El siglo XVI
SIGLO XVI: LAS PRIMICIAS DE LAS LETRAS VASCAS

© Aurélie Arcocha-Scarcia (UNIVERSITÉ MICHEL DE MONTAIGNE - BORDEAUX III / IKER-UMR 5478) a.arcocha@iker.cnrs.fr

© Beñat Oyharçabal (CNRS / IKER-UMR 5478) b.oyharcabal@iker.cnrs.fr
Introducción1
Los textos literarios más antiguos que se conservan en lengua vasca pertenecen principalmente2 al siglo XVI, y las características de su aparición son distintas según se trate de los territorios vascos situados en la Península Ibérica que pertenecieron a los reyes españoles (Guipúzcoa, Vizcaya, Álava, y la Alta Navarra recién conquistada), o del territorio franco-aquitano, gobernado por los reyes de Francia. Habría que tener en cuenta, además, la "Nueva Navarra" (Lafont 1970:51-52)3, reino que existió entre los reinos de Francia y España y que, a pesar de haber perdido a la Alta Navarra, se fue consolidando entre 1523, fecha en la que se reunieron los Estados de Baja Navarra para prestar juramento al rey Henri II4 y 1527, fecha en la que se casó con Marguerite d'Angoulême.
Durante el siglo XVI, se tiene noticia de unos pocos libros impresos total o parcialmente en lengua vasca. En la parte franco-aquitana, se editan cuatro libros íntegramente en lengua vasca: el Linguae Vasconum Primitiae de Etxepare (Burdeos, 1545), la traducción del Nuevo Testamento llevada a cabo por Leizarraga, Iesus Christ Gvre Iavnaren Testamentv Berria, así como la edición de los opúsculos ABC y Kalendrera, también traducciones del mismo autor y los tres impresos en La Rochelle, en 1571. En los territorios vascófonos del Rey de las Españas, se editaron tres obras bilingües, en vasco y castellano: el catecismo de Sancho de Elso titulado Doctrina Christiana y pasto espiritual del alma para los que tienen cargo de almas y para todos estados, en Castellano y Vascuence (Pamplona, 1561)5, citado por el bibliófilo sevillano Nicolás Antonio6 y también Isasti (Villasante 1961:64), y del que no se ha conservado ningún ejemplar, los Refranes y Sentencias comunes en Bascuence, declaradas en Romance con numeros sobre cada palabra, para que se entiendan las dos lenguas7 (Pamplona, 1596)8 de autor anónimo, y la traducción que el doctor Betolaça realizó del catecismo de Jerónimo de Ripalda titulada Doctrina Christiana en Romance y Basquenze (Bilbao, 1596)9.
La noticia, difundida en febrero de 2004, del descubrimiento de un manuscrito escrito hacia 1566 mayoritariamente en lengua vasca, ha abierto a su vez nuevas perspectivas filológicas y literarias que nos permitirán entender mejor los pormenores de la producción literaria en lengua vasca en el País Vasco peninsular durante la segunda mitad del siglo XVI.
El propósito de estas líneas es ofrecer una visión general contrastada de la producción literaria en lengua vasca durante el siglo XVI, centrándonos en el Linguae Vasconum Primitiae de Etxepare de 1545 (LVP). El LVP es, efectivamente, el único proyecto literario auctorial en esta lengua vernacular plasmado en un libro impreso10: este libro ha de ponserse en relación a su vez, con el gran movimiento humanístico europeo de la primera parte del siglo XVI estrechamente ligado al "acto de imprimir". Es además, el único "libro-testigo" de ese período crucial de la lengua vasca. Pero es también un "libro-huérfano". Ciertamente, llevar a cabo el plan de impresión fue para Etxepare el modo de acceder, con éxito, a la "modernidad" (Zumthor)11, pero no tuvo seguidores en todo el siglo.
Dentro de esta perspectiva, hablaremos primero de los diversos fragmentos literarios en lengua vasca. A continuación, nos centraremos brevemente en el manuscrito atribuido a Lazarraga (CDL). Y, finalmente, propondremos una nueva lectura del LVP, poniendo de relieve su materialidad: el LVP, como "libro objeto" liberado de anacronismos (Febvre). De ese modo, la visión tradicional del LVP y del posicionamiento de Etxepare se ve radicalmente renovada: emerge un libro desconocido.
I. Textos literarios fragmentarios
a) Las composiciones literarias del siglo XVI que se han conservado en la zona geográfica norpirenaica son muy escasas. Se sabe que debieron de existir más autores en lengua vasca gracias al testimonio, fiable, del historiador y poeta del siglo XVII Oihenart quien, en un manuscrito sobre el arte poético vasco, da nombres de autores antes desconocidos, tales como Jean Detchegaray, contemporáneo de Etxepare y autor de une pastorale12, es decir de una obra pastoril Arzain gorria13, que se ha perdido. Ha debido de haber también migraciones intertextuales entre el francés y el occitano en canciones. Testimonio de ello nos da, por ejemplo, un verso en lengua vasca, Zoaz zoaz ordonarequi, extraído de una canción francesa del siglo XV (o XVI). Otro tipo de producción, testigo de cierta comunicación entre personas letradas durante el reino de Jeanne de Albret, es la poesía laudatoria en lengua vasca en honor al nacimiento de su hijo Henri III (futuro Henri IV de Francia), incluida en un libro de loas multilingüe publicado en 1554. La multiplicidad de idiomas es aquí un signo de abundancia14, forma parte de la acumulación hiperbólica que subraya la majestuosidad del acontecimiento.
Mención aparte merecen varias baladas (llamadas eresiak por Oihenart)15 como El Cantar de Bereterretche (Bereterretchen Khantoria), La dama del castillo de Tardets (Atharratze jaureguiko anderia), etc.,16 relacionado por el historiador decimonónico Jaurgain con hechos ocurridos en el siglo XV y XVI respectivamente pero cuya transcripción data del siglo XIX (Chaho; Francisque-Michel, Sallaberry), lo que nos obliga a ser muy prudentes a la hora de fechar este tipo de producciones o al menos al texto como tal.
b) En la parte peninsular, aparte del ejemplar impreso incompleto de Refranes y Sentencias mencionado arriba, de las colecciones de refranes y sentencias compuestas por el cronista real y genealogista Esteban de Garibay17, de la traducción al vasco del Salmo 51 Miserere por Juan de Undiano18, de la elegía autógrafa de Juan de Amendux, conservada en el Archivo General de Navarra, el corpus literario está formado por algo más de una decena de endechas y cantares anónimos, a menudo muy fragmentarios, transcritos por cronistas guipuzcoanos y vizcaínos (Esteban de Garibay19 citado más arriba, García Fernández Cachopín y Juan Iñiguez de Ibargüen20 etc.), y de alaveses (el genealogista Lazarraga), todos ellos autores de documentos y libros en castellano. Dichos historiógrafos sitúan el origen de esos textos aislados en hechos ocurridos durante todo el siglo anterior o durante el siglo XIV.
A este corpus habría que añadir los fragmentos incluidos en obras literarias impresas en castellano tales como el Cantar de Perucho, que figura en la Tercera parte de la tragicomedia de Celestina (1536) de Gaspar Gómez.
c) Los textos literarios fragmentarios citados se integran, a su vez, en un contexto más amplio formado por fragmentos de índole lingüística existentes desde varios siglos antes del XVI, tanto en la parte cispirenaica como en la parte ibérica. El testimonio textual más antiguo en lengua vasca se encuentra entre las glosas del ms. núm. 60 de las llamadas Glosas Emilianenses, fechadas aproximadamente a mediados del siglo XI.
También existen varios documentos con palabras y expresiones vascas, onomástica e incluso etimologías (Ibargüen-Cachopín) anotadas en el Fuero General de Navarra, en documentos notariales, en cartas, y en diversos procesos.
Señalemos también el relato de Lope García de Salazar (1399-1476), Bienandanças y Fortunas, y la Crónica Ibargüen-Cachopín ya citada que contiene interesantes frases y palabras en lengua vasca explicadas en castellano.
En lo que se refiere más concretamente a los vocabularios de viajeros anteriores al siglo XVI, los hay muy breves, como el que figura en latín y vasco en la guía de ruta de un peregrino francés identificado como Aimery Picaud de Parthenay-le-Vieux (siglo XII), o como el compuesto en vasco y alto alemán en el relato del peregrino Arnold von Harff de Colonia (1496-1499). Ya en el siglo XVI, el humanista siciliano Marineo Sículo inserta también un breve vocabulario en su De rebus Hispaniae memorabilibus (1533) y en su versión castellana titulada Cosas memorables de España. Mención aparte merece el vocabulario mucho más extenso de Landucci, basado como no podía ser de otra manera en Nebrija: Dictionarium Linguae Cantabricae (1562), estudiado por L; Michelena (1958) y ahora por B. Urgell (2008).
Hay que citar también el diálogo en lengua vasca del Emperador Carlos V con un arriero recogido por Isasti, quien asegura, en unas palabras liminares, que «El Emperador Carlos Quinto de gloriosa memoria gustaba de hablar vascuence, que por temor al confesor, capellán y médico bascongados, como se nota en su lugar, o por curiosidad aprendió algunas palabras»21.
Mencionemos, para terminar, el conocido fragmento en lengua vasca que figura en la tercera edición del Pantagruel (1542) de Rabelais, al cual podríamos añadir dos oraciones litúrgicas que acabamos de descubrir en un manuscrito inédito de finales del siglo XVI escrito por el cosmógrafo A. Thévet22 (BnF, París).
Estudios ulteriores deberán replantearse la problemática de los puntos de vista vigentes acerca del corpus formado por las diversas composiciones literarias anónimas como cantares, endechas, etc. Sería conveniente, por ejemplo, volver a cuestionarse tanto acerca de sus "signos de antigüedad" como acerca de la impresión de "fragmentación" (Zink 1996) que se desprende de ellas23.
II. El manuscrito de Juan Pérez de Lazarraga
Gracias al descubrimiento de un cuaderno denominado Juan Perez Lazarragakoaren eskuizkribua (Lakarra 2004), es decir, "Manuscrito de Juan Pérez de Lazarraga", se han podido encontrar, por primera vez, testimonios concretos de la producción literaria en lengua vasca en sectores socialmente privilegiados de las provincias vascas peninsulares en la segunda mitad del siglo XVI.
Una vez que se acaben la edición paleográfica y la edición crítica del manuscrito, labor dirigida en la actualidad por Joseba Lakarra (equipo de investigación JUMI) 24, se podrá disponer de un texto filológicamente fiable, base sin la cual es imposible realizar un estudio científico y al revés: sin saber más de literatura no se podrá cerrar el texto nunca con razonamientos sólo linguísticos.
El cuaderno es incompleto y comprende 51 folios. Aparentemente, se pueden distinguir varios tipos de letra y varias manos (tres o cuatro por lo menos) de distintas épocas. Diversas referencias del propio texto parecen designar a un autor principal: Juan Pérez de Lazarraga, señor de la Torre de Larrea perteneciente al linaje conocido de los Lazarraga. Este linaje, cuyas ramas se encuentran diseminadas entre Oñate y Salvatierra-Zalduondo, «ha producido un conocido escritor, un erudito genealogista que dedicó muchos años a componer una relación genealógica de su linaje, que remató hacia 1589 y de la que existen diferentes copias en varios archivos privados. Curiosamente, este escritor es Juan Pérez de Lazarraga, Sr. De la Torre de Larrea, como él mismo reconoce en la citada relación genealógica» (Aguinagalde 2004: 3-5). La hipótesis de Aguinagalde es que el genealogista y el "poeta" autor del cuaderno manuscrito son una sola y misma persona.
Juan Pérez de Lazarraga parece haber escrito en el cuaderno por lo menos entre 1564 y 1567 (fechas que aparecen en los fol. 21, 23 y 48) 25, pero ni siquiera esto está claro26 y probablemente existen partes posteriores27.
El primer tercio del volumen lo ocupa una obra pastoril incompleta en prosa y verso. Es posible que se trate de la traducción o adaptación de alguna novela pastoril castellana. No se sabe todavía si hay alguna relación entre esa obra y el resto del cuaderno, formado por composiciones poéticas (de amor, religiosas etc.) en lengua vasca y algunas en castellano (Lakarra 2004:XII).
El manuscrito de Lazarraga constituye la prueba de que fuera de los fragmentos literarios recopilados por los cronistas y genealogistas del siglo XVI e insertados en textos castellanos, y fuera de los libros ya citados impresos total o parcialmente en lengua vasca, hubo otro tipo de producción literaria en esta lengua. Prueba de ello son, por ejemplo, las dos poesías citadas por Micoleta (1653) en el apartado titulado "Modo de la vizcayna poesia y sus versos" (Michelena (1964) 1990: 132-155), la "poesía galante vizcaína de los siglos XVI y XVII" (Sarasola 1990:87-90), y los otros dos ejemplos poéticos transcritos por Oihenart en el manuscrito Art Poétique Basque... de 1665 (Lafitte, 1967) que podemos considerar como parte de un corpus literario común a los siglos XVI y XVII.
Es una obra plenamente renacentista, como lo muestran el tipo de producción literaria, la caligrafía utilizada etc., pero no se puede equiparar con el LVP de Etxepare. El cuaderno de Lazarraga y el LVP pertenecen no sólo a dos épocas muy distintas del siglo XVI, sino también a dos geografías distintas y, sobre todo, a dos tipos distintos de producción: impreso y manuscrito. Se puede decir que son más bien dos producciones paralelas sin puente alguno entre ellas. El LVP, libro de poesías escrito en vasco, lengua vulgar no románica, sin tradición erudita y difundido a través de una imprenta locali
