1997) la mayoría de los álbumes de comics publicados en euskara lo constituyen traducciones de obras clásicas como Ivanhoe, William Tell, Dick Turpin, etc. o las aventuras de Tintin o Asterix coeditadas por la editorial Elkar. Este panorama puede cambiar algo a partir de la publicación en el año 2005 de una revista de comics infantiles y juveniles, Xabiroi, con una tirada inicial de 35.000 ejemplares distribuidos en centros escolares.


Otras revistas

Desde que en 1980 se publicaran Kili-Kili (1979) e Ipurbeltz (1980), ha habido más intentos para poner en el mercado otros productos; en 1992 fue creada Xirrixta, destinada a la franja 4-8 años, y en 1996 Kometa, destinadas a jóvenes entre 8 y 12 años. Ambas publicaciones contaban con el apoyo del grupo francés Milan y, tras varios años publicando un producto de gran calidad que ha contado con la colaboración de escritores e ilustradores como Atxaga, Mariasun Landa, Patxi Zubizarreta, J. K. Igerabide, J. Mitxelena, M. Valverde, etc., ambas revistas desaparecieron en 1998 por los problemas económicos derivados de un mercado reducido y poco acostumbrado a este tipo de publicaciones. Posteriormente, en el año 2000, ha surgido una nueva revista, también apoyada por el grupo Milan, Na-nai, que aunque siga siendo un producto de calidad, tiene serias dificultades a la hora de llegar puntualmente al mercado.

De las dos revistas veteranas, mientras que Kili-Kili era un proyecto individual y con una clara dependencia de las traducciones (Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, etc., son personajes que aparecen en dicha revista), Ipurbeltz, de la editorial Erein, ha servido de plataforma a gran cantidad de ilustradores. No nos ha de extrañar, por lo tanto que Kili-Kili dejara de publicarse a comienzos del siglo XXI tras cinco lustros de vida.


La crítica literaria

Como acertadamente indicaba Roseell en un artículo sobre la crítica de la literatura infantil: "además de no haber avanzado como sector de la literatura para adultos, la crítica de la literatura infantil tampoco ha evolucionado al mismo ritmo que la materia de la cual se ocupa". Esta afirmación también es válida para la literatura vasca. Efectivamente, la evolución que se ha dado en estos últimos años tanto en la cantidad como en la calidad de las obras no ha ido acompañada de una crítica literaria. Es verdad que ha habido algunos seminarios, cursos, incluso algunas publicaciones y que han comenzado a leerse algunas tesis doctorales en la Universidad, pero si se compara la importancia que tiene la LIJ en la producción editorial y la repercusión que tiene en los medios de comunicación, en la crítica especializada, etc., se aprecia un gran desequilibrio. Aún así, podemos destacar que la evolución en este campo nos hace pensar que, poco a poco, la LIJ se está haciendo un hueco dentro de la literatura vasca. En este sentido la evolución que se ha dado en este campo nos permite afirmar que a lo largo de la década de los 90 se ha creado el sistema literario de la LIJ vasca (Lopez Gaseni, M. y Etxaniz Erle, X. 2005). Así, según se indica en el estudio realizado por éstos profesores, basándose en la metodología propuesta por el profesor Itamar Even-Zohar (1990), hay seis elementos que componen el (poli)sistema literario: el emisor (autor-a), consumidor (lector-a), el canal (mercado), el mensaje (producto), el código (repertorio) y el contexto (institución). En el caso de la LIJ vasca, a lo largo de la década de los 90, se han dado una serie de cambios que nos permiten afirmar, tal y como se ha señalado, que se ha creado el sistema literario de la LIJ vasca. Los escritores e ilustrados tienen una clara intención literaria; muchos de ellos son escritores tanto de LIJ como de adultos; cada vez existen más escritores e ilustradores profesionales y son muchos más que hace unos pocos años); en cuanto a los lectores, actualmente todos los niños deben de ser potenciales lectores homologados, es decir lectores que no necesitan ningún tipo de ayuda extraliteraria.

El mercado de la LIJ abarca el 25% de la producción editorial en lengua vasca, casi todas las editoriales del País Vasco editan libros de LIJ y muchas editoriales con sede fuera, como Alfaguara, Anaya, S.M., Everest, etc. también. Así mismo cada vez más autores e ilustradores vienen viendo publicada su obra en otras lenguas.

A nivel institucional, la crítica, los medios de comunicación, editoriales, instituciones educativas, etc. colaboran en el prestigio y la importancia de la LIJ. Actualmente existen diversos niveles de crítica, desde las reseñas y críticas en medios de comunicación y revistas especializadas o no, hasta la crítica universitaria. Cabe destacar el hecho de que en casi todos los medios de comunicación que publican en euskara se publican dichas reseñas y críticas, desde los periódicos, hasta revistas universitarias. Además, como hemos indicado anteriormente, la práctica totalidad de editoriales vascas publican obras de LIJ, ofreciendo una amplia oferta de colecciones. Y el hecho de que el mundo literario, comercial y social vasco sea tan reducido facilita la presencia de la LIJ en espacios, que en otras culturas no son accesibles, como la televisión o las radios. Igualmente, es de destacar la labor de diversas instituciones a favor de esta literatura, destacando en otros el premio del Gobierno Vasco, "Euskadi Saria", a la mejor obra publicada el año anterior.

Actualmente, y debido a la gran producción existente a partir de 1980, existe un fondo literario rico y variado en estilos, obras, autores, ilustradores y temas. Desde la literatura de tradición oral hasta el realismo crítico, el lector o lectora que se acerque a la LIJ puede elegir en el repertorio de obras que se han publicado y lo sigue haciendo últimamente.

Pero sin duda, si todos los anteriores elementos han sido importantes a la hora de crear el sistema literario de la LIJ vasca, hay uno que destaca: la mejora que se ha experimentado en la calidad del producto literario. A lo largo de estos años tanto los autores como los ilustradores han evolucionado y hoy en día podemos afirmar, sin lugar a dudas, que existe una LIJ de gran calidad. Tanto los paratextos de las obras (Lluch, 2000, según las teorías de Genette), como el contenido de las mismas con un lenguaje más cuidado, abundancia de elementos literarios, tono y estilo elaborados, así como ilustraciones de mayor calidad, son un reflejo de lo anteriormente indicado.

A pesar de esta impresión optimista de la LIJ, debemos ser conscientes de que se mantienen ciertos impedimentos para el desarrollo de la literatura en lengua vasca. Lo reducido de su mercado, junto con las dificultades para darse a conocer en el mercado exterior, así como la gran dependencia existente con respecto al mundo de la enseñanza, hacen que seamos conscientes de que, hoy por hoy, a pesar de que la LIJ en lengua vasca brille con luz propia por su calidad... lo haga como una bella y pequeña luciérnaga en el campo.





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