JUARISTI, Felipe:
Algunos poemas
Olvido
Julio César a Marco Bruto,
Viendo un puñal en su mano:
Marco, hijo, ¿qué desearías tener
En lugar de eso que enseñas?
Marco Bruto a Julio César:
Todo el olvido que pueda regalar el mundo.
©Traducción del autor
Alma
Quise darte todo,
Pero no te di nada;
Qise darte cuerpo, entrañas,
Pero te di alma,
Aire que infla tus velas.
Huyes de mí como asustada.
Y me quedo solo.
Sin mí.
©Traducción del autor
Auschwitz
Ha cesado la lluvia.
El aire se serena.
La tierra comienza a respirar.
Tiemblan las acacias,
Sus ramas golpean el cielo.
Canta una cigarra,
Protegida entre las hojas del manzano.
Abro la ventana
Que da al cementerio.
Llega olor a quemado.
Huesos y cabellos calcinados
Han mojado el ambiente.
Me viene Auschwitz a la memoria,
Un día cualquiera
Después de la lluvia.
©Traducción del autor
Ausencia
1
Desde que tú te fuiste
Nada me asusta.
La Muerte y yo
Hablamos cara a cara
En nestro patio,
Como viejos amigos.
Y jugamos a los dados,
Sobre su larga capa.
2
Se prescinde del color
Y nace la mañana más hermosa.
Se evita el artificio, la retórica,
Y el poema se hace inmenso.
Así he surgido en tu ausencia,
De la concha del dolor,
Nuevo y desnudo.
©Traducción del autor
Jardín
Ha levantado un mundo propio en el espacio cerrado de su jardín,
A costa de su sangre y sudor, a la medida de sus pies y manos:
Un lugar donde encentra alivio y a veces reposo.
Todo lo que se desvanece entre nubes apagadas,
Más allá del muro recubierto por hojas de parra,
Le es ajeno, geografía del exilio, aire.
Las flores se marchitan con rapidez, quemadas en un color.
Los pájaros cantan la misma melodía.
Jamás conocería el mar, si no fuera por los salmones
Que gota a gota se lo traen cuando remontan el cercano río.
Pero sabe de memoria los nombres de todos los árboles
Y cuándo es su dorada época de floración.
Mirando la sombra de cada uno sabría distinguirlos.
No es suyo el tiempo cruel que vuela con alas afiladas.
Nada necesita para someterse a la vida
Y dejarse llevar, como las hojas caídas que arrastra el viento.
A veces le ataca, sin aviso alguno, un dolor profundo.
Una punzada que le revuleve las entrañas y las saca a la luz.
No es hambre, es el agrio recuerdo de un amor que perdió,
Como los claveles su olor y fragancia.
Entonces cierra los ojos y ve
A la mujer que una vez amó, desnuda:
Sus ojos son de color castaño, sus labios de fresa.
Tienen los dientes la blancura del ajo,
El cabello es como una cáscara de nuez,
Los pechos son como manzanas reales, las mejillas anaranjadas.
Lentos se le van los dedos en busca de la fruta deseada.
Luego lo guarda todo en una cesta de mimbre,
Lo recubre de hojas de albahaca,
Con el mismo cariño que si fueran los miembros
De aquella cuya presencia le adormecía el alma.
Sentado a la mesa, abre la boca como si orara,
Y enseguida está ahíto y saciado.
Extiende su cuerpo sobre la cama, relajado y tranquilo.
La prueba más dulce de amor es comer lo que se ama.
©Traducción del autor
Risa
ALEJANDRO MAGNO:
Nuestro enemigo tiene fuertes los brazos.
ARISTÓTELES:
Es cierto. Sabe dar buenos golpes.
ALEJANDRO MAGNO:
Nuestro enemigo tiene afilada la espada.
ARISTÓTELES:
Si diera lugar, te atravesaría de lado a lado.
ALEJANDRO MAGNO:
Nuestro enemigo tiene innumerables hombres a su mando.
ARISTÓTELES:
Una orden suya y te atacarán como no solo.
ALEJANDRO MAGNO:
Nuestro enemigo no ríe nunca.
ARISTOTELES:
Está perdido.
©Traducción del autor
Vida
ALCIBÍADES:
Maestro, ¿qué es la vida?
SÓCRATES:
La excepción.
ALCIBÍADES:
¿Quieres decir que no sirve de modelo?
SÓCRATES:
Quiero decir que en este país la única rutina es la muerte.
©Traducción del autor
Respuestas
¿Qué tienes corazón blando,
roto en mil pedazos, para aferrarte a la vida?
Eres bomba de aire, eres galerna,
Soplas y soplas y no se hinchan velas.
Golpeas y golpeas y no se mueven aspas de molino.
¿Qué te ata a la vida?
No se pede cruzar dos veces
El río que se amó.
Corazón esculpido en piedra,
Horadado lentamente por el agua,
¿Por qué te enfrentas al aire?
¿Por qué entras en profundidades,
en cavernas sin nombre?
Es la sombra de un recuerdo,
Que fue y no fue, y no será.
Se me acerca y me escondo.
Huyendo de mí.
©Traducción del autor
Preguntas
¿Qué son esas espigas que levanta el viento,
como si fueran la melena de la amada?
¿Qué son esas amapolas,
filtrando toda la tristeza del mundo?
¿Qué es esa uva sangrante,
sin jamás ver el mar?
¿Qué, esas duras nieves,
sonando como pianos abandonados?
¿Son acaso sus dedos
pájaros que huyen del invierno?
¿Qué son esos ocres? ¿Qué, ese gris?
Es un alma errante que va y viene,
En busca de la paz
Que sólo un profundo atardecer puede pintar.
©Traducción del autor
Geografía
He nacido en ella,
Pero casi no conozco mi tierra.
Habla mi lengua,
Pero apenas entiendo a mi pueblo.
Así es la patria,
Me mata con insistencia.
Destierro al que siempre vuelvo,
Como el enfermo a su dolor.
©Traducción del autor
Futuro
Ya vinieron los días del futuro,
Sin ruido ni furia, envueltos en silencio.
Los hijos que tendrás
Han marchado de casa, lejos.
El libro que quieres escribir
Yace en la papelera, con las hojas rotas.
En el manzano que plantarás
Andan jugando los jilgueros.
El cuerpo que amarás
Hace tiempo que envejeció,
Sin darte tú cuenta.
La paz que esperas voló,
Disfrazada de paloma.
El hombre que serás
Se pierde en el recuerdo.
©Traducción del autor
Llanto
DEMÓCRITO:
¿Por qué lloras en los funerales?
HERÁCLITO:
Porque cuando otro muere, algo nuestro también
se muere. Y tú, ¿por qué ríes?
DEMÓCRITO:
Porque cuando otro muere, es que yo estoy vivo.
©Traducción del autor
Sangre
ARISTÓTELES A ALEJANDRO MAGNO
Los hombres y mujeres que tú mataste
Gozan de muy buena slaud.
Todas las noches se te aparecen
Cuando consigues cerrar los ojos.
Llenan tu lujosa habitación
Con el amargo olor a sangre.
©Traducción del autor
Optimismo
Tomar un ascensor y esperar que llegue al cielo,
Soñar que no hay amores imposibles,
Creer que la suerte tiene dos caras, como una moneda,
Si la montaña no va a Mahoma,
Decir que Mahoma irá a la montaña,
Pensar que uno es el eje del Universo,
Comentar que el servicio militar forja hombres
Y la cárcel hace doctores,
Estar convencidos de que la fe mueve ríos,
Preguntar si son los peces más felices que nosotros,
Por eso de que viven en el mar,
Convertir a Robinsón Crusoe en el patrón de los solitarios,
Buscar en esta ciudad un tranvía llamado Deseo,
Quedarse sentado a la puerta y esperar que pase por delante el
Enemigo,
Confiar en que se devuelvan los libros prestados a los amigos.
©Traducción del autor
Guerra (Ulises)
TELÉMACO
¿Por qué estás tan triste y apesadumbrado?
ULISES
No sé, quizá?
TELÉMACO
¿No quieres volver a Ítaca?
ULISES
No, no es eso.
TELÉMACO
¿No crees que vaya a haber otra guerra de Troya?
ULISES
No habrá otro Homero que cante la mía.
©Traducción del autor
Todo en la vida es vuelo,
concierto de plumas en el bosque
cerrado;
sangre, huesos, agua, carne,
a través del aire suave y húmedo;
agujas de luz
que traspasan la piel espesa de la noche,
regocijo de estrellas pacientes y traviesas;
ir y venir delicado de nubes,
como si no quisieran importunar;
rumor de aguas salvajes,
que ignoran el sabor del exilio;
insomnio, locura, dolor, sombra,
que ignoran el valor del tiempo detenido,
preso en su espejo de fuego,
que ignoran el peso liviano del invierno,
transporte de soledades y silencio.
El ave agita el aire,
como el amante la cortina
que lo se separa del lecho.
Todo en la vida es aproximación.
Y también despedida y duelo.
©Traducción del autor
El hombre, en definitiva,
es un animal que transporta
duelo y soledades,
adonde quiera que vaya.
luego, llega a la plaza,
allí todo se compra,
pasión e ilusión,
allí se reparte
a precios populares
duelo y soledades.
Y el mundo cada vez más solo.
Y el mundo cada vez más dolido.
Y el mundo tanto menos mundo.
Y el hombre, vendedor nato.
©Traducción del autor
Quien ha amado
guarda siempre
un poco de bruma
en la mirada;
como los viejos marineros
guardan escondido
el sueño
de grandes viajes.
Así, quien regresa de la muerte
tiene los ojos infinitos:
por haberlo visto todo.
©Traducción del autor
Quiere Rembrandt pintar el infinito.
La ciudad parece que flota
sobre un mar de niebla.
La calle está sucia y cubierta de basura,
del muelle cercano llega
olor a arenque podrido,
a algas oscuras,
a madera húmeda,
a óxido y a orín.
Marineros vagabundean
y juegan su primogenitura a una carta,
la más alta de todas,
más que mástiles y torres,
más que picas y lanzas.
Huele a alcohol, a especias,
a lejanía, a extrañeza;
a mares olvidados,
a tierras abandonadas de prisa,
dejando la muerte como recuerdo;
huele a barcos desguazados
y comidos por la sal
y pequeños animales marinos.
El sol sale y se esconde,
no alumbra la ciudad
oscura, gris y sudorosa,
rodeada de agua sucia,
de hambre sucia, de fe su
Rembrandt mira y sólo ve exilio,
tiempo sin tiempo,
tiempo de penumbra,
que acecha y ataca,
tiempo de la memoria
que hiere y mata,
tiempo infinito,
tiempo cruel y baldío.
El infinito es un color
que se pierde
en la monotonía sucia
de la ciudad amada.
©Traducción del autor
Hay que contemplar a las aves
para aprender a vivir.
Hay que contemplar a las aves,
para aprender a vivir
y par ser libres;
Hay que contemplar esas naves de plumas
pequeñas y débiles,
que navegan por el cielo,
como si fuese un mar conocido,
como si fuese un mar
que no deja huella en el navegante,
como si fuese un mar
que no se apropia
de formas ajenas.
Pero es todo tan lejano
y tan ajeno,
como el correr de las nubes
que van y vienen,
sin jamás parar.
Quizá la vida
es muy simple,
baile de alas,
concierto de nubes,
quietud de los espectadores,
que no saben
cómo gozar de la fiesta.
Porque los seres tenemos
corazón de arcilla,
ojos de arcilla,
manos de arcilla,
caemos y nos quebramos,
y quedamos extendidos
como madera podrido
en el prado,
servimos para abonar la tierra,
estamos lejos del aire
y de las aves.
Hay que contemplar a las aves,
marchar ligeras sobre el cielo,
sin miedo ni temor,
para saber lo que somos.
©Traducción del autor
La anciana vive sola.
Todas las noches se acuesta asustada,
temiendo que una vez dormida
no vuelva a despertarse.
Por ello deja la radio encendida
en la mesilla de noche
cercana a su cama de viuda.
Se acuesta bajo las mantas
y hace la señal de la cruz,
cierra los ojos
y se prepara para dormir.
Le llegan voces de hombres
que discuten acaloradamente
sobre ciertas mariposas azules
encontradas en Tasmania.
Escucha una música blanda,
que cuenta una historia
de amantes fríos y hoscos
que se encuentran y se pierden
en ruinosos hoteles azules.
Oye la pálida voz de una mujer
dedicando oraciones azules
a una virgen azul cobalto.
En la mañana azulada,
cuando los pájaros cantan,
la despierta un suspiro,
la caricia cálida de una palabra.
Vuelve la sonrisa
a sus pequeños labios.
Un día más regalado a la vida.
La palabra cura los miedos.
©Traducción del autor
